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Homilía Mons. Gustavo Carrara – Domingo Segundo de Adviento

por prensa_admin

EVANGELIO

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos (1, 1-8)

Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios.
Como está escrito en el libro del profeta Isaías:
«Mira, yo envío a mi mensajero delante de ti
para prepararte el camino.
Una voz grita en el desierto:
Preparen el camino del Señor,
allanen sus senderos,»
así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.
Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: «Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo.»

Palabra del Señor.


Homilía Mons. Gustavo Carrara – Domingo Segundo de Adviento. 10 de diciembre de 2023. Catedral Metropolitana

En este tiempo del Adviento, distintas figuras van a ir apareciendo para ayudarnos a preparar el corazón para celebrar la Nochebuena, para celebrar el nacimiento de Jesús en la Navidad.

Aparece hoy la figura de San Juan Bautista, más adelante va a aparecer la figura de la Virgen y también de San José.

En este caso Juan Bautista nos habla de la conversión, nos llama a la conversión, nos llama a volver al camino, al camino del seguimiento de Jesús.

En el tiempo del Adviento, la liturgia en la vestidura del sacerdote nos presenta el color morado que es color de penitencia y Juan Bautista nos llama a la penitencia y a la conversión.

Todos necesitamos volver nuestro corazón a la misericordia de Dios. Dios no se cansa nunca, nunca de perdonar. A veces nosotros nos cansamos de acudir a su misericordia, pero tenemos que volver una y otra vez. Nunca es demasiada la confianza en la misericordia de Dios.

Y en este tiempo del Adviento reconocemos con humildad que hay zonas de nuestro corazón que necesitan la luz del Evangelio. Hay zonas de nuestro corazón que necesitan la luz de la misericordia de Dios.

Por eso es tiempo de volver el corazón a Dios como nos propone Juan Bautista. Es tiempo de reconciliación, de perdonar y de pedir perdón. Es tiempo de acercarnos al sacramento de la reconciliación, de la confesión. Es tiempo de volver a Dios. Siempre podemos estar un poquito más cerca del Señor. Siempre hay cosas que por ahí nos pesan un poco y es bueno hablarlas con el sacerdote. Es bueno abrir nuestro corazón a la reconciliación y al perdón de Dios.

Este tiempo del Adviento es tiempo de volver a Dios.

Pero Juan Bautista también es una figura muy humilde. De hecho, resume su vida a una frase que él mismo dice: “Es necesario que él crezca y que yo disminuya. Es necesario que Jesús crezca en el corazón del pueblo y que yo vaya disminuyendo”.

Y si uno mira la figura de Juan va viendo como él logra que el pueblo vuelva a Dios. Y que sus mismos discípulos después confiesen a Jesús como su Señor. Porque Juan dice: “ese es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, a él tienen que seguirlo”. No me tienen que seguir a mí, tienen que seguir a Jesús.

Y nosotros con un corazón nuevo, con un corazón reconciliado, lo que tenemos que tratar de buscar es ese encuentro de la gente con Jesús.

En este tiempo del Adviento también tenemos que salir a anunciar la alegría del Evangelio. Tenemos que salir a anunciar a nuestros vecinos y vecinas. En nuestros lugares de trabajo, en los lugares de estudio, en la vía pública. Tenemos que anunciar que nace Jesús y que renace la alegría.

También nosotros tenemos que ser humildes instrumentos para que las personas se acerquen a Dios.

Tenemos que anunciar la alegría del Evangelio con una tonada particular, con la tonada de la misericordia. Especialmente buscando estar cerca de aquellos que sufren en su cuerpo o en su espíritu. Aquellas personas que por ahí están viviendo en la calle. Aquellos abuelos que están solos y que no reciben ninguna visita.

A todos tenemos que llevar este mensaje de alegría y de esperanza. Nace Jesús, renace la alegría. Pero a los lugares donde más tenemos que llevar ese mensaje, es a los lugares de sufrimiento y de dolor.

Pedimos la gracia de en este tiempo experimentar la misericordia de Dios. En este tiempo del Adviento experimentar su misericordia y sentir la necesidad, la imperiosa necesidad de llevar la alegría del nacimiento de Jesús a nuestras hermanas y hermanos.

Que el Espíritu Santo de Dios, que anima el anuncio del Evangelio, nos inspire los caminos para llevar a Jesús a las hermanas y hermanos que más lo necesitan.

Si en este tiempo recibimos gratuitamente la misericordia de Dios, también nosotros tenemos que llevar la alegría del Evangelio de modo gratuito y con tonada, con acento, con gestos, con cercanía de misericordia.

Que así sea.

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