El martes 29 de septiembre se celebró la Santa Misa con los servidores de la Peregrinación a Luján 2026 que estuvo presidida por Mons. García Cuerva. En el Santuario de San Cayetano de Liniers, la Diócesis de Quilmes entregó la imagen peregrina de la Virgen de Luján a la Diócesis de Lomas de Zamora que llevará a la imagen durante la peregrinación el 3 y 4 de octubre.
Delante de servidores, integrantes de la comisión de Piedad Popular, socorristas y peregrinos, el arzobispo de Buenos Aires a la luz del evangelio que se leyó dijo en su homilía: «El relato del evangelio de hoy es en el contexto de una fiesta y una fiesta de boda, una fiesta en la que se festeja, una fiesta en la que se la pasa bien y cada uno de nosotros llamados a ser testigos de la alegría del Evangelio«.
Alegres, fraternos y servidores esperanza
«Que María a cada uno de los peregrinos, a cada uno de los voluntarios, nos regale la alegría. La peregrinación tiene que ser una fiesta. No será una fiesta de casamiento, pero tiene que haber un espíritu festivo, un pueblo que tiene una meta común, un pueblo que tiene un horizonte: Llegar a la casa de la Madre» explicó Mons. García Cuerva.
«El primer don tiene a pedirle a esta peregrinación 2026 es la alegría. La alegría que tuvo María y los discípulos de Jesús en las bodas de Caná. La alegría que tenemos que tener cada uno de nosotros como servidores, peregrinos en esta peregrinación a Luján 2026«.
Luego sostuvo: «Me parece que el se segundo don que le podemos pedir a la virgen es que frente a lo que falte, frente a lo que no salga bien, que puede pasar somos humanos y somos 1 millón de personas, no es estar buscando culpables, y criticando, sino al contrario, ofrecérselo a Jesús como hace ella«.
En el abrazo de María reconocernos hermanos
También en su homilía reflexionó: «Nosotros como servidores también queremos ayudar a Jesús en este milagro que no nos podemos acostumbrar a vivir año tras año. El milagro de un pueblo unido, de fe, de esperanza que no baja los brazos y sigue confiando su vida a la virgen de Luján. No podemos domesticar la peregrinación, no podemos ser servidores acostumbrados a que siempre pasa lo mismo, al contrario, nos tenemos que dejar ganar la sorpresa, porque la peregrinación en sí misma, toda ella es un milagro«.
«Tenemos que mirarla, disfrutarla, tocarla con delicadeza, con la delicadeza que se toca a lo sagrado, la peregrinación es algo sagrado, es algo de Dios. Milagro de Jesús. Y nosotros somos los servidores que ayudamos a que se haga el milagro» explicó y finalizó diciendo: «Que nos haga a todos servidores de esperanza. Lo mejor está por venir y prueba de eso es que más allá del cansancio, más allá de decir `No doy más´, nosotros mismos con nuestro testimonio podremos contagiar a los peregrinos para que sigan adelante, porque lo mejor es llegar a la casa de María, dejarnos abrazar por ella y en el abrazo de María reconocernos hermanos. Amén«.

Santa Misa con los servidores de la Peregrinación a Luján 2026.