Portada » Homilía Mons. García Cuerva XII Domingo de Tiempo Ordinario

Homilía Mons. García Cuerva XII Domingo de Tiempo Ordinario

por prensa_admin

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     10, 26-33

    Jesús dijo a sus apóstoles:

    No teman a los hombres. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas.

    No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo al infierno.

    ¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre de ustedes que está en el cielo. También ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros.

    Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo los reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres.

Palabra del Señor.


Homilía Mons. García Cuerva XII Domingo de Tiempo Ordinario 

En el Evangelio de hoy, Jesús, en tres ocasiones, nos dice: “No teman”. Y es una de las expresiones que Jesús más repite en los evangelios. De hecho, leyendo los cuatro evangelios, el “No teman de Jesús” aparece doce veces en total. Y creo que está bueno, entonces, pensar, en primer lugar, ¿A qué refiere el temor? 

El temor, tal cual lo dice un diccionario, es un “Sentimiento de inquietud, de rechazo o de alerta frente a algo que se percibe como peligroso, que no ha ocurrido aún, o que es todavía imaginario”. Repito entonces un “Sentimiento de inquietud, de rechazo o de alerta frente a algo que se torna peligroso y que no ha ocurrido aún o es imaginario”.

Y la diferencia que dicen los que saben de estos conceptos con el miedo, es que, en realidad, el miedo también es una reacción básica, inmediata, pero ante un peligro real. Es decir, la diferencia entre temor y miedo es que el miedo es una reacción frente a algo real, por ejemplo, un perro que me está por morder, mientras que el temor tiene que ver con algo que aún no sucedió o que es imaginario. 

Y por eso podemos pensar ¿Cuáles son nuestros temores? Los temores que podemos tener en el mundo actual a perder prestigio, a perder seguridades, a perder comodidad o a perder bienestar. Podemos también pensar en otro tipo de temores ligados a lo afectivo, y entonces tenemos temor a quedarnos solos, temor a no tener personas que nos quieran, temor a perder amistades o afectos que nos sostienen. También, en el mundo actual tan ligado a la imagen, podemos tener temor al ridículo. Podemos también tener temor al enfrentarnos al mañana, porque tenemos un futuro incierto. 

Creo que, entonces, es interesante pensar el temor como esta reacción frente a cuestiones que todavía no han ocurrido, que son imaginarias, pero que, sin embargo, nos afectan. Nos afectan y hacen que muchas veces estemos viviendo a merced de nuestros temores o a merced de nuestros miedos. Al mismo tiempo, también tenemos a veces temor a las críticas, a los comentarios, a los rechazos, al rechazo que podamos provocar con los demás. De algún modo, me parece que hoy una figura importante frente a todo este tema de los temores y de los miedos sin lugar a dudas es el profeta Jeremías en la primera lectura. 

Dice que oye rumores que dicen “Terror por todas partes”, “Denúncielo”, “Sí, lo denunciaremos”. Se siente incluso traicionado por sus propios amigos. Y uno dice, ¿Cómo frente a todos estos peligros incipientes? ¿Cómo ante todo esto que parece que se viene en contra de Jeremías todavía puede sostenerse? Y de repente dice en un momento: “El Señor está conmigo como un guerrero temible”. “El Señor está conmigo como un guerrero temible”.

Parecería que el antídoto, frente a los miedos, frente a los temores, quien nos sostiene en esos momentos difíciles, sin lugar a dudas, es la confianza que tengamos en Dios. Por eso, en primer lugar, quería proponerles que podamos escuchar y que pueda resonar en nuestro propio corazón este “No tema de Jesús”, y que podamos distinguir cuáles son verdaderamente temores en nuestra vida y cuáles son miedos.

Y que podamos, entonces, escuchando de Jesús él: “No temas”. Tener esta profunda confianza en Dios como la que tiene Jeremías, que se siente amenazado, que se siente perseguido, sin embargo, es capaz de seguir adelante con su misión profética, de anunciar la buena noticia y de denunciar las injusticias. Es, sin lugar a dudas, la confianza en Dios. 

El Papa Francisco también propone frente a los miedos, frente a los temores, por un lado, la memoria. Diciendo el Papa, “Recordemos cada uno en la propia vida momentos difíciles que hemos vivido, y cómo los hemos podido transitar y superar de la mano de Dios y de la mano de la gente que nos quiere y nos sostiene. Hacer memoria de esos momentos difíciles y cómo salimos es un modo también de vencer los temores y los miedos”.

