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Homilía Mons. García Cuerva – Solemnidad de la Santísima Trinidad

por Facundo Fernandez Buils

EVANGELIO

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     28, 16-20

Después de la Resurrección del Señor, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de Él; sin embargo, algunos todavía dudaron.
Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que Yo les he mandado. Y Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.»

Palabra del Señor.


Homilía Mons. García Cuerva – Solemnidad de la Santísima Trinidad. 26 de mayo de 2024 – Catedral Metropolitana

Celebramos hoy la solemnidad de la Santísima Trinidad y seguramente más de una vez nos habrán dicho “la Santísima Trinidad es un misterio y como tal hay que creerlo y nada más” (ni más ni menos). Sin embargo, creo que las lecturas de hoy nos permiten adentrarnos un poquito en este misterio, en este misterio de la Santísima Trinidad, de este Dios familia, de este Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. 

La primera lectura del libro del Deuteronomio nos habla de un discurso de Moisés al pueblo, un discurso en el que Moisés le hace recordar al pueblo la acción de Dios en su vida, pero digo que no solamente le hace recordar sino también le hace saborear la presencia de Dios en su vida, le hace tener una memoria agradecida por todo lo que Dios ha hecho por el pueblo. Y aquí quizá la primera consigna para compartir, podremos nosotros cada uno también hacer memoria agradecida por el paso de Dios en mi vida, un Dios que como nos dice Moisés está en los cielos pero también está entre nosotros y nos acompaña, un Dios que oyó nuestro clamor y entonces también sale a nuestro encuentro, un Dios que no se desentiende de nuestra vida sino que la acompaña, que está cerca. 

Esta lectura del libro del Deuteronomio nos muestra, entre otras características, la característica de un Dios liberador, un Dios que libera a su pueblo de la esclavitud de Egipto, un Dios que libera a su pueblo de la opresión, un Dios que acompaña a su pueblo a lo largo del desierto hasta la tierra prometida. ¿Y por qué les digo que nos quedemos con esta idea del Dios liberador? Porque después volveremos sobre ella más adelante. 

La segunda lectura también nos habla de otras características de Dios, así como la primera lectura nos hace hacer memoria agradecida por la presencia de Dios en nuestra vida y nos habla del Dios liberador, la segunda lectura nos habla de un Dios con el que podemos tener muchísima confianza y llamarlo “Abba”, es decir, Padre. Algunos dicen que en realidad este Abba no significa Padre sino más Papá, Papito, una relación de mucha confianza con Dios. El Dios liberador que nos habla la primera lectura, el Dios Papá, el Dios Papito del que nos habla la segunda lectura. 

Y después el Evangelio donde nos dice que los discípulos son citados en Galilea por Jesús y la pregunta que nos podemos hacer es ¿por qué son citados en Galilea? Y en realidad son citados en Galilea porque justamente fue en Galilea donde los discípulos lo conocieron a Jesús, fue en Galilea donde los discípulos fueron llamados por Jesús, fue en Galilea donde sintieron a Jesús sus primeras palabras, donde vieron los primeros milagros de Jesús, donde lo experimentaron al Señor. Los cita en Galilea porque también quiere que los discípulos se saquen de la cabeza y del corazón quizá aquellas imágenes terribles de lo que significó en Jerusalén la condena a muerte y la crucifixión. Por eso los cita en Galilea. 

¿Y por qué digo todo esto? Porque me acuerdo de una canción que escribió un sacerdote y poeta, Julián Zini, correntino él, una canción que se llama “Dios Familia” y él dice: “y es que Dios es Dios Familia, Dios Amor, Dios Trinidad, de tal palo, tal astilla, somos su comunidad. Y es que Dios es Dios Familia, Dios Amor, Dios Trinidad, de tal palo, tal astilla, somos su comunidad”. Si Dios es un Dios liberador, nosotros también tenemos que parecernos a Dios, de tal palo, tal astilla, fuimos creados a su imagen y semejanza. ¿Será que nosotros somos verdaderamente hombres y mujeres libres que ayudamos a liberarse a otros de la opresión del miedo, de la opresión de la droga, de la opresión de la soledad? ¿Será que estamos cerca de otros y los ayudamos a ser más protagonistas de su propia vida, ayudándolos a liberarse de angustias, de miedos, de culpas, de soledades, de adicciones? Porque nos tenemos que parecer a nuestro Dios, de tal palo, tal astilla. 

La segunda lectura decía que Dios es un Dios papá, un Dios con el que podemos tener confianza. ¿Será que nosotros nos parecemos a nuestro Dios y tratamos de estar cerca de los demás y que nuestra presencia despierte ternura, nuestra presencia despierte confianza? ¿Será que nuestra vida habla de un Dios cercano o tenemos un modo de ser condenatorio, que juzga, que señala y entonces parecemos aquellos que condenan y juzgan pero no nos parecemos a nuestro Dios, el Dios papá, de tal palo, tal astilla? Y como les dije, los discípulos fueron convocados en Galilea, así nos dice el Evangelio. Allí tenemos que volver para encontrarnos con el Dios Trinidad. Allí a Galilea tenemos que volver para encontrarnos con Jesús, que es el rostro de la misericordia de Dios. 

Por eso creo que hoy tenemos como dos grandes acciones. Por un lado el desafío de parecernos a nuestro Dios, porque de tal palo, tal astilla. Parecernos a nuestro Dios es hoy también ayudarse a liberarse de tantos miedos, angustias y soledades a tantos hermanos que la están pasando mal. Parecernos a Dios es también con nuestras actitudes y nuestra vida mostrarles que Dios es pura ternura, el Dios papá, el Dios que no juzga, el Dios que no condena. Pero para parecernos a nuestro Dios tenemos que nutrirnos de nuestro Dios y entonces tenemos que volver a Galilea. Y alguno me dirá, ¿y dónde es Galilea?, ¿tengo que viajar hasta Medio Oriente? No, tenés que volver al Evangelio hermano, porque ahí nos habla de Jesús, el Evangelio nos habla del Señor y toda la vida de Jesús es hablarnos de Dios. 

Vamos entonces a pedirle hoy al Señor por un lado parecernos a Él, que fuimos creados a su imagen y semejanza, de tal palo, tal astilla. ¿Soy alguien que ayuda a liberarse de miedos, soledades y angustias a los demás? Parecernos a nuestro Dios. ¿Soy testigo del amor, de la ternura del Dios, del Dios papá, del Dios que está cerca, del Dios que genera confianza? ¿Y cómo hago? Volvé al Evangelio, volvé a sacar ese libro que quizá tenemos entre otros, quizás hay que sacudirle un poco el polvo, volver a leer los Evangelios y volver a buscarlo a Jesús: leer una parábola, leer una lectura, leer todas las cosas que hizo Jesús, porque toda la vida de Jesús habla de Dios. Volviendo a Galilea, que es volver a la Palabra de Dios, será un modo concreto de conocer más a Dios y conocer más a Dios nos generará mayor responsabilidad para habernos desafiados a parecernos a Él. 

La Santísima Trinidad, entonces, no es solamente un misterio, también es un desafío, y es que “Dios es Dios familia, Dios amor, Dios Trinidad, de tal palo, tal astilla, somos su comunidad”, que ojalá con nuestra vida le mostremos a los demás quién es Dios. Amén.

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