Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 3, 13-17
Jesús dijo:
«Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.
De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en Él tengan Vida eterna.
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él».
Palabra del Señor.
Homilía Mons. García Cuerva Exaltación de la Santa Cruz
Como dijimos al comienzo de esta Eucaristía, celebramos hoy la fiesta de la exaltación de la Santa Cruz. Y creo que de entrada podríamos decir que es una fiesta incomprensible, una fiesta disparatada y casi ridícula. ¿Cómo celebrar una cruz? ¿Cómo celebrar un instrumento de tortura? ¿Cómo celebrar la fiesta de algo tan cruel? Al mismo tiempo nos podemos preguntar ¿Cómo hablar de la cruz en una sociedad que lo que busca es confort, que lo que busca es placer? Indudablemente enseguida podremos tener la aclaración y la respuesta y es que no se trata de exaltar el dolor o el sufrimiento, nada más lejos, sino que lo que estamos celebrando es el amor de Dios.
Estamos celebrando su solidaridad con todos nosotros, estamos celebrando su cercanía, capaz de compartir con nosotros todo menos el pecado, incluso vivir la experiencia del dolor y de la muerte. Por eso, en el Evangelio escuchamos hoy, “Sí, Dios amó tanto al mundo que entregó a su hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga Vida Eterna” Y en la vida de Fe de nuestro pueblo también todos percibimos que la cruz no es solamente un instrumento de tortura, no es solamente dolor y sufrimiento.
En la Fe de nuestro pueblo más sencillo también experimentamos que la cruz es signo de salvación y que todos somos redimidos en la cruz de Cristo. Por eso cuando entramos a una Iglesia nos hacemos la señal de la cruz. Por eso a un niño cuando lo recibimos en la comunidad cristiana al bautizarlo se le hace la señal de la cruz en la frente. Por eso nuestros abuelos bendecían haciendo la señal de la cruz. Por eso a una persona que está por morir también se le da la unción y se le da la cruz, se le pone un signo de la cruz sobre la frente y en las manos. Es decir, en toda nuestra vida nos acompaña ese signo de la cruz porque nuestro pueblo percibe que ese signo de la cruz es signo de salvación, no solamente de muerte o de dolor. Es verdad que la cruz expresa toda la fuerza negativa del mal, ¿Cómo negarlo? Pero a la vez también expresa toda la misericordia de Dios, expresa todo lo que Dios nos ama.
Con estas aclaraciones previas podemos ver en la primera lectura que nos dice que el pueblo perdió la paciencia y empezó a hablar mal de Dios y de Moisés. El pueblo murmuraba contra Dios y contra Moisés, sentían que Dios y Moisés casi que les habían hecho trampa. Los habían metido en el desierto, los habían sacado de Egipto y no llegaba a la famosa tierra prometida y entonces, añorando los tiempos de la esclavitud, son capaces de murmurar contra Dios y contra Moisés. De alguna manera pierden la confianza en Dios y aparecen entonces estas serpientes que los muerden y que los matan, en realidad me parece que la primera aclaración es pensar que ya se estaban mordiendo entre ellos.
Murmurar, hablar mal de los demás es un poco ya mordernos entre nosotros. Y entonces estaban mordiéndose entre ellos, murmurando entre ellos, murmurando contra Dios y contra Moisés y aparecen estas serpientes que los muerden y que los matan. Aparecen estas mordeduras dolorosas, como en algún momento ha dicho el Santo Padre Francisco refiriéndose a este Evangelio. Y entonces los invito a pensar en las serpientes de la desconfianza que a veces también vivimos nosotros y que nos inyectan el veneno de la desilusión, el veneno de la violencia, el veneno del pesimismo, el veneno del individualismo, el veneno de la desesperanza.
