El martes 26 de mayo, en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires desde las 15hs, se llevó adelante la sesión de clausura del proceso diocesano de beatificación y canonización de la Sierva de Dios Clara Segura.
Delante de un número importante de feligreses, la comunidad educativa del Colegio Los Robles y familiares, se realizó la sesión de clausura que contó con la presencia del Arzobispo Monseñor Jorge García Cuerva, el delegado episcopal, Luis Carballo, el promotor de justicia, Pbro. Gabriel Favero, el postulador de la causa, Juan Reinoso, la notaria Hna. Isabel Fernandez Hefcr y el portador, Mons. Santiago Olivera, quienes juraron y firmaron.

Sesión de clausura del proceso diocesano de beatificación y canonización de la Sierva de Dios Clara Segura.
Clarita Segura
La sesión dio comienzo con el agradecimiento a las diferentes figuras que han acompañado el proceso diocesano. Además presentaron junto al Arzobispo Jorge García Cuerva los distintos expedientes que serán enviados al dicasterio para la Causa de los Santos en la Sede Apostólica.
Monseñor García Cuerva tomó la palabra y destacó características de Clarita Segura que le impresionaron: “Creo que en clarita tenemos entonces una peregrina, pero una peregrina de la vida. Dicen los médicos que hacen muy bien caminar y lo aconsejo, pero lo que no podemos es dejar de caminar también con el corazón. No podemos dejar que nos gane el quietismo del alma o como me gusta llamar a mí, la pachorra espiritual. A veces podemos caminar con nuestros pies, pero el alma vive cansada, desesperanzada, triste”.
“Les pido por favor que también ustedes tengan un corazón encendido por el espíritu de Dios, como se nota que era el corazón de Clarita. El mejor modo de homenajearla, de quererla es también nosotros tomarla como modelo, que sus corazones estén encendidos, que sus corazones caminen, que no se jubilen antes de tiempo, no sean como esa gente que vive porque el aire es gratis” animó luego a los presentes.
Al concluir su alocución sostuvo: “ Que ojalá nosotros también cada uno seamos peregrinos de la vida, que le pongamos mucha garra, mucha pasión, que no nos cansemos de tratar de hacer el bien y vivir el evangelio. Que caminemos con los pies porque hace bien, pero por sobre todo con el corazón. No bajemos los brazos y que también nuestro corazón se incendie, se encienda, se prenda fuego, porque queremos anunciar a Jesús, que es lo mejor que nos ha pasado en la vida. Clara lo hizo en su vida Ahora nos toca a nosotros”.