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Homilía Mons. García Cuerva I Domingo de Cuaresma

por prensa_admin

 Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     4, 1-11

Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre. Y el tentador, acercándose, le dijo: «Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes.»

Jesús le respondió: «Está escrito: «El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios»».

Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo, diciéndole: «Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: «Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra»».

Jesús le respondió: «También está escrito: «No tentarás al Señor, tu Dios»».

El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor, y le dijo: «Te daré todo esto, si te postras para adorarme.»

Jesús le respondió: «Retírate, Satanás, porque está escrito: «Adorarás al Señor, Dios, y a Él solo rendirás culto»».

Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo.

Palabra del Señor.


Homilía Mons. García Cuerva I Domingo de Cuaresma 

En este primer Domingo de Cuaresma el Evangelio según San Mateo nos relata las tentaciones de Jesús. Y creo que hoy también nosotros, a partir del Evangelio, podemos pensar en nuestras propias tentaciones. Por eso es que le pedimos a Jesús, en la oración del Padre Nuestro, que no caigamos en la tentación porque todos experimentamos muchas veces la tentación que está ligada, por supuesto, a la seducción, a cosas que nos atraen pero que en definitiva nos arruinan la vida, que no nos dejan ser felices. 

El papa Francisco siempre nos alertaba que no teníamos que dialogar con el demonio. Y como nos dicen los padres de la Iglesia el demonio es como un perro rabioso encadenado al que no hay que acercarse. Por eso será que siempre nos va a atraer con cosas que nos gustan, siempre nos va a tratar de seducir con algo que me resulte atractivo y que, por supuesto, después nos arruina la vida. Porque el proyecto del demonio es separarnos del proyecto de Dios. Y como lo dice etimológicamente la palabra lo que quiere generar es el demonio, el diablo, es la división. También la división entre nosotros. 

Jesús experimenta tres tentaciones en el Evangelio de hoy. La primera de ellas, le dice el demonio sabiendo que tiene hambre: “Si tú eres Hijo de Dios manda que estas piedras se conviertan en panes”. Y Jesús responde fuertemente con la Palabra de Dios: “Está escrito, el hombre no vive sólo de pan sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. De algún modo lo que Jesús logra es vencer esta tentación de reducir todo a la satisfacción de su propio deseo. Cómo pensar sólo en su propio pan, en su propia hambre y entonces pensando en absoluto piensa solamente en su necesidad y se olvida de los demás. 

Jesús no quiere poner a Dios al servicio de su único interés de manera egoísta, no quiere buscar solamente su propio bienestar y entonces, podemos pensar en la tentación que a veces experimentamos nosotros de pensar en nuestro único pan. En realidad, en definitiva pensar en lo que yo quiero, deseo, necesito, de manera casi egoísta. En un consumismo exacerbado entendiendo que si puedo satisfacer lo que quiero voy a poder realmente ser feliz.

Jesús con este freno que le pone al demonio también entiende que no va hacer de su propio pan algo absoluto. No va a pensar solamente en su necesidad puntual; tiene hambre y entonces se satisface con el pan sino que claramente quiere también pensar que ese consumismo exacerbado, ese que vivimos hoy nosotros, no nos deja ser verdaderamente felices. 

En segundo lugar, Jesús es llevado por el demonio a la Ciudad Santa y lo pone, dice, el tentador en la parte más alta del templo. Aquí también, le va a decir: “Si Tú eres Hijo de Dios tírate abajo” una tentación que tiene que ver con esta tentación de decir: “Dios dará órdenes a sus ángeles y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra” ligada a la desconfianza. Si confías en Dios, tírate, si no confías, no te vas a tirar. Y entonces, creo que también nosotros tenemos que a veces vencer esa tentación, la tentación de desconfiar de Dios y de ponerlo a prueba al Señor y casi, diría, de pedirle al Señor que cumpla todos mis deseos y entonces, si verdaderamente sos Dios que no me pase tal cosa, echándole a Él la culpa de todas las cosas que nos pasan, también de nuestros males. 

