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Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María

por prensa_admin

El 8 de diciembre la Iglesia celebra la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. Por ese motivo, diferentes comunidades de la Arquidiócesis de Buenos Aires celebraron sus fiestas patronales. Mons. García Cuerva celebró la Eucaristía desde las 9: 00 hs en la parroquia San José del Talar y Santuario de Ntra. Sra. que Desata los Nudos. Por la tarde, Mons. García Cuerva celebró la Santa Misa con la comunidad de Nuestra Señora de Caacupé

Una Iglesia que abraza

Al concluir la celebración eucarística la comunidad de Caacupé dirigió unas palabras al padre Jorge y a la Arquidiócesis de Buenos Aires, en la voz de Nélida, una de las integrantes de la comunidad paraguaya quien expresó: “La comunidad de paraguayos en Buenos Aires, desea expresarle su más sincero agradecimiento por su solicitud paternal, su cercanía y su mirada misericordiosa que nos ha acogido como hijos e hijas en esta tierra que, aunque lejana a nuestras raíces, se ha convertido en hogar gracias a su pastoreo hoy día”. 

Luego dijo: “La parroquia ha sido para nosotros mucho más que un templo, ha sido casa, refugio, altar y mesa compartida. Donde nuestras penas se vuelven oración y donde nuestras esperanzas se entrelazan con las de tantos otros hermanos migrantes, hemos encontrado un lugar donde nuestra dignidad es reconocida y nuestra Fe se fortalece”. 

Casa de los migrantes

Caacupé se ha convertido en la casa de todos los migrantes paraguayos, y no solo de los nuestros, sino también de hermanos venezolanos y de otras naciones hermanas. Juntos, como nos invita el papa Francisco, hemos aprendido a vivir la riqueza del Poliedro, donde cada cultura, cada historia, cada acento y cada rostro aporta su color y su forma a la belleza de una Iglesia que se construye en la diversidad” explicó Nelida. 

Para concluir enfatizó: “Hoy, al mirar hacia atrás, vemos cómo Caacupé se ha transformado en un verdadero santuario de la fraternidad, un espacio donde la virgen azul y blanca de Caacupé nos recuerda que somos pueblo peregrino, pero nunca solos. Y al mirar hacia adelante, nos sentimos animados por sus palabras. No dejemos que nos roben la esperanza, no dejemos que nos roben la alegría del Evangelio. Con gratitud, con ternura y con compromiso le decimos, gracias, padre Jorge. Gracias, pastor bueno. Gracias por hacernos sentir en la Iglesia porteña como en casa”.

 

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