Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 3, 16-18
Dijo Jesús: Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él.
El que cree en Él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
Palabra del Señor.
Homilía Mons. García Cuerva Solemnidad de la Santísima Trinidad
Celebramos hoy la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Nuestro Dios, un Dios familia. Nuestro Dios, un único Dios con tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Que interesante poder reflexionar sobre nuestro Dios que es familia, nuestro Dios que es comunidad, en una sociedad marcada por la soledad. Nuestro Dios no es un Dios soledad al contrario, es un Dios familia.
Que interesante poder reflexionar sobre nuestro Dios en una sociedad marcada por un exagerado individualismo. Nuestro Dios no son tres personas absolutamente aisladas, sino que al contrario, como dijimos, son familia: El Padre, El Hijo y El Espíritu.
Me parece que la primera lectura nos puede dar algunas ideas, del Libro del Éxodo, sobre cómo es este Dios. Porque no es un concepto, no es una idea que está por ahí sino que al contrario, Dios es un ser personal con el que nos comunicamos y que tenemos esa experiencia de Dios como hoy la tiene Moisés en la primera lectura, entonces, a este Dios familia, a este Dios comunidad, lo podemos conocer un poco más si leemos con detenimiento esta lectura.
Por un lado, nos dice que Dios permaneció con Moisés. Es decir, no es un Dios que vive aislado del hombre, al contrario, le gusta estar con nosotros y lo sabemos tanto que en algún momento se va a encarnar en su Hijo Jesucristo para compartir toda nuestra nuestra humanidad menos el pecado. También se define como un Dios compasivo y un Dios bondadoso, lento para enojarse, pródigo en amor y fidelidad. Un Dios bondadoso y compasivo, lento para enojarse, pródigo en amor y fidelidad.
Que lindo entonces confiar una vez más en este Dios que nos ama tanto que este Padre misericordioso un poco como el padre de la parábola del hijo pródigo cuando nos cuenta Jesús, que el padre va a estar siempre esperando al hijo y cuando llegue el hijo después de haber hecho una vida licenciosa, el Padre lo va a abrazar, lo va a besar, no lo va a condenar, no lo va a juzgar. Por eso, el Evangelio de hoy, nos dice Jesús contundentemente que Dios amó tanto al mundo que entregó a su Hijo único.
Ese es el Dios en el que nosotros creemos. El Dios que es infinita misericordia, el Dios que se define en éxodo como un Dios bondadoso y compasivo, lento para enojarse: pródigo en amor y fidelidad. A veces, tenemos que revisar la imagen que tenemos de Dios que incluso predicamos o que incluso contagiamos poniendo la idea de un Dios autoritario, de un Dios jueza, un Dios que vigila, un Dios que condena. Ese no es el Dios de Jesucristo, ese no es el Dios de los cristianos, ese no es el Dios que nos anuncia hoy el libro del éxodo ni el que nos dice Jesús en el Evangelio de San Juan.
Al mismo tiempo, también le pide Moisés a Dios que vaya en medio nuestro porque Dios comparte nuestra vida, comparte nuestra cotidianidad. A veces lo buscamos en las nubes, en las alturas, y Dios está en lo profundo del Corazón y Dios vive en la realidad de todos los días y allí estamos desafiados a encontrarlo, también en el rostro de los que sufren.
Moisés reconoce ser parte de un pueblo pecador, un pueblo obstinado, y por eso dice: “Señor perdona nuestro pecado” y nosotros confiamos en el Dios que nos perdona, en ese Dios que siempre sabiendo aún de nuestra fragilidad nos ama con locura.
Creo que hoy tenemos que tomar consciencia entonces que nos creemos en un concepto. A veces nos han enseñado que la Santísima Trinidad es un misterio que hay que creer y nada más. Nosotros decimos “Sí creemos en un Dios que es familia, en un Dios que es comunidad, en un Dios en medio de una sociedad de tanta soledad y tanto individualismo nos invita a la comunidad, nos invita a ser familia”.
