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Vía Crucis de la ciudad en Viernes Santo

por prensa_admin

En la noche del Viernes Santo la Arquidiócesis de Buenos Aires realizó el Vía Crucis de la Ciudad. El pueblo fiel de Dios, consagradas, sacerdotes, seminaristas y obispos auxiliares, se hicieron presentes en el Vía Crucis que estuvo presidido por Mons. Jorge Ignacio García Cuerva.

Desde las 20 hs y en un clima de solemnidad comenzó el recorrido que tuvo como punto de partida Av. de Mayo y Bernardo de Irigoyen. Tras recorrer la avenida, caminar por el frente del Cabildo de la ciudad y la Casa Rosada, el recorrido concluyo en la Catedral Metropolitana de la ciudad donde el arzobispo dedicó unas palabras a los presentes.

Gestos del Vía Crucis

Este año sin lugar a dudas, está marcada por la guerra y está marcada por la violencia, por eso, el papa León XIV al comienzo del año nos pedía a todos ser constructores de una paz desarmada y desarmante. Que cada uno de nosotros ponga gestos para construir la paz y gestos para construir la reconciliación y el perdón donde sea necesario» dijo al comenzar y subrayó: «Por eso quería tomar algunos gestos del Vía Crucis que son pequeños gestos pero extremadamente violentos. La mano de aquel que abofetea a Jesús, la mano de un guardia que no sabemos su nombre pero abofetea al Señor. ¿Cuántas veces seguimos creyendo y entendiendo que las cosas se resuelven a los golpes? ¿Cuántas mujeres todavía viven los golpes en sus familias?»

«Pensaba también otro gesto; La mano acusadora de ese pueblo que grita fuerte:“Crucificalo”, “Crucificalo”. El dedo acusador, ese dedo que lastima metiéndose en la vida de los otros  condenado injustamente y con mucha facilidad. Tenemos palabras hirientes para referirnos a los demás y nos olvidamos que el Señor entregó la vida por cada uno de nosotros y que nunca nos condena» mencionó el arzobispo. 

Gestos que construyen la paz

Luego destacó: “Al mismo tiempo así como dije que en el Vía Crucis hay gestos de violencia como los hay en nuestra vida y que la guerra empieza en el propio corazón, aunque la guerra después de Medio Oriente nos quede geográficamente lejos, estamos urgidos todos a poner gestos de paz y eso es lo que le pedimos a Jesús que hoy entrega la vida por nosotros. hay abrazos que construyen la paz. El primer abrazo es el abrazo de Jesús a la cruz. Jesús no se borra, abraza el dolor propio y el de los hermanos. Es urgente que podamos abrazarnos en la solidaridad y en el compromiso”.

Además subrayó: “El segundo abrazo que construye la paz es el abrazo de Jesús con su madre. Su madre se acerca, hoy la vimos, a la Virgen acercarse al Señor, un abrazo de ternura que no necesita de palabras. Un abrazo de amor. Nos falta ser entre todos, como nos decía Francisco: `La revolución de la ternura´”.

Construir una sociedad fraterna

«Pensaba en el abrazo que también de alguna manera le da José de Arimatea al cuerpo de Jesús. El Señor quedó colgado en la cruz y este hombre se anima a decir: “Yo quiero darle una sepultura”. ¡Qué gesto! Parecería insignificante, alguno le diría: “No te ocupes de los muertos”, sin embargo, José de Arimatea pone delicadeza, pone buen trato, pone esa capacidad de ocuparse del que nadie se ocupa. De los últimos, de los que están en la cruz. Hoy hay muchos hermanos que están en la cruz. Hoy hay muchos últimos, hay muchos a los que algunos llaman: “Los nadie”, por eso, también hacemos presente hoy a los nadie, a los últimos, a los crucificados. Aquellos de los que nadie se ocupa.» reflexiono después. 

En frente de esta plaza, aunque ahora sea de noche y no se vea mucho, hay un olivo. Un olivo que plantó el Cardenal Bergoglio en marzo del año 2000 con referentes de otros credos religiosos. En frente de esta plaza, aunque ahora sea de noche y no se vea mucho, hay un olivo. Un olivo que plantó el Cardenal Bergoglio en marzo del año 2000 con referentes de otros credos religiosos. 

