Portada » Homilía Mons. García Cuerva XXIII Domingo de Tiempo Ordinario

Homilía Mons. García Cuerva XXIII Domingo de Tiempo Ordinario

por prensa_admin

 Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     14, 25-33

    Junto con Jesús iba un gran gentío, y Él, dándose vuelta, les dijo: Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.
    ¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: «Este comenzó a edificar y no pudo terminar».
    ¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil? Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz. De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.

Palabra del Señor.


Homilía Mons. García Cuerva XXIII Domingo Tiempo Ordinario 

Venimos de los últimos domingos, en los cuales Jesús, en el Evangelio, nos habló de la puerta estrecha por la que teníamos que pasar. Y entonces nos planteaba cómo tener un equipaje liviano como para poder pasar por esa puerta estrecha y ver qué era lo que cargábamos en el corazón, ver cuáles eran esas mochilas pesadas de las que teníamos que desprendernos. 

Venimos también del Evangelio del domingo pasado, en el cual Jesús nos invita a vivir la virtud de la humildad. Y parece que entonces nos fue preparando para poder decirnos hoy fuertemente cuáles son las exigencias que tiene para con los discípulos de Él. Ser discípulo de Jesús es una misión importante, es casi una decisión de vida. Vivimos en una sociedad que pasó, dicen algunos pensadores, de una sociedad de creencias a una sociedad de opiniones. Seguir a Jesús no es una opinión. Seguir a Jesús es una decisión de vida y, por lo tanto, Jesús plantea hoy algunas exigencias muy fuertes. 

Nos dice al comienzo el Evangelio de San Lucas que con Jesús iba un gran gentío. Tenemos que imaginarnos que Jesús iba rodeado de mucha gente, pero parecería que a Él no lo engolosinan los números, no le interesa mucho el rating. Casi que su discurso de hoy es un discurso que es una anti campaña electoral, porque va a plantear, como dije, exigencias fuertes para quienes quieran ser discípulos. 

En primer lugar, Jesús habla de la familia y nos dice que el que no lo ame más a Él que a su padre y a su madre, a su mujer, a sus hijos, no puede ser su discípulo. Y uno dirá inmediatamente: “Pero Jesús, yo entendí que teníamos que amar a nuestra familia y teníamos que honrar a padre y madre”. Sí, por supuesto. En realidad, el amor para Jesús es un amor que es exclusivamente para Él como Hijo de Dios. Lo que no tenemos que confundir son los amores, como a veces pasan en algunas familias en el que hay casi que competencia de amores entre los hijos, ¿A quién querés más? O cuando hay competencia entre la nuera y la suegra por el amor del hijo, y en realidad son amores distintos, una cosa es el amor de esposa y otra cosa es el amor de padre.

Creo que lo que Jesús hoy pide es un amor exclusivo que es para Él como hijo de Dios. No nos pide que dejemos de lado el amor a nuestros seres queridos, pero también lo que nos pide es que no solamente pensemos en mi familia: en mi padre, en mi madre, en mis hijos, sino que podamos tomar consciencia de la familia grande de la que somos parte todos. La familia grande de la sociedad, todos hijos de Dios, y por eso rezamos el Padre nuestro reconociéndonos hermanos, no sólo preocuparme por aquellos con los que afectivamente tengo un vínculo fuerte, sino tomar conciencia también que soy responsable del destino y de la vida de todos mis hermanos, incluso de aquellos que no conozco, pero con los cuales a veces nos cruzamos en la calle, y su dolor lo tenemos que hacer propio. Sus lágrimas las tenemos que hacer propias, sus esperanzas las tenemos que hacer propias. 

En segundo lugar, junto con esta exigencia del amor a Jesús, más que al padre y a la madre como dijimos, está la exigencia de cargar la propia Cruz. “Quien no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo”. Y aquí el Señor lo que nos plantea es que, al seguirlo, seguramente no podremos evitar problemas, no podremos evitar riesgos, no podremos evitar incomprensiones, seguir a Jesús también tiene consecuencias. 

Hoy la segunda lectura nos habla de Pablo, anciano y preso en Roma. Y sabremos que va a ser decapitado, entregará su vida en el martirio. Ser discípulo de Jesús tiene consecuencias, generará muchas veces, como dije; incomprensión, dificultades, riesgos. Alguna vez recuerdo hablando con un amigo y diciendo lo difícil que era seguir a Jesús, él me dijo: “Lo que llevamos colgado en el pecho todos en general, en una cadenita, es una cruz, no llevamos una reposera”. Por lo tanto, es tomar conciencia una vez más de lo que significa seriamente el seguirlo al Señor. Asumiendo todos los riesgos, todas las problemáticas, todas las consecuencias de vivir coherentemente el Evangelio. 

Y en tercer lugar, plantea también el Señor como exigencia renunciar a todo lo que poseemos, y en realidad tiene que ver esto una vez más con proponernos ser livianos de equipaje. Con volver a recordar que a veces se nos va la vida detrás de los bienes materiales, se nos va la vida detrás de ese dios con minúscula, pero que lo hemos puesto en los altares que es el dinero, y que muchas veces lo único que genera es profunda injusticia, grandes exclusiones y, por supuesto, también rompe la fraternidad. 

Darle a los bienes el lugar que corresponde y volver a descubrir el valor de la solidaridad y de la generosidad. Hemos aprendido, seguramente en la pandemia, aunque a veces nos cuesta vivirlo, que las cosas más importantes de la vida no tienen precio. Cuánto vale la amistad, cuánto vale la salud, cuánto valen los seres queridos, cuánto vale el perdón. Lo más importante en la vida no tiene precio y entonces creo que es bueno volver a recordarlo. Y cuando el Señor nos pide que renunciemos a los bienes, nos pide también que a cada cosa le demos la dimensión que corresponde.