Padre, Hijo y Espíritu Santo, este Dios que se identifica con nosotros porque camina a nuestro lado. Porque como nos dice Moisés, “Es un Dios que es bondadoso, que es compasivo, lento para enojarse, pródigo en amor y fidelidad”. ¡Qué buena noticia tenemos para compartir! Este año reflexionamos la Carta Pastoral “Queremos ver a Jesús” nuestro pueblo, nuestra gente, nuestra Ciudad de Buenos Aires, que celebra hoy también su día porque su primer nombre fue Santísima Trinidad, hay tantos hermanos que quieren ver a Jesús, que quieren ver a Dios, pero quieren ver al Dios de la misericordia, al Dios que los acompaña, al Dios que nos los deja solos. Me parece que estamos llamados a testimoniar justamente a este Dios.
Dice el dicho: “De tal palo, tal astilla” Si fuimos creados a imagen y semejanza de Dios entonces a Él nos tenemos que parecer. Tenemos que ser comunidad. Tenemos que ser familia. Todos distintos, como el Padre, el Hijo y el Espíritu pero unidos por el amor también todos nosotros. También nosotros perdonarnos, también nosotros ser bondadosos, también nosotros caminar al lado de nuestra gente porque tenemos que testimoniar aquel Dios que creemos porque si fuimos creados a su imagen y semejanza, tenemos que ser parecidos a Él.
Por eso, en la encíclica que nos regaló el Papa León XIV el lunes pasado Magnifica Humanitas, nos dice algunas cosas interesantes referidas a la Santísima Trinidad. Allí nos dice el Papa en el número 50: “El hombre y la mujer son creados a imágen y semejanza del Dios Trinitario cada persona hecha constitutivamente para la relación es pensada y querida por Dios para entrar en la historia de comunión con Él con los demás y con la creación”.
Fuimos creados por Dios y tenemos que entrar en comunión con Él, con los demás y con la creación. Y hay una imágen que presenta el Papa León XIV en esta encíclica que recomiendo donde pone por un lado el proyecto de la torre de Babel. La torre de Babel que era una construcción así nos relata el libro del Génesis tentada por una uniformidad que elimina la diversidad y que en lugar de la comunión elige la homogeneización. Es decir, el síndrome de Babel es la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, -continúa diciendo el papa León- Es la uniformidad que aplasta las diferencias. Nosotros queremos reconocer que somos diferentes, la torre de Babel era un proyecto en el cual todo era igual, todos tenían que ser igual, frente a eso, el Papa León XIV propone otra imágen, la reconstrucción de Jerusalem. El camino -dice- que pone el trabajo compartido, donde se reconoce la diversidad, porque entre todos reconstruye Jerusalén pero lo hacen juntos a partir del diálogo y de la escucha.
Creo que es interesante entonces hoy, por un lado, releer la primera lectura, y ver las características que presenta el Libro del Éxodo sobre cómo es nuestro Dios. Ese Dios bondadoso, compasivo, que camina con su pueblo, que nos perdona de nuestros pecados, ese Dios misericordioso, y al mismo tiempo, confirmarlo con las palabras de Jesús en el Evangelio. “Dios amó tanto al mundo que entregó a su Hijo único”.
No dudemos del amor de Dios y ese amor es el que tenemos que contagiar a tanta gente que vive en la soledad, en la angustia, en la culpa, anunciarle que Dios lo ama. Que importante que lo podamos hacer y no sólo con palabras sino con nuestro testimonio de vida porque como dije: “De tal palo, tal astilla” fuimos creados a semejanza de Dios, por lo tanto, nos tenemos que parecer a Él. Tenemos que aprender a vivir la comunión respetando la diversidad. El papa León nos dice en esa encíclica nueva que regala a la Iglesia que “La torre de Babel es el ejemplo donde todo es igual, un proyecto sin Dios, un proyecto donde se anulan todas las diferencias” ese no tiene que ser el proyecto nuestro. El proyecto nuestro tiene que ser el de Jerusalen, reconstruir entre todos, aprender que somos distintos pero trabajar en comunión.
Pidamos hoy especialmente por nuestra ciudad de Buenos Aires como dijimos de la Santisima Trinidad por todos sus ciudadanos y pidamos también por todo nuestro país para que aprendamos a vivir en comunión, para que aprendamos a vivir como una gran familia donde sepamos respetar la diversidad, donde sepamos dialogar entre nosotros porque fuimos creamos a imagen y semejanza de Dios, a Él nos tenemos que parecer, ese es nuestro compromiso y ese tiene que ser nuestro testimonio. Anunciar al mundo que hay un Dios que nos ama con locura y que nos hace hermanos. Amén.