La Pastoral Vocacional de la Arquidiócesis de Buenos Aires convocó a los jóvenes de la ciudad a celebrar la Vigilia del Buen Pastor: una noche de compartida, testimonios y oración para pedir por todas las vocaciones. Bajo el lema «Animado por la esperanza», los jóvenes de las parroquias porteñas reflexionaron y rezaron por el llamado personal que hace Dios a cada uno de ellos
Noche de encuentro y oración
La tarde se volvía noche cuando los jóvenes de las parroquias de la ciudad iban llegando al Instituto Sagrado Corazón para comenzar la celebración de la Vigilia. El salón que los recibía pronto quedó chico para los más de 300 jóvenes que se acercaron.
El equipo de la Pastoral Vocacional dio la bienvenida a todos los participantes y presentó el lema: «Animado por la esperanza», inspirado en el motivo del año jubilar que la Iglesia celebra en este año. En memoria del Papa Francisco, quien convocó a este Jubileo, la noche comenzó recordando algunas de sus invitaciones: Dios siempre llama, seguir a Jesús da paz, siempre hay que soñar en grande.
Cata Gardey, una joven de la ciudad, compartió su testimonio de vocación laica. «La felicidad real no es la que ofrece este mundo, sino la que ofrece Dios. La vocación también se entiende desde esa lógica«, dijo Cata, quien manifestó sentirse llamada a ser laica, a vivir y estar en este mundo donde parece que Dios no está, y dar testimonio de Jesús, a veces sin palabras.
La vocación: un llamado personal
La actividad continuó en la capilla. Allí un matrimonio joven compartió su camino de noviazgo y la decisión de unirse en matrimonio hasta el fin de sus días. El corazón guardaba una inquietud: «¿Cómo te sirvo, Jesús?«. Y al mismo tiempo había una certeza, Dios les tenía preparado algo bueno. Poco a poco, se fueron conociendo y madurando su relación. «La vocación es algo diario que hay que cuidarlo y trabajarlo«, advirtieron.
Pachu, una joven novicia de las hermanas de Don Orione también compartió su historia de discernimiento y vocación. Al comienzo de su búsqueda hacía muchas actividades de servicio en la Iglesia, «mucho hacer, un servicio desmedido. Un hacer por hacer«. Sin embargo, se sentía vacía. No fue hasta que soltó el control y se animó a ir al encuentro de la novedad que la búsqueda comenzó a fluir. «Ahí lo conocí a Jesús«, aseguró.
Pedro Ravarotto, un sacerdote ordenado recientemente compartió que encontró su vocación en la oración y la misión. En el camino de búsqueda del llamado de Dios, descubrió que «tu vida no tiene una misión, tu vida es una misión«. En el sacerdocio encontró lo que buscaba: «el cura es testigo de esperanza. Jesús te invita a estar en la primera fila de su obra; vos no hacés nada, lo hace Jesús«, dijo.
Unidos en oración por las vocaciones
El silenció tomó el protagonismo de a capilla al entrar la custodia con Cristo Eucaristía. Entonces el coro acompañó el momento de oración. «Vale la pena jugarse por Él«, rezaban las canciones. Los más de 300 jóvenes, con los ojos prendados de Jesús, se unían en la oración por una pregunta: «Jesús, ¿cuál es tu sueño para mí, cómo te puedo servir«.
Así concluyó la Vigilia del Buen Pastor, con la alegría del encuentro y la paz en el corazón de haber estado unidos a Jesús. Poco a poco, las comunidades fueron regresando a sus hogares, con una tarea: animarse a escuchar y responder al llamado que Dios hace a cada uno en particular.