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Entrevista a Diego Ortiz Mugica

por diegofelizia

A poco de cumplirse los 50 años del martirio del Padre Carlos Mugica, el próximo 11 de mayo, en el programa Poliedro entrevistaron al sobrino del sacerdote, Diego Ortiz Mugica, fotógrafo que actualmente vive en San Carlos de Bariloche.

Tenía 12 años cuando su tío, el que jugaba a la pelota con él, pero también el que llevaba la voz de los más pobres, fue asesinado a la salida de la Iglesia de San Francisco Solano en Villa Luro.

«No fue un tío más» recuerda Diego, hijo de la menor de los sies hermanos que tenía el sacerdote. La familia Mugica era de raigambre político, bien acomodada. El papá de Carlos, Don Adolfo Mugica, fue diputado nacional y minisitro de relaciones exteriores. Cuenta Diego que su abuela, Carmen, era una mujer de profunda espiritualidad y que siempre le pedía a Dios tener un hijo cura. «Y vaya si se lo dio!» expresa.

Diego relata a Carlos desde sus recuerdos de niño y desde anécdotas familiares: «Era muy jodón», dice describiendo el espíritu alegre de su tío. «Un apasionado, le encantaban las bromas; un tipo que iba a fondo en todo», por eso en el Seminario le decía: «la bestia».

Los Múgica, fanáticos de Racing, vivian el fútbol en todo ámbito. En el barrio jugaban a la pelota con los primos y vecinos; y «Carlos era quien manejaba el partido […] era el único que tenía reloj, y estiraba el partido hasta empatarlo»

Una foto antigua de la capilla original, actual Parroquia Cristo Obrero ubicada en Retiro, fue restaurada y recuperada por la familia (se puede ver en el programa). «Esta capilla se la hizo su hermano Alejandro» describe Diego. En ella se ve el barrio en sus comienzos: paredes de ladrillo y techo a dos aguas, la pequeña habitación del sacerdote pintada de blanco, containers de fondo, un par de canillas. Al descampado, pero presente.

Recordando las tardes de metegol, los helados que tomaban juntos y cómo eran los fin de semanas en la cancha, cuenta Diego una tarde en que el equipo de Avellaneda hace un gol; «en ese partido un fanático tuvo un episodio cardíaco y Carlos se puso a rezar junto a él mientras llegaba un médico», en el interín el equipo hace otro gol, pero nada lo apartó de su rezo y acompañia.

«Era mí tío piola, cómo lo podían matar?» revive Diego aquel 11 de mayo de 1974. Su entierro en el cementerio de la Recoleta está plasmado en el recuerdo popular, pero su sobrino estuvo ahí: «Era un crisol, gente de todo tipo, de todos lados, todos lo querían».

La familia Mugica ha recolectado todos los recuerdos del sacerdote y los entregaron a la Iglesia para mantener viva su memoria y su legado. Fotos, escritos y pertenecias que hoy nos permiten revivir su espíritu, conocer su pastoreo y seguir los pasos de este cura que dejó la vida llevando la palabra de Dios y acompañando a los más descartados. «Si eso no es seguir a Jesús, qué es seguir a Jesús?», afirma su sobrino, a 50 años de la partida del Padre Carlos Mugica.

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