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Misa de la Cena del Señor en la comunidad de San Miguel

por prensa_admin
Misa de la Cena del Señor en la comunidad San Miguel.

El jueves Santo, día en el que Jesús compartió la última cena, lavó los pies e instituyó la Eucaristía, la comunidad de San Miguel en el barrio de Parque Patricios celebró la Santa Misa en un clima de oración fraternal. Allí, presidió la celebración el arzobispo de Buenos Aires junto al padre Juan Veiga, párroco de la comunidad. 

Hasta el fin de los tiempos

A la luz de la Palabra de Dios, Mons. García Cuerva en la homilía mencionó: “Jesús les deja dos enormes regalos en la última cena. El primero de ellos, el Señor se quiere quedar, y elige dos cosas tan sencillas, como un poco de pan y un poco de vino. Nos dice que cada vez que celebremos de la misma manera, y es lo que estamos haciendo hoy, este pan será su cuerpo, este vino será su sangre, y será el alimento que nos va a tener en la vida, especialmente para calmar el hambre más profunda que cada uno de nosotros tiene”. 

Luego destacó: “Hay un hambre profunda en el corazón, a veces hambre de paz, de alegría, de perdón, de sentido, y uno tiene que aprender y saber que el único modo de calmar el hambre más profunda de nuestra vida, es con el cuerpo y la sangre de Cristo” Y agregó: “Por eso venimos a la Misa, no porque seamos santos, al contrario, nos sentimos necesitados de Dios, y entonces venimos a buscar fuerza, sentido, venimos a buscar un poco de paz. Recordemos siempre cuando nos dicen que la Eucaristía es el remedio para los enfermos y es la fortaleza para los débiles”.

El mandamiento del Amor

“El segundo regalo que nos deja el Señor, es el mandamiento del amor, y el servicio los unos a los otros, y este segundo regalo lo relata el Evangelio. Nos dice el Evangelio que en un momento Jesús, de esa comida, se ata una toalla a la cintura y se pone a lavar los pies a los discípulos” subrayó después.

“Jesús, abraza los pies, tu corazón, abraza tu vida, te está demostrando cuánto te ama. Está diciendo, ´No me importa qué olor tendrán tus pies, no me importa por dónde estuviste, no importa, te amo´. Porque lo que pasa en los pies es reflejo de lo que nos pasa en la vida. La vida también nos duele, la vida también a veces huele mal, también está lastimada, la vida veces nos da vergüenza, a la vida también a veces la tapamos un poco”. 

Para concluir destacó: “Vamos hoy a decirle a Jesús, ´Tenemos hambre de vos, Señor´. Por eso necesitamos del pan de la vida, de la bebida de salvación de tu sangre. Señor, acá estamos con nuestra vida, con confianza, desnudos. Aquí nos presentamos sin vergüenza, abrazando nuestra fragilidad con este gesto del lavatorio de los pies. Comprometiéndonos a ponernos al servicio los unos de los otros y recordando que si Dios lavó tus pies y abrazó tu vida, no te queda más que también abrazar la vida de tantos hermanos con los que nos cruzamos y que necesitan de la misericordia, del perdón y de una caricia de ternura en el alma. Amén”.


Misa de la Cena del Señor en la comunidad San Miguel.

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