El martes 9 de diciembre se realizó la Santa Misa de cierre con la Vicaría de Educación en la parroquia Ntra. Sra. de Monserrat en un clima de comunión. Allí estuvieron presentes directivos de colegios, sacerdotes que acompañan la pastoral y docentes. La Eucaristía fue presidida por Mons. García Cuerva que, destacó: “Con la educación como acto de esperanza, como nos decía el Papa Francisco, nosotros queremos que quienes están muy abajo se pongan de pie y que sean protagonistas de sus vidas”.
Construir equidad y ser instrumentos de paz
“Lo que nosotros hacemos también con la educación es aportar a la equidad, aportar a que haya igualdad de oportunidades para todos, y que no sea solamente una cuestión de suerte, de dónde nací o dónde me crié o a qué colegio fui” subrayó luego y sumó: “Lo que también tratamos es de construir un mundo más fraterno, tender puentes y forjar la cultura del encuentro, de la que también nos habló tanto Francisco”.
También destacó ante los presentes: “En el contexto de una sociedad también tan conflictiva y tan violenta en la que vivimos, ustedes están al pie del cañón enfrentando dificultades y peligros, y también se tienen que transformar, en esos ámbitos tan complejos en instrumentos de paz”. “Quiero agradecer porque con cada acto que han llevado adelante en el proyecto educativo de este año, haciendo que muchos se pongan de pie y no se queden muy abajo”.
Acompañar y exigir
“La buena noticia se vive de manera encarnada, en un tiempo y en una realidad concreta” explicó y destacó: “Y creo que, como educadores, como Arquidiócesis de Buenos Aires, como vicaría de educación, como directivo de instituciones del Arquidiócesis, tenemos que asumir que vivimos un momento histórico. Una vicaría de educación que acompañe, comprenda, pero que también exija. Tenemos que trabajar en conjunto, de manera mancomunada. No hay lugar para fragmentaciones. No hay lugar para que nos cortemos solos. Hay lugar para trabajar en conjunto”.
“Queremos ser educadores con los pies en la tierra, que comprendamos cuál es el momento histórico que estamos viviendo, momento universal, momento nacional, pero también el momento como Arquidiócesis de Buenos Aires. Hoy el Evangelio nos dice que cuando en ese tiempo concreto José, cuando le pidieron el censo, salió de Nazaret y se dirigió a Belén, es decir, José se tuvo que poner en movimiento” dijo a la luz del Evangelio.
Jesús nace en nuestras vidas
“Quería animarlos hoy a que en el pesebre puedan también encontrarse nuestra fragilidad con la fragilidad del niño, como se encontró en Belén, la fragilidad del niño con la fragilidad del pesebre. Es ahí donde el Jesús quiere nacer, en nuestras pobrezas, en nuestras miserias, en lo que nos sale mal, en lo que no sabemos, en lo que nos duele, en lo que nos cuesta, en lo que nos da bronca de nosotros mismos”.
“La pobreza se hace esperanza en el pesebre, en ese pesebre la pobreza tiene sentido. Gracias por animarse a desafiarnos juntos, a vivir este momento histórico que nos toca, con lo bueno y con lo malo, con las complejidades”dijo y concluyó diciendo: “Delante de Él no hay vergüenza, sólo hay confianza en que así como aquel niño que lloraba era el Hijo de Dios que entregó la vida por amor a nosotros, nuestras pobrezas también se transformen, sean acuñadas, sean envueltas en pañales por la Virgen María, y entre todos hacer la revolución de la ternura”.