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Misa Crismal de la Arquidiócesis de Buenos Aires

por prensa_admin

El jueves 2 a abril se realizó la Misa Crismal en la Arquidiócesis de Buenos Aires desde las 10 hs en la Catedral Metropolitana. Sacerdotes de distintos puntos de la ciudad se acercaron a renovar su compromiso en su tarea como pastores, recibieron los óleos santos para llevar a sus comunidades y compartieron la Eucaristía en un clima de comunión fraternal.

Nos miró y llamo con amor 

El arzobispo de Buenos Aires, Mons. García cuerva, celebró la Eucaristía y en su homilía delante del presbiterio de la arquidiócesis manifestó: “Los años van pasando y la costumbre se nos puede venir en contra, nos puede jugar una mala pasada, por eso hoy le pedimos al Señor, que nos ungió el día de nuestra ordenación, que con su Espíritu venga a anunciar la Buena Noticia a estos pobres hombres que somos cada uno de nosotros, hombres frágiles, vasijas de barro que llevan un tesoro . A nosotros, a quienes nos miró con amor y que, por su gracia, llamó a ser sacerdotes del Señor, ministros de nuestro Dios, como nos dice la primera lectura”.

Refiriéndose a la vocación sacerdotal subrayó: ”Queremos verte Jesús, verte en nuestros hermanos sacerdotes, porque creemos que también somos enviados por tu Espíritu a ellos: que nos podamos tratar con la misma misericordia con la que nos tratás vos; que nos preocupemos los unos por los otros, que nos cuidemos, que nos apoyemos. Dice el Papa León que el cuidado recíproco, en particular la atención a los presbíteros más solos y aislados, así como a los enfermos y ancianos, no puede considerarse menos importante que el cuidado del pueblo que se nos ha confiado. «¿Cómo podríamos nosotros, ministros, ser constructores de comunidades vivas, si no reinara ante todo entre nosotros una fraternidad efectiva y sincera?»”

Preservar el amor de Dios 

Queremos cuidar nuestro ministerio, nuestro modo de vivirlo, incluso revisando el estado de nuestras casas sacerdotales, fomentar nuestra formación permanente, recrear nuestros vínculos, en definitiva, cuidar nuestra salud integral” dijo luego el arzobispo.

Remarcó después: “En esta Eucaristía quiero también agradecer su testimonio, su entrega, su dedicación en los distintos oficios y ministerios en la Iglesia de Buenos Aires. Agradecer su perseverancia, su paciencia, su
alegría y su espíritu misionero, agradecer su opción por los más pobres y los que sufren, agradecer los abrazos de misericordia a los pecadores, que nos recuerdan que somos sanadores heridos”.

Para concluir destacó: “Que la Virgen María, Madre de los sacerdotes, nos ayude en el compromiso de cuidarnos entre nosotros, y que Cristo, su Hijo, sea quien configure nuestra vida, unifique nuestro corazón y dé forma a un ministerio vivido desde la intimidad con Dios, la entrega fiel a la Iglesia y el servicio concreto a las personas que nos han sido confiadas”.


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