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Homilía Mons. García Cuerva Solemnidad Ascensión del Señor

por prensa_admin

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     28, 16-20

Después de la resurrección del Señor, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de Él; sin embargo, algunos todavía dudaron.

Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que Yo les he mandado. Y Yo estaré siempre con ustedes todos los días hasta el fin del mundo».

Palabra del Señor.


Homilía Mons. García Cuerva Solemnidad Ascensión del Señor  

Nos dice la primera lectura de hoy que una nube lo ocultó de la vista de ellos. Cuando Jesús asciende al cielo, los discípulos quedan mirando al cielo y nos dice que una nube lo ocultó de su vista. Y me parece interesante esta imagen de que la nube lo ocultó, porque Jesús no desaparece, no escapa de nosotros, no huye despavorido del mundo. No es que se va para siempre. 

La imagen de la nube que lo ocultó nos hace entender que sigue estando, pero de otra manera. Y por eso, creo que esta Solemnidad de la Ascensión del Señor nos tiene que ayudar a todos a descubrir la nueva presencia de Jesús entre nosotros. La nueva presencia del Señor en la Eucaristía, la nueva presencia del Señor en los más pobres, en el rostro sufriente de los crucificados de hoy. La nueva presencia del Señor en la comunidad, la nueva presencia de Dios en los signos de esperanza en la realidad cotidiana.

Por eso, la pregunta que se les hace a aquellos discípulos y que también se nos hace a nosotros: “¿Por qué siguen mirando al cielo?” Porque es la tentación imaginarnos que Dios se fue definitivamente de nosotros, que Jesús asciende al cielo ya para no volver. Y no podemos olvidarnos, entonces, de las palabras que nos dijo el domingo pasado, cuando insistía: “No los dejaré huérfanos”. No los dejaré huérfanos significa, estoy con ustedes, de alguna manera estoy, de otra manera estoy y habrá que aprender a descubrirlo. 

Por eso, San Pablo, en la segunda lectura a los efesios, comienza diciendo: “El Dios de nuestro Señor Jesucristo les concede un Espíritu de sabiduría y de entendimiento”. Pidamos al Señor, entonces, ese espíritu de sabiduría y de entendimiento para poder encontrarnos con Jesús. Es un espíritu tan necesario para descubrir a Jesús entre nosotros, porque después también en el Evangelio y hacia el final dirá que estará: “Siempre con nosotros, que estará todos los días hasta el fin del mundo”. Y sabemos que Jesús no miente. Jesús no está en una campaña preelectoral y nos dice cosas que nos suenen bien a los oídos, pero que después no cumple. Por lo tanto, si nos dice que realmente va a estar todos los días con nosotros hasta el fin del mundo, eso es verdad. 

Pidamos, como primera intención de la Misa de hoy, entonces, que el Señor, en palabras de Pablo, nos conceda ese espíritu de sabiduría y de entendimiento para descubrir la nueva presencia del Señor entre nosotros, y dejar de buscarlo en las alturas, creyendo que Dios se desentiende definitivamente de nosotros.

El domingo pasado recordaba una escena cuasi bizarra, muy ridícula, pero que sucedió en nuestra historia. En el año 1918, en enero de aquel año, en la Unión Soviética se le hizo un juicio a Dios, y en ese juicio que se le hizo a Dios, poniendo una biblia como que representaba a Dios, se lo condenó a muerte. Y entonces, al otro día, cincuenta soldados se juntaron en la Plaza Roja y dispararon al cielo, una manera simbólica de matar a Dios. Y fíjense cómo estaba esa idea de que Dios estaba en las alturas, pero no lo mataron a Dios claramente porque Dios sigue presente entre nosotros. Aunque a veces, como también resaltaba el domingo pasado, queremos sacarlo de nuestra vida, queremos sacarlo de nuestra sociedad, queremos que los valores del Evangelio no se vivan entre nosotros. 

