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Homilía Mons. García Cuerva XXVI Domingo de Tiempo Ordinario

por prensa_admin

Lectura del santo evangelio según san Mateo Mateo 21, 28-32

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: ‘Hijo, ve a trabajar hoy en la viña’. Él le contestó: ‘Ya voy, señor’, pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Éste le respondió: ‘No quiero ir’, pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?» Ellos le respondieron: «El segundo».

Entonces Jesús les dijo: «Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas, sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él».

Palabra del Señor. 


El evangelio de hoy de San Mateo, capítulo 21, nos plantea un hombre que tenía dos hijos. Y nuevamente nos tiene que llamar la atención, esto de dos hijos ¿Cuántos pasajes bíblicos, justamente nos hablan de dos hijos? Caín y Abel, Jacob y Esaú, Marta y María, como hermanas, y el padre misericordioso que también tiene dos hijos. 

En realidad, esto de dos hijos, dos hermanas, nos habla también un poco de nosotros. Todos nosotros tenemos un poco de ambos en nuestro interior, con lo cual no lo tenemos que pensar solamente como dos personas separadas, sino como dos hermanos que están dentro nuestro, dentro nuestro hay un poco de Caín, hay un poco de Abel. Dentro nuestro hay un poco de Marta hay un poco de María. Dentro nuestro de un poco del hijo mayor y del hijo menor de la parábola del padre misericordioso y también dentro de nuestro hay un poco  de estos dos hermanos, de estos dos hombres, uno que dice: `Sí voy´, y después no va, otro que dice: `No quiero´ y después va. 

Cuando son invitados por este padre a trabajar en la viña, en realidad son invitados a ser testigos de Dios en la realidad. Ser discípulos misioneros podríamos decir, en lenguaje del documento de Aparecida en la vida cotidiana. Son invitados a vivir el Evangelio, son invitados a comprometerse con los valores del Evangelio en la realidad cotidiana. 

Un poco esa es la invitación de trabajar en la viña que hace hoy el padre a estos dos hijos. Uno de ellos dice: “Voy, Señor”, pero después no fue. En realidad, podríamos decir que representa esas respuestas automáticas que podemos dar, diciendo rápidamente que `Sí´, o incluso una religiosidad un poco automática. Vivir nuestra fe en una manera rutinaria, como que la fe queda en la boca, pero después no baja el corazón y tampoco baja las acciones. 

Podríamos pensar este hijo que dice “Voy Señor”, pero no fue, no está un poco sentado sobre los laureles, como podemos estar sentados nosotros, creyendo que con nuestro primer `Sí´, con la primera vez que les dijimos que `Sí´ a Dios es suficiente, como que ya está. Y entonces nos quedamos nada más que en buenos propósitos. 


Creo que cada uno de nosotros, como decíamos al principio, puede haber un poco de este hijo. Concretamente este que dice rápidamente `Sí´ y después no va. Se queda en palabras, se queda en esta respuesta automática, quizá tal vez creyéndote con ese primer sí religioso que alguna vez vimos es suficiente. 

El otro, el hermano, dice: “No quiero”, pero la lectura es interesante porque nos dice que después se arrepintió y fue. Aquí creo que lo que nos quiere resaltar el evangelio es el valor del arrepentimiento, el poder escuchar la voluntad de Dios en nuestro corazón y recapacitar. 

Hemos hablado el domingo pasado sobre el tema del perdón, pero qué importante complementar el tema del perdón con el tema del arrepentimiento.
Es tomar conciencia de que tal vez a veces decimos una cosa y después hacemos otra. El poder reconocer nuestra falta, reconocer nuestro pecado, reconocer nuestra incoherencia, reconocer un poco nuestra hipocresía y valientemente arrepentirnos. Y entonces, sí dijimos: “No voy”, igual o “No quiero” poder cambiar. 
De eso se trata el arrepentimiento, de darnos cuenta y de cambiar y darnos también a nosotros mismos otra oportunidad. 

En realidad, lo que nos demuestra este segundo hijo es que no cuentan las palabras, sino las obras. En palabras, él dijo “No quiero”, pero después va a la viña. 
Hay un dicho que dice: “Obras son amores, no buenas razones”. Y en realidad lo que se está queriendo decir es que son más importantes los hechos reales que las promesas vacías. Por eso, tomando conciencia que hay dentro nuestro, hay un poco de este hijo que dice: “Sí, voy” automáticamente, sosteniéndose en el primer `Sí´ que quizás le dio a Dios y después dándonos cuenta que nos quedamos en palabras y  hechos que tenemos también dentro nuestro este que dice rápidamente “No quiero”, pero después se arrepiente porque nosotros también tenemos algo de este hijo. 