Antes de ingresar con el Cristo yacente a la Catedral y dirigiéndose a todos los presentes agregó: “podríamos imaginar que son un poco las lágrimas de Dios por tanta violencia, por tanta guerra, por tanta herida y por tanta grieta entre nosotros. Que ojalá también sean las propias lágrimas nuestras, que nos duela en lo profundo la falta de paz porque si lloramos al fabricar lágrimas, podemos limpiar la mirada y si limpiamos la mirada, vamos a darnos cuenta que necesitamos la paz para salir adelante. Seamos instrumentos de paz y comprometámonos este año delante de Jesús a construir una sociedad más fraterna. A definitivamente ser como sociedad y como humanidad una familia unida. Amén». 


Homilía Mons. García cuerva en el Vía Crucis de la Ciudad 

Este año, sin lugar a dudas, nuestro Vía Crucis y nuestra Semana Santa está marcada por la guerra y está marcada por la violencia, por eso, el papa León XIV al comienzo del año nos pedía a todos ser constructores de una paz desarmada y desarmante. Que cada uno de nosotros ponga gestos para construir la paz y gestos para construir la reconciliación y el perdón donde sea necesario. 

Por eso quería tomar algunos gestos del Vía Crucis que son pequeños gestos pero extremadamente violentos. La mano de aquel que abofetea a Jesús, la mano de un guardia que no sabemos su nombre pero abofetea al Señor. ¿Cuántas veces seguimos creyendo y entendiendo que las cosas se resuelven a los golpes? ¿Cuántas mujeres todavía viven los golpes en sus familias? ¿Cuántos niños que viven golpes? ¿Cuántos hermanos que viven también los golpes de la injusticia, los golpes de la descalificación, los golpes de los perjuicios? 

Pensaba también otro gesto; La mano acusadora de ese pueblo que grita fuerte:“Crucificalo”, “Crucificalo”. El dedo acusador, ese dedo que lastima metiéndose en la vida de los otros  condenado injustamente y con mucha facilidad. Nos destrozamos por las redes sociales hablando mal unos de nosotros, tenemos palabras hirientes para referirnos a los demás y nos olvidamos que el Señor entregó la vida por cada uno de nosotros y que nunca nos condena. 

Pensaba también, las manos de los que lo azotan al Señor. Lo azotan y luego le clavan los clavos en la Cruz. Parecería que sobre la herida del otro lo que tengo que hacer es lastimar más aún, creyendo que la violencia se responde y se resuelve con más violencia como si el fuego lo fuéramos a apagar con más fuego. 

Al mismo tiempo así como dije que en el Vía Crucis hay gestos de violencia como los hay en nuestra vida y que la guerra empieza en el propio corazón, aunque la guerra después de Medio Oriente nos quede geográficamente lejos, estamos urgidos todos a poner gestos de paz y eso es lo que le pedimos a Jesús que hoy entrega la vida por nosotros. 

Y pensaba que así como hay gestos violentos, hay abrazos que construyen la paz. El primer abrazo es el abrazo de Jesús a la cruz. Jesús no se borra, abraza el dolor propio y el de los hermanos. Es urgente que podamos abrazarnos en la solidaridad y en el compromiso. Es urgente entender que nadie se salva sólo aunque aquel pueblo se burlaba de Jesús y le decían: “Sálvate a ti mismo”. Por eso, abrazar la cruz de Jesús con Él es abrazar la cruz de los que sufren. Abrazar la cruz de nuestros jubilados, abrazar la cruz de nuestros hermanos discapacitados, es abrazar la cruz de los que están solos. Es la cruz de los que todavía buscan y, nos tiene que seguir doliendo, algo para comer en la basura. No nos desentendemos, el Señor abrazó la cruz, la cruz de todos porque, como también nos decía el papa Benedicto XVI, “Jesús desde la cruz nos hace hermanos”. 

