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Homilía Mons. García Cuerva XX Domingo de Tiempo Ordinario

por prensa_admin

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     15, 21-28

    Jesús partió de Genesaret y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio». Pero Él no le respondió nada.

    Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos».

    Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel».

    Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!»

    Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros».

    Ella respondió: «¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!»

    Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!» Y en ese momento su hija quedó sana.

Palabra del Señor.


Homilía de Mons. García Cuerva en el XX Domingo de Tiempo Ordinario

Hoy, Jesús podemos decir que sale de su zona de confort porque se mete en tierras paganas: Tiro y Sidón, ciudades fenicias, ciudades que no tenían mucho que ver con el pueblo judío. Por eso, tenemos que pensar en gente con otro idioma, con otra cultura, con otro modo de pensar, con otra religión. 

Jesús sale de su zona de confort, se mete en tierras paganas, y encima sale a su encuentro una mujer cananea, una mujer de la que no sabemos su nombre, anónima, pero que, si bien no sabemos su nombre, sí conocemos su dolor. El dolor de tener una hija terriblemente atormentada por un demonio, tal cual nos dice el Evangelio. Una mujer que grita, que pide ayuda, que quiere que Jesús escuche su clamor.

Y entonces, en primer lugar, Jesús dice que no respondió nada. Como tantas veces nosotros también podemos llegar a quedar mudos frente al dolor, frente al clamor, frente al pedido del que está sufriendo y del que la está pasando mal. Y los discípulos, de alguna manera, son un puente, porque dice la lectura que los discípulos se acercan y le dicen a Jesús: “Señor, atiéndela porque nos persigue con sus gritos”. 

Por un lado, podemos pensar que los discípulos también se quieren quitar el problema de encima y no quieren quedar aturdidos por los gritos de la mujer, entonces le dicen: “Señor, por favor, que alguien la atienda, nos molesta, sus gritos nos estorban”. Pero al mismo tiempo también, aprovechando este pedido de los discípulos, Jesús vuelve a intervenir.

Y vuelve a intervenir con una oración que nos puede resultar un poco desconcertante: “Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel”. Como que Jesús dice, `Yo no vine para los pueblos paganos, vine para el pueblo judío´. Sin embargo, la mujer vuelve a insistir: «Señor, socórreme». Y entonces, el dolor, el profundo dolor de esta mujer, su profundo sufrimiento enternece el corazón de Jesús. Y seguramente es ese dolor el que lo lleva a Jesús a finalmente después hacer el milagro, cuando reconoce: “Mujer, qué grande es tu fe, que se cumpla tu deseo”.

El domingo pasado en la misa aparecía Pedro, que había tambaleado en su fe. “Hombre, de poca fe, ¿por qué dudaste?», cuando comienza a caminar sobre el agua. Hoy, las antípodas, una mujer cananea, una mujer que no es del pueblo judío, pero que está atravesada por el dolor, y entonces su clamor conmueve a Jesús; su dolor conmueve el corazón de Cristo que hace el milagro y la cura. 

Dije que esta mujer es anónima, no sabemos su nombre, pero conocemos su dolor. Y pensaba entonces, en primer lugar, en tantas mujeres de nuestro pueblo, tantas madres, tantas abuelas, tantas mujeres que no bajan los brazos pidiendo por sus hijos.

Sus hijos a veces atravesados por el drama del alcohol y de la droga, atrapados por las adicciones. Tantas madres que siguen pidiendo por sus hijos que tienen alguna discapacidad, tantas madres que siguen pidiendo por sus hijos que están presos. Y a veces es un amor incomprensible, un amor incondicional, un amor que justamente es el que hace que estas madres tengan como un motor interno que hace que sigan luchando, que sigan adelante, más allá de los problemas y las dificultades. 

Madres, abuelas, mujeres que de alguna manera están representadas en esta mujer cananea. Y, al mismo tiempo, creo que cada uno de nosotros tiene que también ser capaz de dejarse interpelar por el dolor, por el sufrimiento del otro. Tal vez, como dije, los discípulos, con tal de no escuchar más los gritos, se quisieron sacar a la mujer de encima. A veces nos pasa lo mismo, pretendemos quitarnos rápidamente los problemas de encima. Y entonces derivamos, usamos esa palabra a veces maquillada de “Articular”. “Articular” es como me saco el problema de encima y que se ocupe otra organización. Y creo que no nos podemos hacer los tontos, que nosotros también tenemos que dejarnos conmover por el dolor, por el clamor, especialmente, pensaba hoy, de estas madres, de estas abuelas, de estas mujeres que siguen adelante y que nos dan una lección de fe y una lección de esperanza en momentos tan difíciles. 

