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Santa Misa de la Pastoral Universitaria

por prensa_admin

El pasado jueves 18 de septiembre Mons. García Cuerva, arzobispo de Buenos Aires, celebró la Santa Misa de la Pastoral Universitaria. En un clima de fraternidad y comunión, a la luz del Evangelio, mencionó: “Es un gesto de amor profundo que tiene esta mujer para con Jesús y justamente el comentario que hace el fariseo es si este hombre fuera un profeta sabría quién es la mujer Y en realidad lo que lo hace a Jesús profeta, lo que lo hace a Jesús grande, es que sabe que es una gran pecadora”. 

El Dios de las oportunidades

“¿Somos capaces, como aquella mujer, de reconocer que somos pecadores, frágiles, vulnerables, que necesitamos de Dios, que apenas podemos con nuestra vida?” se preguntó y agregó: “Me gusta decir que cada uno de nosotros vive como puede, no vivimos como queremos y andamos arrastrando heridas que quizá delante de los demás más o menos las disimulamos. Pero qué bueno poder experimentar la fragilidad, la debilidad, el pecado, no por masoquistas, sino porque le estamos dando oportunidad a Dios de que actúe en mi vida; a que me ame profundamente; que me salve; de que acaricie mi corazón, de que me pueda perdonar de mis pecados”.

“Lo maravilloso de nuestro Dios es que es el Dios de la infinita misericordia, que nos ama a pesar de nuestras faltas, de nuestros pecados, de nuestras fragilidades y eso nos tiene que dar mucha paz. Pero al mismo tiempo, nos tiene que comprometer un montón” mencionó y siguió: “Porque si Dios a mí con mi numerosos pecados, me perdona y me ama y me da otra oportunidad, ¿Quién soy yo para andar metiéndome en la vida de los otros? ¿Quién soy yo para no perdonar al otro? Por eso que Dios haya sido tan bueno conmigo me compromete a ser bueno con los demás”.

El Dios que vivo es el que anuncio

También dijo: “Los animo a que en la vida no tengamos miedo de mostrar nuestra fragilidad y nuestra debilidad. Yo creo que de alguna manera todos experimentamos en la vida que la vulnerabilidad es parte de nuestra vida. No es un accidente ser vulnerables, ser pecadores, parte de nuestra vida. Y creo que eso tenemos que aprender a vivir y convivir con esto. Con la libertad de saber que si somos pecadores, que si tenemos un montón de fragilidades, pero que Dios me ama. Dios me perdona. Porque en definitiva, según el Dios que viva será el dios que anuncie”. 

Los animo a reconocer el propio pecado, a ponerlo delante de Jesús, a no tener vergüenza, no caretearla, como aquella mujer, a poder demostrarle a Jesús cuánto lo amamos. Seguramente en sus lágrimas estaba todo su dolor, toda su miseria, toda su tristeza, pero con esas lágrimas lavó los pies del señor y lo besó y Jesús no le tuvo asco, al contrario, al contrario termina diciendo que porque se le perdona mucho a quien mucho ama y esa mujer es lo que hizo amo mucho y por eso se la perdonó mucho ojalá también nos pase a nosotros”.

El Dios de la misericordia

Para concluir enfatizó: “Eso es lo que lo hizo grande a San Pablo, la conciencia de su propio pecado, el entender que cuando era débil entonces era fuerte porque justamente dejaba actuar a Dios. Ojalá a nosotros nos pase lo mismo. Si yo vivo el Dios de la misericordia al que le dejo entrar en las heridas de mi corazón y de mi alma, seguramente anunciaré al Dios de la misericordia. Si yo me creo perfecto, casi salvado por Cristo, porque soy un privilegiado elegido por él, por todas mis virtudes, seré muy cruel con la vida de los demás”.


 

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