Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 25, 1-13
Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:
El Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes.
Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos.
Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Pero a medianoche se oyó un grito: «Ya viene el esposo, salgan a su encuentro».
Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: «¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?» Pero éstas les respondieron: «No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado».
Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta.
Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: «Señor, señor, ábrenos».
Pero él respondió: «Les aseguro que no las conozco».
Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.
Palabra del Señor.
Homilía Mons. García Cuerva XXXII Domingo de Tiempo Ordinario
Estamos en este día todos muy emocionados ante la llegada del Santo Padre, del Papa León XIV. Y entonces quería que podamos reflexionar el evangelio de hoy en el marco de esta visita tan importante que va a recibir el pueblo argentino.
En determinado momento de la lectura que hoy leímos de esta parábola, nos dice que las mujeres, estas vírgenes, algunas prudentes y otras necias, se quedaron dormidas. Les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Así es la expresión. Y entonces, pensaba también en nuestros cansancios, pensaba a veces que nosotros también sentimos que estamos cansados, que no damos más: Cansado el alma, estamos con sueño, pero no con el sueño físico, sino como que adormecidos.
Hemos perdido el entusiasmo, hemos perdido la alegría, hemos perdido la esperanza. Y entonces ¡Qué lindo que nosotros que podamos experimentar esto que dijimos recién escuchemos también que a medianoche se escuche una voz fuerte. Una voz fuerte que dice que viene el Papa una voz fuerte que nos dice que viene el Santo Padre, el Papa León y que salgamos a su encuentro.
La lectura hoy dice que esto es a medianoche. Parecería que se enciende entonces una luz de esperanza en la oscuridad. Por eso más allá de nuestros cansancios, más allá de nuestros hartazgos, más allá que vivamos un poco adormecidos y de brazos caídos, creo que estamos todos invitados a escuchar esta enorme invitación: «Bienvenidos todos» El Papa León llega y tenemos que salir todos a su encuentro. Y entonces nos dice la lectura que estas mujeres se despertaron. Y aquí creo que lo primero: «Despertarnos», despertarnos de «El siempre se hizo así». Despertarnos de «El no se puede». Despertarnos del «Estoy cansado». Despertarnos del «No doy más». Tenemos que reaccionar y tenemos que sentir que esta invitación es una invitación que nos hace el mismo Jesús al corazón. La invitación que nos hace a poder encontrarnos como pueblo en torno al Pastor universal.
Luego dice la lectura que ellas prepararon sus lámparas y con el mejor aceite, nosotros también queremos preparar nuestra vida. ¿Y qué significa preparar las lámparas? La lámpara representa el corazón. ¿Y cuál es el mejor aceite para encender nuestra vida para encender nuestros corazones? Indudablemente el mejor aceite es el encuentro personal con Jesús. Nosotros queremos dejar que el Señor habite nuestros corazones, decía justamente el Salmo que «Mi alma tiene sed de ti, Señor». Deseamos a Jesús, lo queremos al Señor, tomando aquella expresión de San Agustín: «Nos hiciste Señor, para ti Nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». Por lo tanto, queremos hoy también preparar nuestro corazón con el mejor aceite, con el mejor combustible para que se enciendan nuestras vidas. ¿Y cuál es? El mismo Jesucristo que queremos que habite en nosotros.
Y luego dice también la lectura que las vírgenes prudentes entraron a la sala nupcial con el esposo. Nosotros también queremos entrar. ¿»Entrar» qué significa? Dar el paso, dar el paso de salir de nuestra comodidad, dar el paso de salir de nuestras casas, dar el paso de animarnos, encontrarnos con el Santo Padre. Serán días de muchísima movilización serán días en los que seguramente nos encontremos con mucha gente. El tránsito estará complicado, la realidad de las distintas ciudades que lo reciban será compleja, pero tenemos que animarnos a entrar. Entrar en lo que es esta enorme, gran fiesta del encuentro del Santo Padre, del Papa León XIV con su pueblo. No nos quedemos afuera de esta hermosa fiesta, que es un hecho histórico.
Hace 39 años que el Papa Juan Pablo II visitó la Argentina, quienes participamos de chicos de aquella celebración enorme que hubo en la 9 de julio quedamos conmovidos. ¿Por qué entonces no ser parte también de esta fiesta que nos toca vivir en estos días? Queridos hermanos, los invito entonces a todos a que reconociendo nuestros cansancios y nuestros sueños como aquellas vírgenes de las que nos hablaba la parábola que hoy relata Jesús podamos despertarnos. Despertarnos en también prepararnos, prepararnos para el encuentro con el Papa, porque ya está llegando y por supuesto entrar; entrar a ser parte de estas hermosas celebraciones que seguramente podamos vivir todos juntos.
Y un modo de prepararnos, un modo de encender las lámparas y podríamos decir de encenderle los motores con un lenguaje más casero. Es también escuchar al Santo Padre. Y por eso yo tomé tres textos breves. Dos de su visita apostólica a África y uno de su visita apostólica a España. Escuchemos al Papa. Creo que sus palabras seguramente ya nos irán despertando. Creo que sus palabras seguramente irán preparando nuestro corazón y encendiendo nuestros corazones. Creo que sus palabras serán una gran invitación para entrar, a ser parte de esta gran fiesta que vivirá el pueblo argentino con el Papa León.
El primero de los textos dice: «Vengo entre ustedes como pastor y como servidor del diálogo de la fraternidad y de la paz. Mi visita expresa el afecto del sucesor de Pedro para todos, así como el deseo de animar a cada uno a proseguir con entusiasmo y perseverancia en la construcción del bien común».
El segundo texto en otro de los países que visitó en África, pero son palabras también para nosotros. »Dejémonos entusiasmar por la belleza del amor. Seamos testigos del amor que Jesús nos ha dejado y enseñado. Seamos testigos cada día de que amar es hermoso, de que las alegrías más grandes en todos los ámbitos provienen de saber dar y de entregarse, especialmente cuando servimos a los más necesitados.
Y el tercer texto en España, que también nos irá despertando, preparando e invitando a entrar. «Hagamos espacio al Señor en nuestro corazón y busquemos su rostro. Dejémonos acompañar por su amor. Aferrémonos a Él que nos invita continuamente a la esperanza y nos muestra un horizonte maravilloso que ninguna barrera física puede impedirnos alcanzar. Hoy, Él continúa hablándonos en lo profundo de nuestras conciencias para hacernos descubrir que tiene su morada en medio de nosotros. Solo espera que le demos una oportunidad» y termina diciéndole a León XIV, «Queridos amigos y amigas, los invito a seguir soñando el sueño de Dios. A cada uno le digo, Dios te ama como eres, pero te sueña mejor. El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse, sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y sobre todo reconciliarse y de perdonar.»
Que ojalá estas palabras del Papa, como dije, nos vayan preparando el corazón. Pero para eso tenemos que despertar del «No se puede» despertar del cansancio, despertar del desgano y del hartazgo. Animémonos, démonos otra oportunidad Sintámonos parte de este evento histórico. Bienvenidos todos, vayan y anuncien.