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Bendición de las Torres de Luz en la parroquia San Benito

por Justina Kleine

En el marco de las celebraciones por las fiestas patronales de la parroquia San Benito Abad, la comunidad parroquial vivió una jornada de inmensa alegría y fe con la bendición oficial de las nuevas «Torres de Luz» y del vitró de la medalla de San Benito.

La celebración, presidida por el Arzobispo de Buenos Aires, Mons. Jorge García Cuerva, reunió a cientos de fieles, vecinos y devotos de San Benito que se congregaron para dar gracias por este logro material y espiritual que embellece el templo y marca un hito en todos los años de labor comunitaria.

Detrás de estos pilares de piedra y cristal se esconde el esfuerzo comunitario de catorce años de trabajo ininterrumpido, impulsado con el claro propósito de manifestar visiblemente la luz de la fe que sostiene al barrio. Un recordatorio de que los templos de piedra solo cobran verdadero sentido cuando albergan y cobijan a una comunidad viva, unida y dispuesta a ser testimonio de esperanza.

Un faro de esperanza para el barrio y la ciudad

La culminación del vitró y las torres, tras más de una década de trabajo y donaciones voluntarias, es el fiel reflejo de una Iglesia que se construye con el aporte y la oración de todos. Cada fragmento de vidrio de color que hoy filtra la luz solar hacia el altar lleva impreso el agradecimiento, el dolor, la plegaria y el compromiso de familias que se negaron a bajar los brazos frente al desafío de la terminación del templo.

Al encenderse las nuevas luces de las torres, la parroquia San Benito Abad renueva su misión de ser un espacio de puertas abiertas. El camino recorrido demuestra que las obras más duraderas son aquellas que maduran con la paciencia comunitaria.

Ser jardineros de la propia vida frente a las tormentas del desánimo

Durante su homilía, Mons. García Cuerva interpeló a los fieles al invitarlos a convertirse en verdaderos «jardineros de su propia vida». Con palabras sencillas pero directas, el arzobispo exhortó a revisar qué tipo de semillas permiten germinar en su interior, advirtiendo sobre el peligro de dejar crecer la maleza de la desesperanza y la amargura en un contexto social que muchas veces empuja al aislamiento.

En este sentido, Mos. García Cuerva hizo especial hincapié en la necesidad de cuidar el corazón de los mensajes tóxicos que circulan con velocidad en las redes sociales y los medios digitales. Lejos de dejarse arrastrar por el desánimo o la queja estéril, el llamado del arzoispo se orientó a cultivar activamente el buen trato, la paciencia y la alegría comunitaria, transformando la parroquia en un oasis de contención y fraternidad para todo el barrio.

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