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Protagonismo laical, una prioridad en la comunión sinodal

por Justina Kleine

¿Qué sueña Dios para la Iglesia de Buenos Aires? Esta ha sido una de las preguntas que resonó en la Asamblea del Sínodo Arquidiocesano, una de esas preguntas que nunca termina de tener una respuesta concreta y concluyente, pero que invita a seguir reflexionando.

Es posible profundizar el análisis al pensar esta pregunta por partes:
– ¿Qué o quiénes son la Iglesia? Toda persona comienza a ser, desde su Bautismo, hijo de Dios y miembro de la Iglesia.
– ¿Cómo está la Iglesia en Buenos Aires? La Iglesia se hace presente en la ciudad de Buenos Aires, en cada plaza, oficina, colegio, comunidad, barrio y sector por donde pise un bautizado.
– ¿Qué sueña Dios? El mayor sueño de Dios es la salvación y la felicidad del mundo entero, de la cual hace partícipe a su Iglesia.

A la luz del Evangelio de la Visitación (Lc. 1, 39-56) se descubre en María un gran ejemplo para un atisbo de respuesta a la pregunta sobre el sueño de Dios para la Iglesia de Buenos Aires: María era una joven humilde, sencilla y laica, llamada a llevar a Jesús en y con su propia vida.

Como María, el mayor porcentaje de los varones y mujeres de la Iglesia son laicos: personas que, por el bautismo, son «sarmientos de la verdadera vid» y, al mismo tiempo, obreros llamados a trabajar en la viña del Señor.

Los laicos son el instrumento de Dios para ser signo y fuente de esperanza y amor en cada sector, espacio y rincón del mundo,- y de la Ciudad de Buenos Aires -, una tarea original e irremplazable que fue confiada a los hombres que no pertenecen al orden sagrado ni han sido llamados a la vida religiosa.

El sueño de Dios no hace diferencias entre laicos, sacerdotes o religiosos en su llamado a la misión como Iglesia. Por eso, la invitación a los laicos se repite una y otra vez, recordando que son protagonistas activos en el plan de Dios.

Sólo se requiere un modo renovado de SER y de ACTUAR para que cualquier laico pueda aportar con su escucha, participación y conversión pastoral – propia y de otros -, en el gran sueño de Dios.

La Ciudad de Buenos Aires muestra una gran sed y necesidad de conocer y vivir el amor de Dios; ante esto, «en la Iglesia no hay lugar para el ocio» (Exhortación apostólica Christifideles laici, n*3)  y los laicos, miembros de la Iglesia, están llamados a trabajar y acompañar, en sus familias y trabajos, en las instituciones eclesiales y ministerios, en su cultura; para ser testimonio de la experiencia de Cristo y partícipes de la comunión fraterna.

Volviendo a la pregunta del comienzo, tal vez no encuentre respuesta concreta, pero despierte en el corazón de cada bautizado, sobre todo el de los laicos que caminan la Ciudad de Buenos Aires, un llamado del Espíritu Santo a llevar, con creatividad y compromiso, a quien es la fuente de vida de la Iglesia: Jesús.

Con acciones y con gestos concretos, según los dones, talentos y personalidad de cada uno, los laicos son protagonistas de la obra evangelizadora del Señor, porque, siendo miembros del cuerpo de Cristo, están en el mundo para llevar su mensaje de salvación, pero no son del mundo, sino del Padre que los llamó.

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