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Homilía Mons. García Cuerva – Domingo X Tiempo Ordinario

por prensa_admin

EVANGELIO

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Marcos 3, 20-35

En aquel tiempo, Jesús llegó a casa con sus discípulos y de nuevo se juntó tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí.

Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían:
«Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios».

Él los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas:
«¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa.

En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre».

Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.

Llegan su madre y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar.

La gente que tenía sentada alrededor le dice:
«Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan».

Él les pregunta:
«Quiénes son mi madre y mis hermanos?».

Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice:
«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».

Palabra del Señor.


Homilía Mons. García Cuerva – Domingo X del Tiempo Ordinario. 9 de junio de 2024 – Catedral Metropolitana

La primera lectura es del libro del Génesis y es importante aclarar que la lectura del libro del Génesis no pretende explicar científicamente el origen del universo y el origen del hombre. Sino que es un relato con un estilo literario propio de aquella época que nos trata de ayudar a comprender la imagen de Dios como creador y también algunos grandes temas de la humanidad.

Hoy concretamente en este capítulo 3 del libro del Génesis aparece esta idea de un Dios que nos crea por amor y por lo tanto nos hace libres. Y al mismo tiempo este Dios que nos advierte que el mal uso de la libertad nos lleva a la perdición. Por eso este relato de Adan y de Eva comiendo del fruto del árbol prohibido.

Dios nos ama por lo tanto nos hace libres y nos advierte este relato cuales son las consecuencias del mal uso de la libertad. Por eso nos dice que Adán y Eva comieron del fruto de este árbol y Dios sale a su encuentro, porque Dios nos ama profundamente y entonces quiere encontrarse con el hombre y le pregunta “¿Dónde estás? Y ante esa pregunta el hombre tiene miedo de Dios y por lo tanto se esconde.

El hombre no quiere mostrar su desnudez y me parecía que aquí podríamos aprender de aquel relato del Génesis y de poder imaginarnos que Dios también a cada uno de nosotros nos pregunta “¿Dónde estás?”. Y no para que le demos una ubicación geográfica, no para que le digamos: “Estoy en el departamento o estoy en mi casa”. Sino para que le podamos contar a Dios toda la vida, le podamos mostrar a Dios toda nuestra vida sin miedo como nos dice aquel relato del Génesis. Sin vergüenza, que le podamos mostrar la vida a Dios con toda nuestra desnudez.

El hombre, en el relato del Génesis, dice que se escondió porque estaba desnudo. Tener nosotros, la libertad, en el amor de mostrarnos delante de Dios con toda nuestra vida, sin caretas, sin miedo, pero confiando profundamente en este Dios que nos ama y nos conoce.

Un Dios que no nos juzga, que no nos condena y por lo tanto no le tenemos que tener miedo como lo tienen Adán y Eva en el relato. Quizá aquí, la primera enseñanza entonces, más allá de nuestros errores, más allá de que a veces hacemos mal uso de la libertad, no escondernos de Dios. Escuchar su voz que nos habla en el corazón y nos dice: “¿Dónde estás?”.

En realidad nos dice: “¿Cómo está tu vida?” ”¿Cómo va lo que estás haciendo?” “Contame de tu vida”. Y entonces, como dije, sin miedo, sin vergüenza, abrirle el corazón y mostrarnos cómo estamos delante de él que nos ama profundamente. Primera enseñanza entonces del libro del Génesis.

En segundo lugar, el relato del libro del Génesis parece que es un relato donde aparecen algunos adolescentes porque cuando Dios le pregunta al hombre: “¿Qué hiciste?” Inmediatamente le echa la culpa a la mujer y cuando le dice a la mujer “¿Qué hiciste?” Inmediatamente le echa la culpa a la serpiente. Esto de no hacernos cargo de nuestros errores. Esto de no hacernos responsables de las cosas que hacemos mal.

Decía yo en el Tedeum del 25 de mayo que nuestro pueblo necesita en algún momento que la dirigencia haga una autocrítica madura y que cada uno se haga cargo de lo que hizo mal. Desgraciadamente vivimos siempre echándole la culpa al otro. Nadie se hace cargo de nada. Todos gobernaron, todos gobiernan, pero siempre la culpa es del otro. Creo que es importante que aprendamos a hacernos cargo cada uno de la responsabilidad que tiene.

