En la Santa Misa de Año Nuevo, se celebró la Festividad de Santa María, Madre de Dios y la Jornada Mundial por la Paz. El Nuncio apostólico, Mirosław Adamczyk, presidió la Eucaristía en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires. Junto a él, concelebraron, entre otros sacerdotes, los obispos auxiliares, Pedro Cannavó y Alejandro Pardo, y el padre Ignacio Díaz, sacerdote de la Arquidiocesis y formador del Seminario Metropolitano Inmaculada Concepción, quien predicó la homilía.
Comenzar el año en los brazos de María
La Catedral recibió a cientos de fieles que se acercaron a dar gracias por el nuevo año 2026. En la fecha en la que se celebra el día de María, Madre de Dios, la Iglesia también se reúne en la oración en la 59º Jornada Mundial por la Paz.
En su prédica, el padre Ignacio Díaz reflexionó sobre la imagen humilde y serena del pesebre y destaca la actitud de la Madre de Dios: «María no habla, no explica quién es su hijo, tampoco pregunta qué escucharon los pastores de parte de los ángeles. María contempla y cuida. Deja que Dios haga su obra y goza siendo parte de esa obra y de esa historia».
Por otra parte, en alusión a la 59º Jornada Mundial por la Paz, Díaz destacó: «Lo primero que vemos cuando posamos nuestra atención en el pesebre es una elección de Dios: para entrar en el mundo elige el camino de la fragilidad«, luego agregó: «La paz que trae Dios en este niño no se consigue, por lo tanto, con las armas o con la guerra, porque su única arma es la del amor, la riqueza de un amor que se hace pobre para enriquecer a los pobres con su riqueza».



Tiempo de sembrar flores de paz
«Es tiempo entonces de custodiar, como María y José, aquello que crece en el silencio y que puede silenciosamente cambiar la historia, aún cuando los poderes de este mundo no sean capaces de percibirlo. La paz de lo sencillo, de lo humano, de lo familiar, de lo cotidiano y de lo pobre«, invitó el padre Ignacio continuando con su homilía.
Poniendo a la Virgen María como ejemplo de mujer que mira a su alrededor y guarda en el corazón, Díaz dijo: «A nosotros, porteños, nos toca mirar a nuestra ciudad tan viva y tan herida a la vez. A nosotros, argentinos, nos toca mirar a nuestra patria fuerte y doliente. A nosotros, hombres y mujeres del mundo entero, nos toca mirar al mundo que sufre esta tercera guerra mundial a pedazos, para decir con Francisco».
Finalmente, inspirado en el poema «70 balcones y ninguna Flor» de Fernández Moreno, reflexionó: «Faltan las flores, todavía faltan los frutos de las setenta oportunidades de paz. Si nos faltan las flores en el balcón, si nos falta el perdón en las discordias, si carecemos de rosas en las espinas, si prescindimos de la hermandad en las fronteras; entonces no sabremos de música, de rimas, de amor. No se oirán los besos, porque sólo escucharemos las armas de la violencia y la violencia nos ensordece«.
Mirar las flores en el balcón
«En este día en que comenzamos un Año Nuevo, el Año de Gracia del Señor, 2026, en esta Jornada de la Paz, pidamos a María de Belén, la mujer que mira alrededor y guarda todo su corazón, pidamos al Niño Dios, el Príncipe de la Paz, y de la misericordia, ese amor que se desarma a sí mismo y que nos desarma a nosotros. Pidamos esa paz que vence el mundo, pidamos esas flores en el balcón«, concluyó el padre Ignacio.
La celebración concluyó con la oración del Veni Creator, entonada por el coro de la Catedral Metropolitana, y por la cual los fieles recibieron una indulgencia plenaria; y con la bendición del Nuncio Apostólico, Mirosław Adamczyk.