Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 10, 37-42
Dijo Jesús a sus apóstoles:
El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.
El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a Aquél que me envió.
El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo.
Les aseguro que cualquiera que dé a beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa».
Palabra del Señor.
Homilía Mons. Alejandro Pardo XIII Domingo de Tiempo Ordinario
Este fin de semana hablamos del amor de Dios y cómo Dios nos ama con un amor de predilección. ¿Cuánto valemos? Para Dios valemos la vida de su Hijo entregada en la cruz, su sangre derramada por cada uno de nosotros. Y esto nos habla de que Dios nos quiere felices, Dios quiere nuestra felicidad. Y por eso, se nos regala a él mismo como un don el día del bautismo, lo escuchábamos recién en la segunda lectura.
Por el bautismo fuimos sepultados con Él en la muerte, para que así, como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva. Esto es hermoso, ¿no? Esa vida que es el seguimiento de Jesús. Jesús no es algo superficial o algo más en la vida, sino tiene que ser el centro, lo esencial para cada uno de nosotros: Somos de Dios.
En el Evangelio, Él mismo nos llama amarlo más que a otras cosas, más que a nada en el mundo. No dice que lo amemos sólo a Él, sino que el evangelio es claro, “El que ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí. El que ama a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí”. Entonces, hay una jerarquía del amor, podríamos decir, y Jesús lo plantea.
Me imagino un padre o una madre que tiene a su hijo o su hija enfermo, si no deja todo y se va al hospital para cuidarlo. Tantos ejemplos de caridad y de amor, en donde lo superficial pasa a un segundo plano y el amor comienza a aparecer de una manera, y se empieza a manifestar de una manera nueva, ¿no? En la vida de cada uno de nosotros.
La cruz que pide Jesús que carguemos no es un signo de muerte, sino que, al contrario, es un signo de amor, de vida, es llevar la propia cruz y ayudar también a otros a llevar sus cruces. Eso es un signo concreto del amor. Es ese amor que Dios pone en nuestro corazón para que seamos instrumentos de ese amor.
Esa es la dinámica que nos propone Jesús, la dinámica del Evangelio, ¿No? Necesario perder la vida para encontrarla. Ponerla en sus manos. Nos vamos a encontrar con esa vida que entregamos, pero es una vida con mayúscula.
En estos días estamos viviendo la fiebre mundialista, la fiebre del mundial, todos los que estamos, viendo cada uno de los partidos. Y dentro de esto que pasa cada cuatro años y se paraliza todo, ¿no? Tenemos una figura muy especial, la figura de Messi, del capitán argentino. Digo, yo que con una palabra y un gesto muy sencillo también habla de de lo que significa Dios para él.
A mí me sorprendió; primero, en cada una de sus jugadas y goles, cuando va a festejar, un signo muy sencillo, ¿no? El gran signo, que es la señal de la cruz y señalar al cielo. Impresionante, ¿no? A veces, con esos signos tan sencillos, uno habla de lo que significa Dios. Pero dijo esto hace un tiempo: “Dios me dio el don para jugar así. Sin Él, no hubiese llegado a nada”.
Fíjense, impresionante la frase. A veces uno se mata evangelizando, pensando una misión, pensando cómo llevar a Dios a los demás, y con una frase una puede hacer muchísimo bien, porque uno piensa lo que significa Dios en una vida. “Simplemente, siempre pienso que es Dios el que decide. Dios sabe cuándo es el momento y lo que tiene que pasar”. Me impresionó. La providencia de dios en la vida de un atleta, ¿no? Un atleta de élite y una estrella en el mundo, que nos habla también de la importancia de Dios en su vida. Y que no significa que no ame a sus padres, no quedó demostrado en este tiempo, sino que, al contrario, toma como un centro de su vida y él es instrumento de un tono.
Cuando hablamos del amor, para mí, hay que convocar a los santos que saben, que saben hablar sobre el amor con vida, con palabra, con gestos, y entre ellos está la doctora en el oficio del amor, Santa Teresa del niño Jesús. Para el papa Francisco, “La doctora de la síntesis” decía en C’est La Confiance, en una exhortación apostólica sobre ella. Dos años antes de morir, Teresita, con 22 años, escribe una poesía, la número 17, en su estrofa número 5 y en la estrofa número 13, dicen algo que refiere al Evangelio de este fin de semana, que nos pone también en sintonía.
Vivir de amor es darse sin medida, sin reclamar salario aquí en la tierra. Yo me doy 50, bien segura de que en el amor el cálculo no entra. ¡Yo me doy sin cuento, bien segura de que en amor el cálculo no entra! Lo he dado todo al corazón divino que rebosa ternura. Nada me queda ya corro ligera. Ya mi única riqueza es, por siempre será, vivir de amor.
Esta estrofa que describe el darse por entero, no guardarse nada, no calcular. A veces uno calcula un poco cuándo aman. “Bueno, hasta acá”. Dios nos pide que amemos con todo el corazón, con toda la vida, con todo lo que tenemos, ¿no? Corro ligera, -dice-, se despoja de todo lo que le impide amar, Teresita.
Y sigue diciendo, ¿vivir de amor o qué locura extraña? Me dice el mundo. Los demás, le dicen, cese ya tu canto, no pierdas tus perfumes, no derroches tu vida, aprende a utilizarlos con ganancia.
El mundo que nos va diciendo: “No, guárdate, guárdate para vos, ¿no? Pensá en vos mismo, que el otro se arregle como pueda”. Y dice Teresita: “Jesús, amarte es pérdida fecunda”. Y ahí está esta dinámica del Evangelio, ¿no? Amar a Dios, perderlo todo por Él, es encontrar la vida con mayúscula. Por eso, en este fin de semana le pedimos a Dios que nos llene de su amor el corazón, para que, como decía el Salmo de hoy, podamos cada uno de nosotros con gestos, con palabras sencillas, cantar eternamente el amor de Dios.Que así sea.