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Celebración de la Santa Misa para pedir por la salud del Papa Francisco

por Justina Kleine

En una tarde cargada de emoción y fraternidad se realizó la Celebración de la Santa Misa para pedir por la salud del Papa Francisco. Ante feligreses que se acercaron de diversas partes de la ciudad, comunidades, seminaristas, consagradas y obispos de distintas diócesis, Mons. García Cuerva Arzobispo de Buenos Aires, presidió la celebración desde las 17hs. 

Al mismo tiempo que en la Plaza San Pedro en Roma miles de fieles se unieron a rezar junto a los cardenales por la salud del Santo Padre, en la Plaza Constitución, se llevó adelante la Santa Misa donde tantas veces el cardenal Jorge Bergoglio predicó al pueblo de Dios que peregrina en la ciudad de Buenos Aires. 

A la luz del (Evangelio de San Marcos 9, 14-29) Mons. García Cuerva en su alocución destacó: “Tomando una vez más la imagen del Evangelio de hoy, pensaba que cuando dice para todos, también es para aquellos que, como el enfermo, crujen los dientes. Y quizá no echan espuma por la boca, pero si echan descalificaciones, mentiras, calumnias, de las que el Santo Padre ha sido víctima a lo largo de todos estos años”.

Luego, refiriéndose al pontificado subrayó: «Le hemos querido enseñar casi de manera atrevida lo que significaba ser Papa. Como si nosotros tuviéramos el manual para eso. Y sin embargo nos quiso, y sin embargo nos quiere, y sin embargo nos tiene en su corazón. Eso es propio de un padre amoroso. Ese es Francisco, el Papa de todos, pero que sabemos que en su corazón hay mucho de argentino y mucho de porteño”.

También, recordando el paso del Papa Francisco en la Arquidiócesis añadió: “Justamente, quizá pensando en estos rostros concretos con los que tantas veces se cruzó Bergoglio en esta plaza y por las calles de Buenos Aires, es que desde el comienzo de su pontificado nos insistió y nos enseñó que seamos una iglesia hospital de campaña. Una iglesia que reciba a los heridos de la vida. Una iglesia en la que se abrace con la ternura tanto dolor, sabiendo que muchos hermanos no viven como quieren sino como pueden. Y entonces, que nuestra iglesia con un rostro maternal abrace. Abrace a los heridos de la vida, abrace a tantos excluidos, abrace a todos”.

Reflexionando sobre el pontificado del Santo Padre mencionó: “Leí algo muy lindo, que la presencia, la vida, el pontificado de Bergoglio, del Papa Francisco, es una bocanada de aire puro, es una bocanada de oxígeno para un mundo asfixiado por la violencia, asfixiado por el egoísmo, asfixiado por la exclusión. Será por eso que él ahora, que le falta un poco el oxígeno, necesita de nosotros. Que nuestra oración sea esa bocanada de aire puro que llegue a sus pulmones para que recupere su salud”.

Para concluir su homilía destacó: “Querido Francisco, estamos con vos. Como aquel sordo mudo del Evangelio también nosotros queremos ponernos de pie y nos queremos tomar de la mano de María de Luján, de la que sabemos que sos tan devoto. Y te pedimos que no aflojes porque te necesitamos mucho. ¡Viva el Papa Francisco! ¡Viva el Papa Francisco!”


 

Homilía de Mons. García Cuerva en la Misa por la Salud del Papa – Plaza Constitución, 24 de febrero de 2025

En el Evangelio que proclamamos recién, Jesús cura a una persona que era sordo muda. Celebramos hoy esta misa por la salud del Papa en esta plaza en la que más de una vez Francisco, cuando era el Cardenal Bergoglio, decía que muchos se hacen los sordos y no quieren escuchar el clamor, el grito de las víctimas de la injusticia y de la exclusión.

Una plaza donde muchos parecen mudos porque eligen no hablar de lo que pasa. No hablar de tantos rostros concretos que expresan tanta marginación. Y así, todos un poco sordos, todos un poco mudos. Y por eso en esta plaza. Porque en esta plaza el Cardenal Bergoglio levantaba su voz profética denunciando tanta injusticia, clamando junto con los más pobres por justicia y por mejores condiciones de vida.

Alguna vez en esta plaza, Francisco decía que nuestra sociedad está llena de hombres y mujeres apaleados, golpeados al borde del camino. Que algunas organizaciones ligadas a la trata y al narcotráfico hacen de ella una fábrica de esclavos, una verdadera picadora de carne. Palabras fuertes que muestran cuánto esta plaza y su realidad más dura significaban y significan en el corazón de Bergoglio.