Y el otro recurso que presenta el papa Francisco es la oración, sin lugar a dudas. El poder rezar, el poder ponernos delante de Dios y poder ponerle nombre a nuestros temores, poder ponerle nombre a nuestros miedos. Sin lugar a dudas, esto creo que es fundamental. Pensaba también que nosotros, igual que el profeta Jeremías, también tenemos que ser testigos de la buena noticia. Y, claro, convendría no hablar para no recibir críticas, convendría no decir nada para pasar desapercibidos, convendría no exponernos, pero eso no sería cumplir con la misión que Dios nos propone.

Por eso, creo que tenemos que pedirle también al Espíritu Santo el don de la audacia, que podamos seguir animándonos a poner en palabras el mensaje del Evangelio y ponerlo en gestos. Sin lugar a dudas, habrá muchos que aprovechen para incentivar los miedos, incentivar los temores, para que seamos una Iglesia silenciada, para que cada uno de nosotros no cumpla su misión de bautizados, para ser uno más del montón, para no decir o no señalar nada. Pero no estaríamos cumpliendo, insisto, con nuestra misión. 

Es hermoso, me parece, pensar, como nos dice el Evangelio de hoy, que valemos mucho a los ojos de Dios, y por eso tenemos que tener confianza en Él. Nos dice que valemos más que un par de pájaros, valemos mucho más que cualquier otra criatura, y que están contados hasta nuestros cabellos. Es como que Jesús, de una y mil maneras, nos quiere decir que `No están solos, tranquilos´. Sé de sus temores, sé de sus miedos. Sé que no es fácil, no les fue fácil a Jeremías, no les es fácil a ustedes, pero no están solos. 

Hoy celebramos también el día del padre, y pensaba en una imagen muy bonita que puede expresar esta confianza en Dios, este antídoto frente a los temores y los miedos. Es esta imagen cuando nuestros padres, si hemos tenido la oportunidad y la gracia de tenerlos, o también verlo en alguna persona adulta que con su hijo lo hace tirando para arriba, ¿no? Lo alza y lo arroja hacia arriba, y el niño se ríe porque sabe que inmediatamente arda unos brazos que lo volverán a contener, que lo volverán a sostener.

Me acuerdo cuando lo veo a mis hermanos o mi padre lo mismo ha hecho con nosotros, esto de tirarnos hacia arriba, inmediatamente nos vuelve a agarrar y nosotros reírnos, porque el niño confía en los brazos del padre, el niño tiene la certeza que el padre no se va a correr, el niño sabe que aunque se le haga un nudo en el estómago cuando lo tiran para arriba, habrá unos brazos que lo van a sostener y que lo van a volver a recibir. Esa imagen paterna es, creo, la mejor imagen que expresa la confianza que tenemos en Dios, para que frente a los temores, frente a los miedos, podamos tener también la certeza de que para Dios somos importantes y no nos abandona. 

Termino con una oración que se le atribuye popularmente a Santa Teresa de Calcuta, y que habla de los padres, y me parece que hoy, entonces, como imagen de confianza en Dios, podemos tomarla para rezar por todos los padres, y para que esa confianza en el Señor nos ayude a vencer todos los miedos.

“Enseñarás a volar,

pero no volarán tu vuelo.

Enseñarás a soñar,

pero no soñarán tu sueño.

Enseñarás a vivir,

pero no vivirán tu vida.

Sin embargo…

en cada vuelo,

en cada vida,

en cada sueño,

perdurará siempre la huella

del camino enseñado”. 

Creo que es lo que cada uno de nosotros hoy puede reconocer de lo que nuestros padres han hecho en cada uno de nosotros. Que Dios los bendiga a los papás, y que a cada uno de nosotros, que muchas veces estamos hundidos por los miedos, podamos salir de ese laberinto de los miedos con la confianza en Dios. Y, como agregaba el Papa Francisco, con la memoria de que cada uno también pudo rescatarse y transitar momentos difíciles, y con la oración pidiéndole al Espíritu Santo el don de la audacia, de la valentía que quieren tener los cristianos para seguir anunciando el Evangelio. Amén.

 

Banner antes del título

También te interesará

Dejar comentario

Holaaaaa