Podemos hoy dejarnos iluminar también por el evangelio y reconocer ¿Cuántas veces decimos `paz´ y en realidad después hacemos la guerra entre nosotros y nos tratamos violentamente con palabras armadas? Como nos recordaba el Papa León XIV en el mensaje que nos dio en la Cuaresmas ¿Cuántas veces decimos `solidaridad´, `generosidad´ y después somos terriblemente egoístas e individualistas? ¿Cuántas veces predicamos o hablamos del perdón? 
Pero después actuamos de manera vengativa  y rencorosa en los vínculos entre nosotros. Será que entonces podremos sostén nuestro sí a la fraternidad, podremos sostener nuestro sí al diálogo o una vez más nos quedaremos sólo en palabras. 

Jesús, luego de dar este ejemplo de este padre con estos dos hijos, le dice a los sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
”Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegarán antes que ustedes al reino de Dios”. Porque es verdad, los publicanos le dijeron inicialmente que no a Dios, llevan una vida en la que son traidores al pueblo judío, roban, se quedan con los vueltos, decían estos que recaudaban los impuestos `Están fuera de la ley´. Sin embargo, cuando Jesús les ofrece su amistad, le dicen que sí. 
Pensemos en saqueo, ese recaudador de impuestos, acusado de ladrón, vivía al margen de la ley, pero cuando Jesús le ofreció su amistad y le dijo, Zaqueo, baja pronto, hoy quiero alojarme en tu casa, Zaqueo le dijo que sí, se arrepintió y compartió su bien con los más pobres. 

Podemos pensar en Mateo, que también era un publicano recaudador de impuestos y cuando Jesús le dijo, “Sígueme”, Mateo se puso de pie y lo siguió a Jesús. 
Entonces, es verdad, los publicanos inicialmente le dicen que no a Dios, viera al margen de la ley, judía, pero después cuando Jesús les ofreció mitad, le dicen que sí. 

Las otras figuras que también toma hoy el evangelio son las prostitutas. Y aquí también tal vez dijeron que no cuando inicialmente no quisieron seguir la voluntad de Dios o tenían una vida licenciosa pero luego, cuando Jesús les ofrece su amistad, ellas también le dicen que sí. Recordemos, por ejemplo, aquella mujer que riega, los pues Jesús con sus lágrimas y los seca con sus cabellos. ¿Cómo debe haber sacudido a los oyentes, a estos ancianos y a estos sacerdotes está a comparación? 


Escuchar que Jesús le dice “Los publicanos y las prostitutas entrarán antes de ustedes al reino de los cielos” ¿Cuánta gente que, tal vez, nosotros creemos que viven al margen de Evangelio? Sin embargo, cuando Jesús ofrece su amistad, le dicen que “Sí”. 
De ellos también tendremos que aprender. 

El Papa Benedicto XVI, respecto a este evangelio, dice que en realidad, es verdad, son dos hijos. Uno que cuando es invitado a trabajar en la viña dice, “No quiero” y después va. 
Y otro que dice “Voy” , pero después no fue. El Papa Benedicto agrega un tercer hijo. Dice que ese tercer hijo es el mismo Jesús, el mismo Jesucristo, que dice que “Sí” y que cumplió la voluntad del padre con humildad y con obediencia. 

Tal vez, tengamos que pensar también en este tercer hijo que lo que dice el papa Benedicto. Poder decir que «Sí» y ser coherentes entre lo que decimos y lo que hacemos. Y así tenemos el modelo de Jesús que le dijo que sí a la voluntad del Padre, le cumplió con obediencia y con unidad. 


Estamos preparándonos para la visita del Papa León XIV. Seguramente en esos días todos diremos que sí, a la convocatoria, todos estaremos contentos con su presencia. Todos hablaremos, cantaremos la unidad, la fraternidad.
Todo estaremos muy contentos y felices y escucharemos el lema: “Bienvenidos todos, vayan y anuncien». Habrá muchas palabras. 
Nos quedará a todos en enorme compromiso que cuando el Papa ya no esté entre nosotros físicamente podamos concretar en hechos todo lo que aprendamos y volvamos en esos días. 

En ese sentido, creo que este evangelio será entonces iluminador. Le diremos que sí a la visita del Papa, le diremos que sí a la unidad del pueblo argentino, le diremos que sí a la fraternidad y al diálogo, le diremos que sí a la paz y a la solidaridad. 
Ojalá después esas palabras las pongamos en hechos, la pongamos en actos concretos, porque como decía este dicho popular, “Obras son amores, no buenas razones». Amén.

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