El lunes 29 de junio se celebró la Santa Misa en la parroquia Nuestra Señora de Caacupé en el barrio de Caballito desde las 19hs con la comunidad venezolana que peregrina en la ciudad. A raíz del terremoto ocurrido en Venezuela, el pasado 24 de junio, la comunidad de Caacupé, intensificó su oración por las víctimas afectadas a lo largo de estos días y esta Iglesia se ha convertido en un punto de encuentro para recibir consuelo y fortaleza.
Un Dios que no abandona
Mons. García Cuerva presidió la Santa Misa que estuvo concelebrada por el padre Eusebio Hernández, párroco de la comunidad. A la luz de la Solemnidad de los apóstoles, el Evangelio y contemplando el estado de situación tras los terremotos en Venezuela dijo: “En la Misa de hoy celebramos las solemnidades de San Pedro y de San Pablo. Estos dos grandes Santos de la Iglesia, que nos ayudan a reflexionar y a rezar juntos por lo que todos nosotros hoy somos convocados: por las víctimas de estos dos terremotos que vivieron nuestros hermanos venezolanos, familiares, amigos, vecinos de muchos de los que están aquí presentes”.
Reflexionando sobre la lectura sostuvo: “Vemos a una Iglesia perseguida, que vivió momentos difíciles en aquellos años. Parecería que Dios no existe, parece que ya no hay nada para hacer. Y creo que ese es un poco el sentimiento que muchos de nosotros tenemos ahora. Creemos que el terremoto arrasó nuestras esperanzas, nuestras ganas, la alegría, el entusiasmo, parecería que ya no queda nada en el tiempo”. Y agregó: “Ahí, en ese panorama negro de la primera lectura que se nos presenta, hay una frase que me parece bien la que nos empieza a dar un poquito de luz”.
Un pueblo que se levanta
“`La Iglesia no cesaba de rezar a Dios por él´”. Parece que hay una fe en el pueblo más sencillo, la fe en el pueblo sufriendo, que hace que todavía tercamente siga creyendo que Dios no nos dejó, que Dios no nos abandonó” dijo Mons. García Cuerva que luego sumó: “A esta comunidad hoy que está rezando, a ese pueblo, el ángel de dios hoy le dice, `Levántate rápido´”.
“Quisiera que hoy el testimonio de Pedro de la primera lectura también sea nuestro cimiento para ponernos de pie. Hermanos, son un pueblo creyente, un pueblo que las pasó todas, un pueblo que yo lo vi a ti llorar y ver, diciendo que `Estaba todo perdido´, y siguieron adelante, y lo demuestran con su alegría, con su baile, con sus canciones, con sus lágrimas” animó también.
Al concluir sobre la ayuda y solidaridad exhortó diciendo: “Colaboren unidos. No demos lugar a la división. No es tiempo para protagonismo, para soberbia, no es tiempo para buscar aplausos, es tiempo para trabajar y rezar juntos. Siéntanse abrazados por todo el pueblo argentino, por esta ciudad de Buenos Aires”.