El viernes 8 de agosto se celebró en la Basílica de Nuestra Señora del Santo Rosario la fiesta patronal de Santo Domingo de Guzmán. La Santa Misa estuvo presidida por Mons. García Cuerva, quien a la luz del Evangelio mencionó: “Pensemos como nos dice San Pablo que nuestra vida es una carta y si mi vida es una carta vamos a abrir el corazón, a leer la carta y entonces pensar ¿Qué tipo de carta es mi vida? Quizás es una carta de amor, apasionada por la vida y por el Evangelio como fue la vida de Santo Domingo o quizás es una carta aburrida fría que fue perdiendo la pasión con el paso de los años”.
Nuestra vida como una carta
Luego en su alocución se preguntó: “ –¿Mi vida es una carta de alegría y de buena noticia como es el Evangelio? – El que Santo Domingo entregó su vida, es realmente una buena noticia que me moviliza o acaso mi carta, mi vida, es pura queja, pura crítica. ¿Acaso mi vida, mi carta es solamente andar describiendo los males de la vida y me transformo en profeta de calamidades?”
Siguiendo con su reflexión se consultó ante la comunidad: “¿Mi vida es realmente una carta que entusiasma a quienes la quieran leer? ¿O es una carta que preferimos o prefieren los que la tienen cerca a guardarla? Pensaba entonces en la carta de Santo Domingo, que no fue una carta muy larga, sorpresivamente él vivió, yo no lo sabía, solo cincuenta años” y agregó: “La carta de Santo Domingo fue una carta que contagiaba, que animaba. Por eso, quería proponerles hoy a todos que a la luz de la palabra de Dios imaginemos una vez más mi vida como una carta”.
Compartir el Evangelio
“El evangelio de hoy también nos anima una vez más a renovarnos en la vida, en esa carta. Porque nos dice el mismo Jesús que nos envía, `Vayan´, nos envía. Esa iglesia en salida nos hace renovarnos en el contacto con los demás, nos vuelve a lo esencial de la vida de los cristianos, que es la misión. El tesoro del evangelio no es para guardarlo en el propio corazón, sino que es para compartir” mencionó Mons. García Cuerva.
Un corazón que se mueve
Y agregó: “Tener un corazón apasionado, que se movilice, que no se deje ganar por el quietismo espiritual o por la pachorra del alma. Así debe haber sido el corazón de Domingo, un corazón apasionado, su vida era una carta que todos debían querer leer, y por eso, lo estamos haciendo presente en esta Eucaristía”.
Para concluir su homilía Mons. García Cuerva subrayó: “Que ojalá a la luz de las lecturas pueda ser verdaderamente una carta de buena noticia, podamos animarnos en la vocación a la que el Señor nos llamó, y que muchos, cuando la lean, muchos cuando se acerquen a nosotros, tengan cada vez más ganas de conocer a Jesús”.