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Homilía Mons. García Cuerva Domingo XXXI Tiempo Ordinario

por prensa_admin

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     24, 1-8

    El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado. Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

    Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes. Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que Él les decía cuando aún estaba en Galilea: «Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día». Y las mujeres recordaron sus palabras.

Palabra de Dios.


Homilía Mons. García Cuerva Domingo XXXI Tiempo Ordinario 

Celebramos hoy la conmemoración de todos los fieles difuntos. La palabra difunto viene del latín defunctus, que significa “El que ha cumplido su tarea o ha cumplido su misión”. Me pareció interesante hoy compartir la etimología de la palabra difuntos, porque justamente estamos recordando a quienes creemos que han cumplido en esta parte de la vida su misión, quienes han cumplido su tarea. Y por eso los recordamos y lo hacemos con cariño, lo hacemos haciéndolos presentes en nuestra propia vida, porque, como decimos también, las únicas personas que mueren son las que olvidamos. 

Creo que en el mundo de hoy hay distintas actitudes que podemos tener frente a la muerte. Algunos prefieren verla como algo muy alejado y también la terminan negando. Y aquí recuerdo un texto de un sociólogo, se llama Glassner, y él dice en ese libro que se llama Vivir la muerte: “Hubo un tiempo en que nadie fingía que no se iba a morir, un tiempo en que la muerte no estaba proscripta como ahora”.

Es verdad, creo que hubo un tiempo en que nadie fingía que no se iba a morir. Hoy aparentamos que la muerte no tiene nada que ver con nosotros, y la alejamos profundamente de nuestros diálogos, de nuestra reflexión, la tratamos de alejar de nuestro modo de vivir, creyéndonos casi eternos, como que todo comenzara con nosotros y terminara con nosotros. Y continuaba el texto que leí recién de este sociólogo Glassner, diciendo “Un tiempo en que la muerte no estaba proscripta como ahora” Porque, efectivamente, hoy el tema de la muerte parece estar proscripto, es un tema prohibido. 

A pesar de haber vivido duramente lo que significó la pandemia, cuando la muerte nos hizo tomar conciencia, que nos pide permiso y que es parte de la vida, sin embargo, hemos vuelto a esa cultura de alejarla o de negarla definitivamente. También, otra actitud que podemos tener frente al tema de la muerte es, verla solamente como algo trágico. Verla como el final de todo, y, entonces, genera profunda angustia, genera un gran vacío, porque, en definitiva, el sentido que le demos a la muerte es el sentido que le vamos a dar a la vida. Y cuando en la muerte creemos que es el final de todo, entonces será ese el sentido que le demos a la vida llenándonos de angustia, llenándonos de un gran vacío existencial y creyendo que todo se termina el día que dejamos de respirar. 

Pero creo que también tenemos otra actitud frente a la muerte, que es la de sentir, como dije, que la muerte es parte de la vida. Una concepción trascendental de la vida, en definitiva, una concepción cristiana. Y creo que aquí podemos pensar en algunos autores, yo quería tomar a San Francisco de Asís, cuando llega a decir él que “La muerte es la puerta de la vida”. “La muerte es la puerta de la vida”. Y San Francisco también, en el cántico de las criaturas, ese hermoso himno que escribió un tiempito antes de su muerte, hacia finales del año 1224 o comienzos de 1225, donde la trata a la muerte como la hermana muerte. 

Dice allí, “Alabado seas, Señor, por nuestra hermana muerte corporal, de la cual ningún hombre viviente puede escapar”. “Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal, de la cual ningún hombre viviente puede escapar”. Y creo que San Francisco de Asís, puede tratar a la muerte como su hermana o puede tratar la muerte como la puerta a la vida, en definitiva, porque ve a la muerte desde Cristo resucitado.  Desde la definición que da Jesús de sí mismo en aquel encuentro que tiene con Marta, la hermana de Lázaro, yo soy la resurrección y la vida. Y, entonces, porque Jesús es la resurrección y la vida, para nosotros la muerte no es el final definitivo, porque Jesús venció a la muerte con su resurrección. 