Encontraba una frase meditando sobre estas lecturas que nos dice “Equivocarse es un defecto de muchos pero pedir disculpas es una virtud de pocos”. Que ojalá seamos capaces de hacernos cargo cada uno de su responsabilidad. A veces, ya desde chiquitos, decimos “¿Quién fue? Nadie”. Es importante poder hacernos cargo, ser responsables, eso nos va haciendo crecer en madurez. Por eso creo que a veces, como pueblo, los argentinos somos un poco inmaduros, somos muy adolescentes. Siempre la culpa de lo que pasa es de otro y nadie se hace cargo y todos hicieron todo bien y los otros hicieron todo mal.

Un modo muy facilista de analizar la realidad que sabemos que no es real. Al mismo tiempo, hoy Jesús en el Evangelio recibe algunas críticas. Primero nos dice el Evangelio que cuando sus parientes se enteraron salieron para llevárselo con ellos, se enteraron que Jesús estaba por ahí y dicen “Es un exaltado”. Y más adelante los escribas dirán “Esta poseído por beelzebú y expulsa a los demonios por el poder del príncipe de los demonios”.

Es decir, hoy Jesús es difamado, hoy Jesús también recibe calumnias, la difamación y la calumnia. Dos pecados que al mismo tiempo son delitos en nuestro código, que también es muy común en nuestra sociedad Argentina. Así como no nos hacemos cargo y siempre la culpa la tiene el otro también somos muy fáciles para dañar la reputación de las personas con información falsa, eso es la difamación. Y somos también muy capaces de atribuir delitos falsamente a otras personas y eso es la calumnia.

En realidad lo podríamos decir en criollo “Hablar mal de los demás, sin fundamento”. Denunciar o en todo caso juzgar al otro por hechos que no cometió. Dañar su reputación con información falsa. Atribuirle falsamente un delito, calumnias, injurias, difamaciones. Creo que al mismo tiempo que echamos la culpa afuera también somos capaces de todo esto y por eso Jesús dice hoy que ¿Cómo satanás puede expulsar a satanás? Lo acusan a Jesús como si Jesús estuviese en el partido de satanás. Dice “Un reino que tiene división no puede subsistir”. Justamente, una familia dividida tampoco puede subsistir, dice Jesús. Y yo me animaría a decir “Y un país dividido tampoco puede subsistir”. Un país dividido donde siempre la culpa es del otro, un país dividido donde siempre calumnias, difamamos, hablamos mal de los demás no puede subsistir.

Por eso creo que hoy podemos pedirle a Dios que las lecturas nos interpelen. Por un lado la primera lectura que nos interpele este relato del Génesis, que seamos capaces cada uno cuando escuchamos la voz de Dios en el corazón “¿Dónde estás?” nos pongamos delante de él sin miedo, sin vergüenza, mostrándole todo nuestro pecado, toda nuestra debilidad, toda nuestra fragilidad, sin tenerle miedo a Dios porque nos ama. Haciéndonos cargo cada uno de lo propio. Dejando de echar culpas afuera y al mismo tiempo dejando de difamar, de calumniar, de hablar mal del otro.

El Papa Francisco, en una audiencia hace unos años decía “La solución más mezquina para aniquilar a un ser humano es la calumnia o el falso testimonio”. Y nosotros sabemos que la calumnia siempre mata. Este cáncer diabólico nacido del deseo de destruir la reputación de una persona ataca también al resto del cuerpo eclesial y daña gravemente a la sociedad. Cuando por intereses mezquinos o para cubrir los propios defectos se entra en coalición para difamar a alguien.

Creo que tenemos que aprender esto de Jesús, una familia dividida tampoco puede subsistir, echar culpas, calumniar y difamar nos divide y todos estamos llamados a ser de la familia de Jesús. Y ¿Quiénes son de la familia de Jesús? El que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.

Que el Señor nos ayude. Que seamos capaces de desterrar el echar siempre la culpa afuera, que seamos capaces de desterrar la calumnia y la difamación, que podamos entender de una vez y para siempre los argentinos que una familia dividida no puede subsistir y que iluminados por la palabra de Dios empecemos a cambiar poniéndonos delante de Dios sin miedo y vergüenza, sino haciéndonos cargo cada uno de su propia responsabilidad. Amén.

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