Al mismo tiempo, compartía que Jesús, de alguna manera, sale de su zona de confort, sale del territorio judío y cruza la frontera para ir a Tiro y Sidón. Podríamos pensar si nosotros somos capaces de salir de nuestra zona de confort, si somos capaces de cruzar nuestras fronteras personales. ¿Y a qué me refiero cuando digo zona de confort? Cuando creemos que pensamos y tenemos la verdad, y entonces me quedo en lo que pienso, me quedo en lo que creo, no quiero entrar en diálogo con los que son distintos, desconfío absolutamente del que piensa otra cosa. No quiero ir al encuentro del que cree en otra cosa, del que piensa otra cosa, del que tiene otra religión. Solo me gusta y me quedo en la zona de confort de juntarme con los parecidos, con los que piensan como yo, para entre nosotros, entonces, confirmar nuestras verdades.

De alguna manera, eso va generando cada vez más intolerancia, cada vez más un absolutismo que nos va alejando de la diversidad. Eso no es real, porque somos profundamente distintos. El quedarnos en nuestra zona de confort nos va haciendo cada vez más intolerantes, nos va alejando de la posibilidad de encontrarme con el otro. 

El Papa Francisco nos convocaba siempre a la cultura del encuentro. Yel encuentro es con todos y el encuentro es con los demás, y los demás seguramente sean distintos, pero no por eso dejan de ser mi hermano, no por eso son mis enemigos. ¿Cuáles son nuestras fronteras? ¿Cuáles son nuestras zonas de confort de las que no queremos salir y que nos hacen intolerantes y creemos ser dueños de la verdad? 

Al mismo tiempo, como dije, pensar en estas madres y mujeres, pero hoy, día del niño, también tener en cuenta a los niños. La mujer cananea tiene una hija. Una hija terriblemente atormentada por un demonio, tal cual dice el Evangelio de Mateo. ¿Cuántos niños en la actualidad están atormentados por el demonio de la adicción al juego, de la adicción a la droga? ¿Cuántos niños son soldaditos de narcos y los usan para vender droga? ¿Cuántos niños también son víctimas del demonio de los abusos? ¿Cuántos niños son también víctimas del demonio de una educación de baja calidad? ¿Cuántos niños que son también víctimas del demonio del egoísmo, de la indiferencia, del maltrato? Y los niños son nuestro presente y nuestro futuro.  Y de alguna manera tenemos que pensar qué país les dejamos.

Aquella mujer tenía a su hija atormentada por un demonio. Si tuviésemos que ponerle nombre a los demonios de la actualidad, que atormentan a muchos de nuestros niños y niñas. Hoy que pedimos por ellos especialmente, y que tenemos que muchas veces dar gracias, que todavía hay madres y abuelas luchadoras que no los abandonan. 

Escuchaba el otro día los números alarmantes de niños y adolescentes que intentan o consiguen suicidarse. Son números brutales. ¿Cuántos demonios habrá en sus corazones y en sus mentes que hace que quieran tomar la decisión de quitarse la vida, justamente en la etapa de la vida en la que más ganas tienen que tener de vivir. Por eso, como sociedad, nos tenemos que hacer cargo, y también un poco pedir perdón por la sociedad que les dejamos.

Estamos también con la alegría de la visita del Santo Padre León XIV. Cuánto necesitamos que nos visite el pastor para confirmarnos en la fe y para impulsarnos a la misión. Para que también como Iglesia salgamos de nuestra zona de confort, nos animemos a cruzar las fronteras y a anunciar el Evangelio a todos, como lo hizo San Pablo en la segunda lectura, que llega a decir que él es el “Apóstol de los paganos”, y que eso hizo que también sus hermanos de raza estuvieran celosos de él. Bueno, nosotros queremos también llegar con el Evangelio a todos, porque creemos que todos necesitan de la buena noticia de Jesús, y creemos que en ese sentido la visita del Santo Padre León va a ser un impulso misionero para nuestra Iglesia. 

Por eso termino con la oración pidiendo preparar el corazón para la llegada del Papa. Y justamente en la oración hablaremos del bien común, que significa encontrarnos todos con todos. Hablamos de la civilización del amor, hablamos de descubrir que queremos ser hospitalarios con los pequeños, con los que sufren, como aquella mujer cananea del Evangelio: 

Oración de la visita del Papa León XIV a la Argentina

Oración de la visita del Papa León XIV a la Argentina

Amén.

 

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