La vida no se nos quita, somos invitados a vivirla en una nueva etapa, de esto dice Mamerto Menapace; “La vida no se nos quita, sino que somos invitados a vivirla en una nueva etapa”. Recordemos aquí aquel cuento de Mamerto Menapace, cuando él decía que la vida tenía tres partes. La primera parte de la vida en la panza de nuestra mamá, y dura nueve meses, y después imagina Mamerto Menapace que el bebé va sintiendo que todo se termina, que es el momento del parto. Es el momento de dolor, pero que nace una un bebé y nace una persona que entra en esta etapa de la vida, que es la segunda parte de la vida, que tiene un montón de cosas lindas y otro montón de cosas difíciles y duras. Pero también percibimos que algún momento esto se va a terminar. Y, entonces, viene ese momento de la muerte, que también es un momento deho mucho dolor, pero que no deja de ser como un parto, porque la persona nace a la tercera parte de la vida, la mejor, la que dura para siempre. 

Esta imagen en aquel cuento de Mamerto Menapace me parece que nos puede ayudar hoy en esta celebración que estamos haciendo de nuestros fieles difuntos. Y también pensaba otra frase de un poeta cubano, José Martí, que dice que “Morir es cerrar los ojos para ver mejor”, “Morir es cerrar los ojos para ver mejor”. Fijémonos, entonces, cómo San Francisco de Asís, en el cántico de las criaturas, habla de la hermana muerte. 

Fijémonos cómo Mamerto Menapace, un autor fallecido hace poco tiempo, un monje benedictino, nos dice que la vida no se nos quita, sino que somos invitados a vivirla en una nueva etapa, y esa nueva etapa es lo que sucede después de la muerte, la vida eterna. O este autor cubano que nos habla de que morir es cerrar los ojos para ver mejor, cómo todos ellos nos hablan de esta tercera actitud frente a la muerte, que es una actitud trascendental, es percibir que no todo termina con la muerte. Y lo hacemos porque creemos que Jesús es la resurrección y la vida. 

En el Evangelio de hoy, las mujeres, igual que nosotros, se acercan al sepulcro entristecidas porque perdieron un ser querido. Sin embargo, se encuentran con la novedad de estas personas que les preguntan “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado”. Por eso creo que hoy esta conmemoración de los fieles difuntos es una gran oportunidad para que, por un lado, reflexionemos sobre lo que es la muerte para nosotros de negarla o de maquillarla si tenemos la actitud de creer que es el final de todo y entonces nos llenamos de miedo de angustia y de vacío o si podemos tratarla como hermana muerte si podemos pensar que no todo se termina con ella tal cual citaba mamerto menapache o este autor cubano José Martí y entonces volver a verla pero desde Cristo resucitado volver a verla desde este dios que venció a la muerte para siempre que en definitiva nos espera para darnos el abrazo eterno del cielo. 

Termino, Rodríguez Olaizola hablando de la muerte nos dice: “Las lágrimas son parte del abrazo, no temas llorar ni extrañar no reprimas el duelo ni disfrazo en la ausencia sólo intenta creer. También hoy, que la última palabra la tiene la vida, aunque ahora duela”. Creer que Jesús es la resurrección y la vida. Creer que el Señor está vivo y venció la muerte para siempre con su resurrección en la cruz. Creer que la tumba está vacía como con aquella que se encontraron estas mujeres no significa que la muerte no nos duela, al contrario, nos duele. La ausencia física de nuestros seres queridos es como un agujero en el alma queremos llorarlos queremos recordarlos y decir que los extrañamos mucho pero al mismo tiempo atravesado por la buena noticia de que Jesús está vivo confiamos en el reencuentro confiamos en que nos vamos a volver a abrazar eternamente el día que a nosotros nos toque partir por eso lloramos, por eso los extrañamos pero, aunque nos duela, decimos que no todo está perdido creemos de verdad que el señor está vivo y que con nuestros seres queridos nos volveremos a encontrar. Amén. 

 

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