Y justamente, quizá pensando en estos rostros concretos con los que tantas veces se cruzó Bergoglio en esta plaza y por las calles de Buenos Aires, es que desde el comienzo de su pontificado nos insistió y nos enseñó que seamos una iglesia hospital de campaña. Una iglesia que reciba a los heridos de la vida. Una iglesia en la que se abrace con la ternura tanto dolor, sabiendo que muchos hermanos no viven como quieren sino como pueden. Y entonces, que nuestra iglesia con un rostro maternal abrace. Abrace a los heridos de la vida, abrace a tantos excluidos, abrace a todos.

También el Papa Francisco nos insistió en estos años a ser callejeros de la fe. Testigos de Jesús resucitado en la vida cotidiana. Por eso nos dijo tantas veces, «prefiero una iglesia accidentada por estar en la calle que una iglesia enferma, encerrada en sí misma», que se mira el ombligo en la sacristía. (Aplausos de los fieles)

También Bergoglio nos insistió con ser una iglesia familia, donde haya lugar para todos, para todos. Y entonces, cómo no recordar su encuentro con los jóvenes en la última Jornada Mundial de la Juventud, donde les hizo repetir al millón, o dos millones de jóvenes, porque eran muchísimos, que la iglesia tiene que tener lugar para todos. Y todos gritaban «para todos, para todos, para todos».

Él como padre de todos, preocupado por todos, siempre quiso que la iglesia fuese la casa grande con lugar para todos. También pienso cuando decimos para todos, que es para todos: para los que creen y piensan como nosotros, y también para los que creen y piensan en otra cosa.

Tomando una vez más la imagen del Evangelio de hoy, pensaba que cuando dice para todos, también es para aquellos que, como el enfermo, crujen los dientes. Y quizá no echan espuma por la boca, pero si echan descalificaciones, mentiras, calumnias, de las que el Santo Padre ha sido víctima a lo largo de todos estos años.

Por eso Francisco, con la autoridad moral que lo caracteriza, a lo largo de estos años nos enseñó que hay que aprender a dialogar. Que hay que aprender a forjar, entre todos, la cultura del encuentro, frente a la cultura del descarte. Que no podemos dividirnos como sociedad entre amigos y enemigos, entendiendo que el que piensa otra cosa es mi adversario para siempre.

Como Papa, nos insistió una y mil veces con la fraternidad universal. Qué lindo que hoy, que nos juntamos a rezar por él, podamos empezar a vivir aquello que tanto nos enseñó, que somos hermanos y que entre todos tenemos que construir una patria de hermanos. (Aplausos de los fieles)

Creo, como he dicho ya varias veces, que los argentinos a Bergoglio no lo hemos dejado ser Francisco. Lo hemos metido siempre en el barro de nuestras discusiones estériles. Lo hemos metido en nuestras grietas, preguntándonos si le sonreía o no al presidente de turno en la foto. (Aplausos de los fieles)

Le hemos querido enseñar casi de manera atrevida lo que significaba ser Papa. Como si nosotros tuviéramos el manual para eso. Y sin embargo nos quiso, y sin embargo nos quiere, y sin embargo nos tiene en su corazón. Eso es propio de un padre amoroso. Ese es Francisco, el Papa de todos, pero que sabemos que en su corazón hay mucho de argentino y mucho de porteño.

Hoy nos reunimos para rezar por su salud, hoy su fragilidad quiere ser nuestra fortaleza. Hoy también, rezando por él, le pedimos perdón a Dios por las veces que lo hemos descalificado, lo hemos acusado, lo hemos manchado en su honor. Y él siempre nos respondió desde el Evangelio con una absoluta misericordia. Que ojalá su magisterio y su pontificado lo pongamos en práctica de una vez por todas.

Leí algo muy lindo, que la presencia, la vida, el pontificado de Bergoglio, del Papa Francisco, es una bocanada de aire puro, es una bocanada de oxígeno para un mundo asfixiado por la violencia, asfixiado por el egoísmo, asfixiado por la exclusión. Será por eso que él ahora, que le falta un poco el oxígeno, necesita de nosotros. Que nuestra oración sea esa bocanada de aire puro que llegue a sus pulmones para que recupere su salud. (Aplausos de los fieles)

Querido Francisco, estamos con vos. Como aquel sordo mudo del Evangelio también nosotros queremos ponernos de pie y nos queremos tomar de la mano de María de Luján, de la que sabemos que sos tan devoto. Y te pedimos que no aflojes porque te necesitamos mucho. ¡Viva el Papa Francisco! ¡Viva el Papa Francisco!

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