Portada » Homilía Mons. Jorge García Cuerva – XVI Domingo Tiempo Ordinario 

Homilía Mons. Jorge García Cuerva – XVI Domingo Tiempo Ordinario 

por prensa_admin

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos     6, 30-34

    Al regresar de su misión, los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

    Él les dijo: «Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco». Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer. Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.

    Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.

Palabra del Señor.


Homilía Mons. Jorge García Cuerva – XVI Domingo Tiempo Ordinario 

Nos dice Jesús hoy en el evangelio “Vengan ustedes a un lugar desierto para descansar un poco” y pensaba entonces en este contexto también de las vacaciones de invierno la necesidad que podemos tener a mitad de año de descansar un poco. 

Descansar si uno lo busca en el diccionario es reparar las fuerzas, descansar en sosegarse, es relajarse, descansar es recuperarse. Pero también descansar es tener alivio en las preocupaciones. Y por eso, creo que hay distintos cansancios que podemos tener a mitad de año que pueden necesitar de descanso para repararnos en las fuerzas, pueden tener descanso para tener alivio en las preocupaciones, entonces creo que es muy positivo que podamos decir “¿Cuál es el cansancio que yo tengo? Porque hoy Jesús me dice “Vengan ustedes a descansar un poco”. 

Bueno, ¿De que tengo que descansar? Algunos, especialmente los más trabajadores podrán decir que tienen una cansancio físico, un cansancio físico que entonces lo necesita es de más horas de sueño; Por eso cuando llegan las vacaciones uno las cosas que piensa es “No voy a usar el despertador” y el dormir un poco más me recupera porque lo que tenía era un cansancio físico. 

El problema es cuando el cansancio es de otro tipo. Como por ejemplo es un agobio, el estar agobiados, el estar agobiados es un cansancio ligado a las preocupaciones, es un cansancio ligado a la ansiedad, una de las más difundidas enfermedades de la modernidad, el agobio es una enfermedad como cansancio ligada a la tristeza. De alguna manera es como algo que nos aprisiona el alma. Nos aprisiona el pecho. 

Y por eso, este segundo cansancio, el del agobio, no se cura durmiendo porque uno puede dormir muchas horas pero el agobio que es ese cansancio de las preocupaciones, de la ansiedad y de la tristeza sigue en nuestra vida. 

Quizá lo que tengamos es otro tipo de cansancio que se llama el hartazgo. Cuando uno dice “Estoy harto” el hartazgo está ligado en general al enojo y al aburrimiento. Uno está cansado de hartazgo. Está harto. Y eso tiene que ver con que estoy aburrido, con que no doy más o tiene que ver también con el enojo y con la rutina. 

Y fíjense que van varios cansancios distintos y cada persona que nos está siguiendo por la televisión, por la radio podrá decir: “¿Cuál es mi cansancio? ¿Acaso tengo cansancio físico? Que se resuelve durmiendo, el cansancio propio de los trabajadores. ¿Acaso tengo el cansancio del agobio? Tengo un montón de preocupaciones de ansiedad y de tristeza que siento que me aprisionan el pecho. ¿Acaso lo que tengo es el cansancio del hartazgo? Y estoy molesto, enojado, aburrido. O también, puedo tener un cansancio espiritual, un cansancio espiritual que es sentir que estoy cansado de Dios. Porque no lo siento porque creo que me abandonó y es lo que se llama comúnmente la “acedía” un cansancio espiritual. 

Creo que es importante que cada uno pueda decir ¿Cuál es el cansancio que yo tengo? Porque hoy Jesús te dice: “Vengan ustedes a descansar un poco”. Poder en este tiempo de vacaciones de invierno que, quizás alguno tiene la suerte, de poder tener unos días de descanso. Lo tienen los chicos, pero pienso en sus madres, pienso en sus abuelos, lo que significa tener a los chicos todo el día en casa. Ahí sí que no hay vacaciones, sin embargo, creo que es lindo que podamos escuchar todos en el corazón “Vení a descansar un poco”. 

Señor necesitamos de vos, que podamos sentir la caricia de Dios en el corazón. Que si lo que necesito es descansar porque tengo mucho esfuerzo físico me pueda regalar algunas horas más de sueño. Que si lo que tengo es mucho agobio, por ansiedad y por preocupaciones, que pueda buscar con quien hablarlo. 

Poder contarle a Jesús en mi oración personal todo lo que me pasa. Pero también poder contárselo a otro para que me ayude a sobrellevar la carga de este segundo cansancio del agobio. Si lo que estoy es harto, porque estoy enojado, que también busque la oración para poder compartirle a Jesús mis enojos porque cuando uno está enojado y no lo habla con nadie es como un olla a presión y después explotamos mal y, a veces, terminamos enojandonos con quien no corresponde o con quien no tiene la culpa. 

Quizás lo que siento es que Dios me dejó, siento este cansancio del abandono de Dios. Por favor, buscalo, dale un tiempito a la oración personal, entra a alguna iglesia de la ciudad y sentate un rato y miralo a Jesús en la cruz, que desde la cruz te dice cuánto te ama.  “Vengan ustedes a descansar un poco” que ese sea el estribillo, esa sea la letanía, que podamos escuchar en estos días porque es el mismo señor, que sabe de nuestras ansiedades y preocupaciones. Es el mismo señor que sabe de nuestras tristezas, el mismo señor que sabe del hartazgo y del enojo que tengo. Entonces, quiere que le de un lugar en mi corazón para tratar de desahogarme. 

Termino con una reflexión que encontré que se llama “El laberinto de la desolación” y me pareció lindo para compartir con todos. Dice así: “Hay momentos en que no podes más, el mundo se te cae encima, te faltan las palabras o te sobran. La confianza se resquebraja, tus planes no salen o ni siquiera haces planes porque se han acabado los motivos. Hay momentos en que la fe tiene todo de duda y nada de certeza, son días de bruma, días nublados. Queres rendirte, te preguntas ¿Dónde extraviaste el camino? ¿Dónde dejaste de ver señales? ¿Por qué hemos terminado a oscuras?. El laberinto de la desolación es de los más duros porque cuando estás así no encuentras salida y ahí hay una trampa porque en ocasiones la salida está muy lejos, no podes forzar los pasos, ni buscar atajos atravesando muros. Tenes que aceptar la búsqueda más lenta de un camino, aprender a resistir descubriendo que eres más fuerte de lo que pensas. Ahí está la clave, en aceptar. La salida del laberinto de la desolación tiene muchos nombres. Resistencia en aquello de lo que estás convencido, paciencia aprendiendo a ser dueño del tiempo, lucidez para descifrar motivos y ver si hay que hacer cambios y confianza en uno mismo, más fuerte de lo que pensas. En los otros para compartir con ellos todo lo que cargamos y en Dios que, hasta cuando calla, está. 

Seguramente muchos vivimos esta experiencia de desolación y de cansancio profundo del alma, como nos dice esta reflexión el padre Olaizola “Dios, que a veces calla, no deja de estar con nosotros” abramos el corazón y escuchemos que una vez más nos dice “Vengan ustedes a descansar un poco”. Amén. 

Banner antes del título

También te interesará

Dejar comentario

Holaaaaa