Pensar también cada uno de nosotros ¿Cuál es quizá el veneno que hay en mi vida?, pero al mismo tiempo también ¿Cuáles son los venenos de los que nos tenemos que salvar como sociedad? Frente a ellos aparece, después que le ruegan a Moisés que interceda por ellos, aparece esta serpiente de bronce que mirándola el pueblo va a ser curado. Esa serpiente de bronce es un poco el anticipo de lo que será después la cruz de Cristo. Y entonces de esta primera lectura me parece que lo que podemos pensar por un lado es cómo este tema de las murmuraciones rompe la confianza. ¿Cuántas veces entre nosotros también la murmuración rompe la confianza? Y como dijimos, después vendrán las serpientes que los muerden, pero en realidad ya se estaban mordiendo entre ellos.
Al mismo tiempo, si le tuviéramos que poner nombre de qué es lo que hoy nos muerde y nos mata, ¿Cuáles son esas mordeduras dolorosas? De desconfianza, de desilusión, de violencia, de egoísmo, de pesimismo ¿Cuáles son las propias? ¿Cuál es el veneno que a veces tenemos en el corazón? Pero también pensemos en los venenos colectivos, en los venenos sociales, para que entonces podamos también nosotros mirar la cruz de Cristo y allí pedir salvación.
Jesús, en el Evangelio, nos dice que su entrega es para la salvación del mundo. De algún modo en su cruz extrajo el veneno del mal y venció a la muerte para siempre con su resurrección, anonadándose a sí mismo. Humillándose hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz, como nos recuerda San Pablo en la segunda lectura.
Mirar la cruz de Cristo es fuerza para seguir. Mirar la cruz de Cristo es esperanza. Mirar la cruz de Cristo es hacer comunión de miradas con ese Señor que nos ama tanto. Es descubrir en Él la mirada de misericordia que cura todas las heridas del alma. Pero al mismo tiempo, ser fiel al crucificado no es buscar con masoquismo el sufrimiento, sino acercarnos también solidariamente a los crucificados de hoy. Tantos hermanos que cargan pesadas cruces, los niños que están en la calle, los más pobres, los enfermos, los que están solos, los ancianos abandonados, los jubilados, los discapacitados. Cruces pesadas que llevan tantos hermanos nuestros. Y entonces, mirar la cruz de Cristo es también tener comunión, solidaridad, compasión con nuestros hermanos que están crucificados hoy, en este 2025.
Quería, por un lado, también recordar que así como cada uno de nosotros tiene sus propias cruces, sus propios dolores y sufrimientos, que sólo mirando a la cruz de Jesús tienen sentido, también en nuestras casas tenemos seguramente alguna cruz. También en alguna Iglesia tendrán las cruces y que cada uno le tendrá una devoción especial, pero hoy yo quiero resaltar dos.
Por un lado, como decía el guión al comienzo de la Misa, el Cristo de Buenos Aires, una imagen muy antigua. Una imagen que acompañó la historia de la ciudad de Buenos Aires desde la época de la colonia, salvándola de inundaciones y pandemias, donde también rezaban después de jurar los miembros de la primera junta de gobierno y los presidentes a lo largo de los años. Un Cristo que acompañó incluso la pandemia, porque el Señor se hace solidario con nosotros y no nos deja. Y hoy, también 14 de septiembre, quería recordar al Señor del Milagro, el Señor del Milagro de Salta, que está también a las puertas de la celebración de la Virgen del Milagro. Hermosa fiesta popular, hermosa fiesta de nuestro pueblo, del interior, que de alguna manera expresa también allí toda su fe y todo el amor de Dios en su Hijo Crucificado. El año pasado pude participar de aquella hermosa experiencia de peregrinación desde San Antonio de los Cobres e indudablemente el corazón queda movilizado para siempre.
Dos imágenes, el Cristo de Buenos Aires, otra imagen, el Señor del Milagro. Dos imágenes que unen a un pueblo que sigue creyendo en la resurrección, mirando esa cruz, porque solo tiene sentido, porque Dios en esa cruz nos ama. Dios en esa cruz nos dice que no está todo perdido, Dios en esa cruz nos dice que la muerte no tiene la última palabra. Que celebrando hoy la Exaltación de la Cruz, renovemos cada uno de nosotros su fe y mirando a ese Cristo Crucificado, nos comprometamos cada vez más con los Crucificados de hoy. Amén.