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Vigilia Pascual en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires

por Justina Kleine
Vigilia Pascual en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires

El arzobispo Jorge García Cuerva celebró la Vigilia Pascual en la Catedral Metropolitana junto con los fieles de la ciudad. En el templo, iluminado a medias, se respiraba la expectativa de una celebración única, diferente a todas las demás.

La liturgia de la luz

El fuego estaba encendido en la puerta de la Catedral Metropolitana, cuando la celebraci{on comenzó. El arzoispo, bendijo la luz y el cirio. Fueron ingresnado al templo por el pasillo central mientras la luz se exparcía con las velitas de los fieles.

El silencio profundo sólo era interrumpido por la voz del diácno que proclamaba: «La luz de Cristo» a lo que todos respondían a coro: «Demos gracias a Dios«. Al llegar al altar, el arzobispo incensó el nuevo cirio que presidirá todas las celebaciones del año hasta la próxima pascua.

El solista entonó el pregón pascual, recordando que en «esta noche dichosa», el «cirio, columna de fuego», es signo de la vida Cristo. Porque «al cumplirse el tiempo, Dios salvó a su pueblo», regalándole la resurrección a la vida eterna.

La liturgia de la Palabra

En esta celebración especial, la asamblea comparte diversas lecturas y salmos que recorren la historia de la Salvación. Comenzando por la creación del hombre, la liberación de los Egipcios a través del Mar Rojo, y la profecía de Ezequiel de la Alianza hasta el Gloria por la Resurrección de Cristo y el anuncio de San Pablo y los apóstoles a todos los pueblos.

«Para recibir una buena noticia, tenemos que estar predispuestos«, comenzó su homilía el arzobispo. «El Evangelio nos relata que hubo un gran temblor de tierra… puede ser un buen signo, para que la resurrección de Jesús nos cuestione. La resurrección de Jesús nos replantee ¿Cómo vivimos? La resurrección de Jesús nos comprometa».

Recordando la imagen del Ángel de Dios sentado sobre la piedra del sepulcro, Mons. García Cuerva reflexionó: «cuando estamos sentados sobre los problemas, estamos como estancados, estamos paralizados en nuestras dificultades, en nuestros problemas familiares, en nuestros problemas económicos, nos quedamos como paralizados, sentados arriba de nuestras piedras. Y el evangelio nos dice, que al que hay que dejar sentar sobre nuestros problemas es al Ángel de Dios… Confiemos nuestras dificultades y problemas a Dios».

El arozbispo destacó dos grupos de personas del Evangelio: los soldados y las mujeres. «Los soldados que dice el Evangelio que temblaron de espanto y quedaron como muertos… A veces, nosotros también podemos vivir como muertos… Vivir con el corazón helado, con el corazón frío. Nada nos conmueve, nada nos apasiona, nada nos interpela. Vivir como muertos es vivir durando, respiramos porque el aire es gratis, pero no le ponemos garra a la vida».

Por otra parte recordó a las mujeres: «En ellas se da una tensión fuerte, la tensión entre el temor y la alegría… Tienen algo lindo, buscan a Jesús, buscan a Jesús, y entonces, se dejarán encontrar por Él. No es detalle menor que dice el Evangelio también, que se alejaron rápidamente del sepulcro. No se quedan estancadas en el sufrimiento«.

Jesús resucitado, danos tu paz

Recordando el lema arquidicoesano para esta Pascua, «Jesús resucitado, danos tu paz«, Mons. García Cuerva repasó los momentos de la liturgia de esta celebración de la Vigilia Pascual. «En esta Vigilia Pascual, hemos comenzado en la oscuridad. La oscuridad de la muerte, la oscuridad de la guerra, la oscuridad de la tumba. Y tímidamente fuimos encendiendo nuestras luces, porque seguimos creyendo en la luz de la paz».

«Luego, la liturgia de la palabra. Frente al silencio y el no diálogo, nosotros hablamos escuchando la palabra de Dios. Un Dios que nos habla, un Dios que entra en diálogo con la humanidad. Frente al no diálogo de la intolerancia y de la guerra, volver a insistir con la necesidad de la palabra y del diálogo para generar acuerdos y construir la paz», destacó.

«Ahora haremos la liturgia del agua. Frente a la muerte, la fecundidad del agua, el signo de la vida. Frente al desierto que provoca la guerra, frente a la aridez de los vínculos, seguimos apostando por la vida, por la vida reflejada en el agua», y finalizó explicando: «Y luego, la liturgia de la Eucaristía. Frente al hambre que genera la guerra, queremos compartir el pan, y ser pan para los hermanos«.

La belleza de una celebración compartida

El Arzobispo destacó: «Hoy hablar de paz es revolucionario«, y concluyó: «Por eso, Señor resucitado, danos tu paz. En esta Pascua, te necesitamos más que nunca, que tu buena noticia transforme nuestros corazones, transforme nuestra Argentina, transforme el mundo, y nos regale a todos el don de la paz. Amén».

La Vigilia Pascual fue el culmen de todas las celebraciones compartidas en la Semana Santa. Miles de fieles se acercaron a la Catedral Metropolitana a lo largo de todo el Triduo Pascual. Los seminaristas de Buenos Aires estuvieron acompañando cada momento, uniendo la liturgia y la pastoral. El coro de la Catedral acompañó cada celebración con los cantos de la liturgia.

Con la alegria de la Resurrección, la Vigilia Pascual abre paso a este nuevo tiempo litúrgico: el Tiempo de Pascua; que invita a todos los cristianos a llevar la alegría de la Buena Noticia a todas partes.

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