El segundo abrazo que construye la paz es el abrazo de Jesús con su madre. Su madre se acerca, hoy la vimos, a la Virgen acercarse al Señor, un abrazo de ternura que no necesita de palabras. Un abrazo de amor. Nos falta ser entre todos, como nos decía Francisco, “La revolución de la ternura”. Tratarnos bien, mirarnos como hermanos más allá de las diferencias. Ser capaces de abrazarnos, ser capaces de encontrarnos, ser capaces de mirarnos para celebrar juntos y para llorar juntos. ¡Cuánto abrazo necesita nuestra sociedad! Cuando abrazo que cure heridas, que cure grietas, que nos vuelva a encontrar. 

Por último, pensaba en el abrazo que también de alguna manera le da José de Arimatea al cuerpo de Jesús. El Señor quedó colgado en la cruz y este hombre se anima a decir: “Yo quiero darle una sepultura”. ¡Qué gesto! Parecería insignificante, alguno le diría: “No te ocupes de los muertos”, sin embargo, José de Arimatea pone delicadeza, pone buen trato, pone esa capacidad de ocuparse del que nadie se ocupa. De los últimos, de los que están en la cruz. 

Hoy hay muchos hermanos que están en la cruz. Hoy hay muchos últimos, hay muchos a los que algunos llaman: “Los nadie”, por eso, también hacemos presente hoy a los nadie, a los últimos, a los crucificados. Aquellos de los que nadie se ocupa. Aquellos de los que casi da vergüenza hablar, aquellos que nadie muestra cómo la guerra de Medio Oriente que no muestran los muertos. Es todo tan perverso que nos hablan de una guerra pero ya no hay ni fotos de los cadáveres como para que parezca que tiene que doler mucho. Hasta la guerra maquillan. Por eso, hoy queremos construir la paz. Hoy queremos poner gestos concretos de paz todos. 

En frente de esta plaza, aunque ahora sea de noche y no se vea mucho, hay un olivo. Un olivo que plantó el Cardenal Bergoglio en marzo del año 2000 con referentes de otros credos religiosos. El otro día pasaba con un sacerdote y me dijo: “En medio de los conflictos de este año, de la guerra, en medio de los conflictos entre los argentinos, mirá que lindo y que frondoso está el olivo”. 

El olivo es signo de la paz. Sigamos creyendo en la paz y así como ese olivo crece con fuerza que cada uno de nosotros ponga pequeños gestos para construir con fuerza la paz. No es una palabra pasada de moda. Es una urgencia, es una necesidad que tenemos como argentinos, que tenemos como familia y que tenemos como mundo. 

Los invito, dentro de sus posibilidades, a rezar la oración que está del otro lado de la estampita. Es una oración de San Francisco de Asís. Este año se cumplen ochocientos años de su fallecimiento, de su muerte. Vamos a pedirle a él que nos haga un instrumento de paz y decimos: “¡Señor, haz de mí un instrumento de tu paz! Que allí donde haya odio, ponga yo amor; donde haya ofensa, ponga yo perdón; donde haya discordia, ponga yo unión; donde haya error, ponga yo fe; donde haya desesperación, ponga yo esperanza; donde haya tinieblas, yo ponga luz; donde haya tristeza, ponga yo alegría”. 

Está lloviznando y pensaba que podríamos imaginar que son un poco las lágrimas de Dios por tanta violencia, por tanta guerra, por tanta herida y por tanta grieta entre nosotros. Que ojalá también sean las propias lágrimas nuestras, que nos duela en lo profundo la falta de paz porque si lloramos al fabricar lágrimas, podemos limpiar la mirada y si limpiamos la mirada, vamos a darnos cuenta que necesitamos la paz para salir adelante. Una paz que va de la mano de la justicia. Una paz que nos deja el mismo Jesús que en ningún momento tuvo reacción de violencia, sino que desde la cruz, dice: “Señor, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. 

Seamos instrumentos de paz y comprometámonos este año delante de Jesús a construir una sociedad más fraterna. A definitivamente ser como sociedad y como humanidad una familia unida. Amén. 

 

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