Creo que también nos podemos sentir identificados con la tercera tentación, cuando le dice, llevándolo a una montaña muy alta y mostrándole los reinos del mundo: “Te daré todo esto si te postras para adorarme”. La tentación del poder. Creo que esta tentación es grande, y ¿Cuántas veces hay gente que vende su alma por poder? ¡Cuántas veces por tener poder uno termina cayendo en la tentación de la corrupción, en la tentación del narcotráfico, de la tentación del dinero mal habido, en la tentación de la descalificación! Y lo que se dice: “El carpetazo”, con aquél que es mi adversario, de modo de pode lograr el poder a cualquier precio. 

Por eso creo, que también nosotros, así como el Evangelio tiene tres tentaciones con nombre, nosotros también le tenemos que poner nombre a cuáles son nuestras tentaciones. Podríamos decir en fácil, que nos demos cuenta dónde nos aprieta el zapato. Quizá, esté ligado a este consumismo exacerbado y pensar sólo en mi propio interés, hacer de mí necesidad de pan el absoluto. Quizá está ligado a esta desconfianza de Dios, cuando el diablo le dice: “Dios dara órdenes a sus ángeles, entonces, tirate a bajo no te va a pasar nada” o quizá está ligada a al poder y no porque tengamos mucho poder porque seamos un gobernante, a veces está ligado al poder que tengo en el trabajo, en el poder que tengo ligado a mi familia o en los vínculos. 

Creo que también tenemos que ponerle nombre a la tentación para identificarla. Esto me parece que es importante. Y lo otro, con el demonio no hay que dialogar como recordaba el papa Francisco. Fíjense en la primera lectura, Eva, la primera que dialoga con el demonio justamente lo que hace es terminar cayendo en la tentación porque habla con él. Jesús no dialoga , Jesús responde con la Palabra de Dios, solamente en la tercera tentación le responde directamente: “Retírate satanás”. Ahí es donde se lo saca de encima. 

Del mismo modo, también, pensaba que Jesús es tentado con la primera tentación en el desierto, con la segunda es llevado a la Ciudad Santa, a la parte más alta del templo. Con la tercera fue llevado a una montaña muy alta. En tres lugares distintos el demonio lo llevó y es tentado. A veces, tenemos que pensar que en distintas circunstancias de la vida podemos ser seducidos, en distintas instancias de la vida pueden aparecer estas propuestas facilistas. Le pedimos hoy a Dios todos juntos entonces que no nos deje caer en la tentación de los atajos, en la tentación de aceptar siempre la propuesta más fácil, en la tentación de caer en el egoísmo y pensar solamente en mi propia necesidad, en la tentación del vivir el “Sálvense quien pueda”, en la tentación del creer que por tener somos, en la tentación de creer que podemos ser felices alejándonos del proyecto de Dios. 

Termina el Evangelio de hoy diciendo que: “Al final el demonio lo dejó y unos ángeles se acercaron para servirlo”. Creo que también nosotros tenemos que agradecer en esta Misa por quienes en nuestra vida han hecho de ángeles. De ángeles que en momentos de tentación, en momentos en el que estamos apartándonos del camino, en momentos en que no estamos haciendo las cosas bien, se acercan, nos acompañan, nos sostienen. También nosotros tenemos que hoy dar gracias por esas personas. Una de las cosas que seguramente quiere el demonio es nuestra propia vida es que nos separemos de los demás y que nos separemos de Dios. Demos gracias entonces por las veces en que algunas personas hicieron de ángeles y lograron que no nos alejemos del camino, en todo caso, que volvamos al camino del Señor. 

Todos experimentamos tentaciones, es bueno ponerle nombre, saber dónde me aprieta el zapato. Quizá releyendo el Evangelio de hoy pensar si mi tentación está ligada al egoísmo y pensar en mí mismo, está ligada a desconfiar del Señor y ponerlo a prueba, está ligada al poder o quizá a otra cosa. Puede ser también. Lo importante es no dialogar con él, imaginarnos que es como un perro rabioso encadenado que me va a querer seducir y, por lo tanto, igual que Jesús hoy le decimos: “Retírate satanás” Y le pedimos a Dios que nos siga enviando ángeles, personas que nos sostienen para no apartarnos del camino del Señor. Amén. 

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