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Templos: Nuestra Señora del Carmen de Urquiza

por Nelson Espindola

En este video presentamos el templo de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, ubicada en el barrio de Villa Urquiza, en su versión actual. A continuación; dejamos una reseña de la historia del templo y sus modificaciones:

Tanto la fundación de la IGLESIA NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN como su posterior evolución arquitectónica, están íntimamente ligadas al trazado inicial que dio origen a nuestro barrio.

Según lo certifica el testimonio traslativo de dominio con fecha 11 de junio de 1890, el arquitecto Emilio C. Agrelo (en nombre y con poder de Francisco Seeber) donó a la Iglesia Católica tres lotes de tierra ubicados en esta Ciudad, parroquia de Belgrano (paraje denominado Vila Catalinas), señalados como parcelas 1, 2 y 10, con frente a las calles Ocho, Dos y Siete (Avenida Triunvirato, Cullen y Bauness), según reza en los respectivos planos. Lo hizo alegando que Francisco Seeber realizaba esta cesión con el deseo de que se erigiese una capilla bajo la advocación de la Virgen del Carmen.

Recién fundado el Barrio, los primeros oficios religiosos, a cargo de la parroquia de Belgrano, fueron celebrados por fray Modesto Becco y, posteriormente, por el padre Francisco Sindoni, en un oratorio que estaba ubicado en la calle Dos entre la Seis y la Cinco (Cullen 5343, entre Bucarelli y Andonaegui).

Más tarde, y a instancias de una comisión integrada por damas del lugar, el cura párroco de la iglesia de la Inmaculada Concepción de Belgrano, presbítero Miguel Galleta, solicitaba a la Curia Eclesiástica el correspondiente permiso para la colocación de la piedra fundamental de un nuevo templo a construirse en Villa Las Catalinas.

El arzobispo de la ciudad de Buenos Aires, monseñor doctor Federico León Aneiros, previa presentación de los planos de obra confeccionados por el ingeniero Thomas Villalba, con fecha 11 de setiembre de 1891 acordó el correspondiente permiso.

El 20 de diciembre del mismo año se procedió a la ceremonia religiosa con la bendición de la piedra basal, seguida de una misa de comunión general oficiada por el padre Becco. Fueron padrinos de la ceremonia el coronel Ernesto Rodríguez y la señora Dámasa Zelaya de Saavedra, siendo el vecino Cecilio López, en esa ocasión, quien donó la primera campana.

El 2 de enero de 1892 llegaron a la Villa los padres Pablo Gualdo, José Antilac, José Gazet y Antonio Sabio, y los seminaristas Adolfo Lescano y Guillermo Etreverts. Estos, una vez establecidos, se dedicaron no sólo a predicar el Evangelio, sino, además, a la construcción de la capilla, la que consistió en una edificación de un solo cuerpo de forma rectangular, con ladrillos a la vista, y con techo de chapas a dos aguas, rematando al frente en una torre coronada por una cruz de hierro. Sus medidas: 7,50 metros de frente por 22 metros de fondo, y un amplio atrio cercado con alambre tejido. En el interior, el altar, ofrendado a san Antonio, y cedido por el Seminario Conciliar de Villa Devoto. Un gran cuadro con la figura de san Ignacio, y varios más, con representaciones del Vía Crucis. Seis candelabros, algunos bancos y la imagen de Nuestra Señora del Carmen, bajo cuya advocación fue puesto el templo el 23 de diciembre de 1892, dándose así cumplimiento al deseo de Francisco Seeber.

A partir del 1º de abril de 1893 quedó en calidad de cura párroco el padre Aquiles Blois (la creación canónica de la parroquia del Carmen fue decretada el 25 de marzo de 1896). Durante su desempeño fueron celebrados en la nueva capilla el primer bautismo y el primer casamiento. El 1º de abril de 1896 recibió los óleos bautismales la niña Antonia Dimattio, y el 18 del mismo mes se celebró el matrimonio de María Bella y Luis Pistarino.

Fue sucesor del padre Blois el presbítero Pablo Trípoli Cabral, siendo en esos tiempos cuando el vecino Luis Ouviña, habiendo acertado el premio mayor de la lotería, cumplía su promesa de donar a la iglesia un hermoso altar de mármol blanco estatuario.

Posteriormente, y por espacio de seis años, se desempeñó como cura párroco el presbítero Antonio Rubí.

Llegamos así al año 1903, en que el sacerdote Manuel Segundo Ruano, procedente de la iglesia del Socorro, asume la responsabilidad de la dirección de nuestra iglesia parroquial.

Conforme a lo planificado en el proyecto de reforma, fue él quien inició las nuevas obras, haciendo retirar previamente los dos altares existentes. (El altar, costeado por el vecino Luis Ouviña, fue trasladado a la iglesia de Húrlingham, y el de san Antonio, cedido por el Seminario Conciliar de Villa Devoto, entregado a la iglesia de Lanús).

Prosiguiendo con las reformas previstas, y a fin de dar mayor amplitud al templo, se procedió entonces a construir a ambos lados dos naves laterales, con acceso a la nave central. El techo, de chapas, fue elevado y reemplazado por una losa con cielo raso abovedado y sostenido por artísticas columnas, y las puertas del pórtico, decoradas con vitrales con imágenes de san Fernando y de san Antonio. Se procedió, también, a modernizar las líneas del frente, construyéndose en el atrio un pórtico cubierto, sosteniendo sobre cuatro columnas un frontispicio de forma triangular. Completado la obra se elevó la torre, agregándole en la cúpula un cuerpo piramidal coronado por una artística cruz de hierro. Al campanario le fue anexada una nueva campana (donación del matrimonio González), y se colocó un reloj eléctrico, obsequio de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. (Según el vecino Carlos Torres, dicho reloj había sido un regalo del Gobierno británico en tiempo del Centenario.)

El padre Ruano falleció el 12 de junio de 1951, a los setenta y cuatro años. Había nacido el 6 de setiembre de 1877, en las Islas Canarias (España).

Sus restos descansan actualmente en la iglesia que tanto amó, y por la que tanto hizo.

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