En el corazón del barrio de Once, Cáritas Buenos Aires junto a los Hogares de Cristo inauguraron el nuevo espacio “La Mano de Dios”, un centro de inclusión social que busca ofrecer contención y acompañamiento destinado a personas en situación de vulnerabilidad. El acto de apertura, que reunió a autoridades, sacerdotes, voluntarios y vecinos, estuvo marcado por un mensaje de esperanza y fraternidad, subrayando el compromiso de la Iglesia con quienes más sufren en la ciudad de Buenos Aires.
Un parador que es Hogar
Este nuevo espacio ofrecerá servicios de alimentación, abrigo, atención médica básica y orientación social, además de actividades recreativas y espirituales. Está pensado como un lugar abierto, donde la dignidad de cada persona será el eje central, y donde se buscará construir lazos de confianza y comunidad. Voluntarios y miembros de los Hogares de Cristo serán parte fundamental de esta tarea cotidiana, acompañando a quienes atraviesan situaciones de calle o vulnerabilidad extrema.
El partido de la vida
Durante la Misa celebrada, Mons. García Cuerva, arzobispo de Buenos Aires, destacó:“ Todos también andamos en el propio partido tratando de meter goles y de salir adelante. Y entonces, cuando estamos tirados, cuando no damos más, también queremos y necesitamos de la mano de Dios”. Luego subrayó: “En la primera lectura se encontraron sus miradas, seguramente se encontraron sus corazones, y Pedro y Juan se dieron cuenta en esa mirada cuánto sufrimiento y cuánto dolor había en el corazón de ese hombre tirado ahí. Y entonces lo ayudaron a levantarse, lo hicieron protagonista de su vida, le dieron una mano para que se ponga de pie de un salto y comience a alabar a Dios”.
“Sentimos la mano de Dios a través de un amigo, a través de un cura, a través de una parroquia, a través del Hogar de Cristo. Todos hemos sentido alguna vez la mano de Dios que nos rescató, la mano de Dios que hizo un milagro con nosotros, y por eso todavía estamos acá, por eso todavía tenemos ganas de pelearla, por eso todavía jugamos el propio partido en la cancha de nuestra vida” siguió diciendo.
La mano de Dios
Además destacó: “No solamente es cuestión de tender la mano, sino también de escuchar, escuchar los gritos, escuchar el clamor, escuchar el sufrimiento de tantos que la están pasando mal. Acá se dio algo lindo: se unieron manos para llegar a tener este lugar en el estado que está. El Gobierno de la Ciudad, Cáritas, los Hogares de Cristo, el padre Tonga” Y se preguntó: “¿Cuánta gente está laburando acá atrás? ¿Cuánta gente está poniendo sus manos, su vida, su corazón para que hoy, escuchando el clamor de tantos que la están pasando mal en la calle, digamos: queremos tenderles la mano? Y este lugar es un poco esa mano de Dios en el corazón de nuestra ciudad”.
Tender la mano al otro
Para concluir su homilía propuso: “Les propongo entonces que todos, le demos gracias a Dios por las manos de Dios que hemos recibido en los momentos que nos sentimos tirados al borde del camino. En segundo lugar, les propongo que esa mano que alguna vez me dieron, también yo sea capaz de dársela a otro. Este parador quiere ser eso: tendamos la mano a los que necesitan”.