Para poder seguir esas exigencias, plantea Jesús dos ejemplos: el que construye una torre y también plantea el que va a hacer una guerra. Y en ambos casos dice que “Primero hay que sentarse a calcular los gastos” respecto a la construcción de la torre, y que “Primero hay que sentarse a considerar si con diez mil hombres podremos vencer al que viene con más”. Sentarse antes a pensar, a calcular, sentarse antes a considerar. 

Creo que nos falta también como actitud, en todos los ámbitos de la vida, sentarnos a pensar. Darnos el tiempo para reflexionar, no dejarnos llevar por los impulsos, como nos dicen pensar antes de actuar, contar hasta diez por lo menos. Creo que al mismo tiempo lo que también nos falta es pensar con otros, consensuar, poder sentarnos a una mesa a buscar acuerdos, y eso también es una hermosa oportunidad para el diálogo. Y por supuesto, también darnos tiempo para sentarnos y rezar, y meditar con la palabra de Dios en este mes de septiembre, mes de la Biblia. Darnos el tiempo. 

Poder, como nos decía Jesús ahí, quien no se sienta primero a calcular, quien no se sienta antes a considerar. Bueno, nosotros también nos queremos sentar a pensar, queremos tomarnos el tiempo, no dejarnos ganar por la ansiedad, a la que siempre defino como esa enfermedad contemporánea que cascotea la esperanza. Poder pensar con otros, darnos el tiempo para el diálogo y buscar acuerdos y consensos. Y por supuesto, darle también espacio a la oración. Poder desterrar de nuestra vida el acelere, la ansiedad, el apuro, el activismo. 

Creo que también es importante poder ir un poquito a la segunda lectura, porque en la segunda lectura nos habla de las consecuencias que tiene ser discípulo de Jesús. Por un lado, Pablo, que asumió la Cruz con todas sus consecuencias y por eso termina preso en la cárcel en Roma. Pero al mismo tiempo, en un tiempo en el que la esclavitud era totalmente aceptada como forma de vida en la sociedad, en esta Lectura de la carta a Filemón, Pablo da la cara por un esclavo, por Onésimo. Onésimo se había escapado, era el esclavo de Filemón, y se había escapado a Roma y entonces estaba allí con Pablo. Y Pablo intercede, por Onésimo. Intercede y ya no lo llama esclavo, sino que lo reconoce como una persona. Él lo trata como hijo, lo trata como una parte de sí mismo, y le pide a Filemón que lo reciba como un hermano querido, que lo reciba como si fuese el mismo Pablo. 

Casi diría que es revolucionario las consecuencias a las que lleva el ser discípulo de Jesús esta actitud de Pablo. En un mundo en el que el consenso era que la esclavitud estaba totalmente aceptada, él da la cara por Onésimo. Si Onésimo volvía, seguramente estaba condenado a muerte porque se había fugado. Sin embargo, Pablo lo trata como hermano. Pablo lo trata como hijo. Pablo lo trata como una parte de sí mismo y le pide a Filemón que lo reciba de la misma manera, como un hermano querido. De eso se trata ser discípulo en la vida cotidiana, de vivir los valores del Evangelio con todas sus consecuencias. Como este ejemplo que nos relata hoy esta Segunda Lectura, que es esta carta tan breve que dirige Pablo a Filemón, pero que es tan fuerte, porque nos habla de un ejemplo concreto de cómo vivir el Evangelio y ser discípulos.

Hay un texto del Papa León XIV que fue del 6 de julio en el Ángelus donde nos insiste con lo que significa ser discípulo de Jesús. Allí el Papa León dice: “Queridos hermanos y hermanas la Iglesia y el mundo no necesita personas que cumplen con sus deberes religiosos mostrando su Fe como una etiqueta exterior; necesitan, en cambio, obreros deseosos de trabajar en el campo de la misión, discípulos enamorados que den testimonio del Reino de Dios donde quiera que se encuentren. Quizás no falten “cristianos de ocasión” que de vez en cuando dan cabida a algún buen sentimiento religioso o participan en algún evento; pero son pocos los que están dispuestos a trabajar cada día en el campo de Dios, cultivando en su corazón la semilla del Evangelio para luego llevarla a la vida cotidiana, a la familia, a los lugares de trabajo y de estudio, a los diversos entornos sociales y a quienes se encuentran en necesidad”. 

Palabras importantes del Papa León en este Ángelus del 6 de julio pasado en el cual vuelve a plantear ya de otra manera lo que significa ser discípulo de Jesús. Vivir coherentemente el Evangelio en todos los ámbitos de la vida donde nos toque enamorados de Cristo y no siendo cristianos de ocasión. Pidamos entonces, hoy a Dios, todos juntos poder sentir este llamado de Jesús en el evangelio a vivir las exigencias del discipulado. A tener un corazón grande amplio que piensa en la familia grande que somos como sociedad, que podamos al mismo tiempo cargar la cruz y saber que vivir el Evangelio tiene sus consecuencias y al mismo tiempo que podamos ser desprendidos, solidarios, generosos. Que podamos igual que Jesús no dejarnos engolosinar por los números hoy al Señor los sigue una muchedumbre grande sin embargo él con su discurso es coherente como dije tiene palabras anti campaña electoral porque son palabras que a muchos les resultarán duras y entonces lo van a dejar. 

Y que, igual que Pablo, podamos nosotros también en la vida concreta vivir el Evangelio. Él lo vive en la cárcel dando la cara por un esclavo al que trata como hermano que ojalá nosotros también como discípulos del Señor a todas las personas sin discriminación las podamos tratar como hermanos porque en definitiva somos hijos del mismo Padre que nos hace familia. Amén

Banner antes del título

También te interesará

Dejar comentario

Holaaaaa