El sábado 13 de diciembre la parroquia Santa Lucía de Barracas celebró su Fiesta Patronal con alegría y en comunidad. Allí celebró la Santa Misa Mons. García Cuerva quien, a la luz del Evangelio explicó: “Hoy nos habla Jesús de diez mujeres, cinco eran prudentes y cinco eran necias. Parecería que el esposo se hizo rogar, tardó mucho en llegar, y entonces a todas les agarró sueño y se durmieron. Nosotros también, a veces las cosas buenas tardan en llegar, a veces hace rato que estamos esperando que se resuelva un problema”.
Santa Lucía Virgen y Mártir
Además agregó: “Como que ya perdemos las esperanzas, perdemos las ganas, perdemos el entusiasmo, nos despertamos nada más que porque sale el sol, pero andamos por la vida sin ganas, sin entusiasmo, como si estuviéramos dormidos, anestesiados, porque no podemos esperar más, porque ya se hizo muy larga la espera”.
“Y así como a veces andamos por la vida medio dormidos, también a veces en la vida se nos apaga la alegría, se nos apaga la esperanza, se nos apagan las ganas de seguir, y entonces tenemos que pensar cuál es el aceite que usamos para iluminar nuestra vida, porque tenemos que pensar que nuestro corazón es como aquella lámpara. Si mi lámpara se apaga, ¿Será que mi aceite es rancio? ¿Será que mi aceite es ese aceite viejo?” se preguntó el arzobispo.
Luz para nuestra vida
También subrayó: “Queremos tener la vida encendida, con la alegría, esperanza, la vida encendida con Jesús. Y por eso venimos hoy todos a pedirle a Santa Lucía. Pedimos luz y que encienda nuestras lámparas, nuestros corazones, porque a veces en la vida andamos medio dormidos, porque ya perdimos la esperanza, a veces sentimos que se nos apaga la vida” y agregó: “A veces lo que tenemos en el alma es ese aceite rancio, rancio, quemado por el rencor, quemado por las culpas, quemado por los miedos, ese aceite rancio por la tristeza, y por eso nos acercamos cada uno con su vida”.
“Pedimos hoy también por todos los que tienen, no solamente la oscuridad en el alma y en el corazón, sino también las dificultades de la vista. Que ella proteja e interceda por aquellos médicos que nos atienden, aquellos oculistas que nos atienden, para que también podamos recuperar y tener buena vista. Pero vuelvo a insistir, tenemos que pensar en la luz del alma y del corazón, no solamente en estos ojos” enfatizó.
Jesús: Luz del mundo
Para concluir dijo: “Por eso pedimos hoy a Santa Lucía por cada uno de ustedes, por las intenciones que cada uno trajo. Le pedimos a Santa Lucía por aquellos que tienen dificultades en la vista, le pedimos por todos los oculistas y médicos que nos atienden, pero especialmente le pedimos a Santa Lucía que encienda nuestra vida. Encenderse de nuevo con el mejor aceite, la esperanza, la alegría, la paz, la misericordia que nos trae el mejor de los oculistas, Jesucristo, porque él es la luz del mundo”.