Después pensaba también algo que nos dice la oración colecta. La oración colecta es la oración que rezamos inmediatamente antes de las lecturas. Hay dos opciones de oraciones colectas, pero las dos tienen más o menos la misma idea. La primera de ellas dice: “Nuestra humanidad es elevada junto a Ti”, “Nuestra humanidad es elevada junto a Ti”. Y la otra versión de la oración correcta de hoy dice: “Que podamos vivir espiritualmente en el cielo”. De alguna manera, dice de dos maneras lo mismo, nuestra humanidad es elevada junto a Ti, y que podamos vivir espiritualmente en el cielo.

Es decir, la Ascensión del Señor, la solemnidad que celebramos hoy, nos hace ciudadanos del cielo. Nos hace ciudadanos del cielo, pero con los pies en la tierra, porque al mismo tiempo que nos hace ciudadanos del cielo, porque pedimos que podamos vivir espiritualmente en el cielo y que nuestra humanidad sea elevada junto al Señor, también Él nos envía a ser sus testigos hasta los confines de la tierra. Nos envía a anunciarlo con nuestras palabras y obras en el aquí y ahora. Por eso, esas palabras, “¿Por qué siguen mirando al cielo?” Porque es ahora, es en la realidad cotidiana. Es aquí donde, como ciudadanos del cielo, igualmente tenemos que comprometernos y anunciar el Evangelio. 

Estamos en este fin de semana celebrando también la Jornada Mundial de las Comunicaciones. Y entonces pensaba que podríamos hacer un paralelismo entre esta condición de ciudadanos del cielo y, al mismo tiempo, la jornada mundial de las comunicaciones. Y preguntarnos, como cristianos, testigos de Jesús, ¿Cómo nos comunicamos? Si realmente vivimos los valores del Evangelio en la comunicación, en los vínculos, o si somos terroristas de las redes, como nos decía el Papa Francisco. 

¿Somos realmente ciudadanos del cielo que intentamos trabajar y reforzar el diálogo, reforzar la fraternidad, el respeto por las ideas distintas? O ¿Somos ciudadanos del chusmerio, del odio, ciudadanos de la descalificación y de la intolerancia? ¿Somos ciudadanos del cielo comprometidos en seguir forjando el respeto, la opción por los más pobres y el trato cordial entre nosotros? O ¿En realidad nos hemos convertido en difamadores seriales que dicen cualquier cosa de los demás y que no respetan la diversidad?

En este tema de comunicación como en cualquier otro, claramente podemos revisar en qué consiste esto de ser ciudadanos del cielo por esta Solemnidad de la Ascensión. Somos, evidentemente, testigos de Jesús, lo tenemos que ser en la realidad cotidiana, viviendo los valores del Evangelio y teniendo claro aquello que nos decía la pregunta de la primera lectura: “¿Por qué siguen mirando al cielo?”.

Somos ciudadanos del cielo, pero con los pies en la tierra. Por eso, esta Solemnidad nos compromete a cada uno de nosotros a hacer presente a Jesús en la realidad cotidiana. Porque Él no se fue, porque Él sigue entre nosotros, y estamos llamados a descubrir su nueva presencia.

Termino con una poesía, oración, que se llama “La Ascensión” del padre José María Rodríguez Olaizola.

Magdalena luchó por retenerte.

Los de Emaús alargaron la velada.

Tomás quiso tocar para creerlo.

Pedro ya no sabía de heroísmos.

Eran supervivientes de un naufragio.

Vagabundos buscando su destino.

Regresó la alegría a cuentagotas.

Comían de tu pan y tu palabra.

Pensaron que esta vez, resucitado,

al fin te mostrarías para todos.

Que no habría lugar para la duda.

Que serías un Dios más evidente.

Y de nuevo elegiste otro camino.

Te marchaste, dejando que el silencio

lo llenase una historia compartida.

Les pediste que fueran tus testigos.

Los enviaste cargados de ilusiones

a gritar que el amor había vencido.

Encontraron talentos que ignoraban,

disiparon tinieblas en tu nombre.

Devolvieron el color a la grisura.

Poblaron de esperanza el horizonte.

Descubrieron señales que mostraban

que tu ausencia es un modo de quedarte.

Te vas para volver, eso prometes.

Y nunca dejaremos de esperarte. 

Amén. 

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