El lunes 8 de septiembre se realizó el Jubileo de la Vida Consagrada de la arquidiócesis de Buenos Aires en la Catedral Metropolitana. Desde las 18 hs se dio lugar a un momento de oración y adoración Eucarística y a las 19 hs se llevó adelante la Santa Misa que estuvo presidida por Mons. García Cuerva.
Ante una multitud de consagradas, consagrados que se acercaron a la Catedral y en el día de la natividad de la Virgen María, el arzobispo a la luz de la palabra, expresó: “Lo primero que quería proponer es que pensemos ¿Cómo llegamos? Si realmente estamos con una actitud para celebrar la vida, para celebrar el cumpleaños de María. Si realmente nuestro corazón de consagrados es un corazón de fiestas” y agregó: “Creo que todos sabemos el montón de motivos que podemos tener para apagar la alegría, para apagar la fiesta en nuestro corazón”.
San José, el gran soñador
“Hoy, invitados al cumpleaños de María, tenemos que poner una vez más lo mejor de nosotros. Celebrando hoy el día de la vida consagrada, poder recuperar el primer amor, y quien nos puede dar una pista es San José” expresó y añadió: “Este hombre, que digo yo, el soñador con los pies en la tierra. El Evangelio de Mateo relata cuatro sueños de José; creo que hoy nos puede dar la pista para nosotros participar, celebrar y hacer fiesta en el cumpleaños de la Virgen”.
Luego dijo: “Para tener sueños hay que tener primero, un profundo deseo: tenés que buscar los deseos más profundos y la voz de Dios en el fondo de tu corazón. Dedicarles tiempo a buscar qué es lo que Dios quiere en lo profundo de tu corazón. No mates esos deseos, no mates esos anhelos, porque en ellos está la voz de Dios” les dijo a los presentes. También reflexionó: “Tiene que haber en los sueños, imaginación: Y para tener imaginación tenemos que tener la cabeza abierta, el corazón abierto. Volver a imaginar como cuando éramos chicos, dejar que la vida nos vuelva a sorprender una y mil veces”.
La esperanza es Jesús: cumple sus promesas
“Y junto con la imaginación y junto con los deseos profundos, la esperanza. La esperanza de saber que nuestra vida radica en las promesas de Dios, que se cumplen, que no nos abandona. Él es nuestra esperanza” dijo e invitó: “Quería invitarlos una vez más a recuperar la capacidad de celebrar la vida. De pensar que todos los días estamos invitados al cumpleaños de María. Y que entonces tenemos que poner lo mejor de nosotros. Dejar de lado la queja, la mala onda. Dejar de lado ese espíritu tristón que a veces nos fue ganando por las dificultades”.
“Seguir soñando y volver al primer amor. Buscar y preguntarnos cuál es ese deseo profundo que Dios tiene para mí. Podrán pasar los años, pero lo que no nos podemos permitir es que nos gane el quietismo espiritual o la pachorra de la alma. De corazón tenemos que ser siempre jóvenes. Por eso, siempre Dios va a poner deseos en nuestro corazón” recalcó el arzobispo.
Para concluir subrayó: “Ojalá que en el corazón de cada consagrado siempre haya un soñador, que siempre haya alguien con deseos profundos, con mucha imaginación y también con esperanza para que entonces, invitados al cumpleaños de María, nuestra consagración siempre sea fiel”.