La elección de Robert Francis Prevost como León XIV entra en diálogo directo con uno de los papados más influyentes del siglo XIX. Al elegir su nombre, el sucesor de Francisco reactiva el legado de León XIII (1878-1903), cuyo pontificado de 25 años modernizó la Iglesia frente a la Revolución Industrial, y continúa moldeando la doctrina social católica con sus encíclicas.
El diálogo entre fe y razón
El papa León XIII fue pionero al abrir los Archivos Secretos Vaticanos a historiadores laicos en 1881 y fundar el Observatorio Astronómico Vaticano (1891). Su encíclica Aeterni Patris (1879) retomó a Santo Tomás de Aquino como columna filosófica de la Iglesia, respondiendo al materialismo científico con el racionalismo del santo.
Pero su obra más conocida fue Rerum novarum (1891), una encíclica que instaló las bases de la doctrina social de la Iglesia y condenó la explotación obrera en rechazo al socialismo: «Es justo que el obrero tenga salario suficiente para sustentarse a sí mismo, a su mujer y a sus hijos«. Así, se convirtió en referente para los papas que lo sucedieron en el equilibrio entre reforma y tradición.
Un nombre como programa de gobierno
Al elegir el nombre León XIV, Prevost enfatiza tres ejes:
- Diálogo con la modernidad tecnológica: Como León XIII abordó la Revolución Industrial, el nuevo papa electo enfrenta la inteligencia artificial y la bioética. Prevost mencionó la necesidad de una «paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante» ante estos cambios.
- Puente geopolítico: Su experiencia como misionero en Perú y su dominio de múltiples idiomas, entre ellos el español, lo convierten en mediador entre América y Europa, como lo fue León XIII ante conflictos como la disputa por las islas Carolinas (1885).
- Reforma educativa: La creación de la Universidad Católica de América (1887) durante el pontificado de León XIII encuentra eco en Prevost, quien impulsó centros de estudios teológicos en Latinoamérica durante su etapa como prefecto del Dicasterio para los Obispos.
Los desafíos de un mundo en revolución
El paralelismo histórico es claro: en 1891, León XIII advirtió sobre los «peligros de la usura» en la banca internacional; hoy, su sucesor deberá regular el impacto de las criptomonedas en economías emergentes.
Su anunciado viaje a Turquía a finales de mayo replicará la diplomacia interreligiosa que el anterior León practicó con anglicanos y ortodoxos.
Al reactivar el nombre de León XIII, el papado renueva su contrato con la modernidad. De las fábricas del XIX a los algoritmos del XXI, la Iglesia insiste en un camino: entrar en diálogo, tender puentes. Como escribió el «Papa de los obreros»: «La verdad no teme a la luz«.