Más de 300 adolescentes y jóvenes se reunieron para celebrar la vigilia del Buen Pastor y rezar por las vocaciones de la Arquidiócesis de Buenos Aires.
Bajo el lema «Queremos ver a Jesús» la pastoral Vocacional invitó a compartir este espacio en el colegio Benito Nazar, para compartir testimonios de diferentes vocaciones, música y una adoración eucarística junto al Arzobispo Jorge García Cuerva.
Un llamado particular
El Evangelio de Zaqueo, a quien Jesús pide alojarse en su casa, guió el encuentro, recordando que cuando uno quiere ver a Jesús, él ya nos esperaba desde antes.
Nano, sacerdote recientemente ordenado; Aldana y Juan Cruz, matrimonio hace casi medio año; y Nancy, hermana misionera Sierva del Espíritu Santo, compartieron sus testimonios al sentir el llamado de Dios. Cada uno recordó un rostro, una persona, una experiencia, una palabra qué encendió la pregunta en su interior: «¿A qué me llama Dios?«. También llegaron las dudas, los miedos, la incertidumbre; pero el llamado de Dios se había instalado como un deseo fuerte y poderoso en el corazón de cada uno, un anhelo que era necesario responder.
Unos desde la imaginación, otros desde la comunidad, o incluso desde las propias debilidades; Nano, Aldi, Juan y Nancy compartieron como la imagen de Jesús había madurado con el pasar de los años. Y cómo el compartir la vida con Él en los más vulnerables, en la familia y amigos, en la misión, en la oración y en otras vocaciones a su alrededor, había hecho crecer su vínculo.
Mano a mano con Jesús
El Arzobispo expuso el Santísimo y todos los jóvenes, en un profundo silencio, tuvieron un mano a mano con Jesús, una oportunidad para adentrarse en ese llamado vocacional. «La vocación es un regalo, un llamado a la felicidad. Nace en lo profundo del corazón, en el silencio de la oración. Jesús nos atrae con su belleza y nos invita a seguirlo», rezaba la reflexión al inicio de la adoración.
«Jesús nos vio primero, nos conoce por nuestro nombre, no se escandaliza por nuestra historia y quiere entrar a nuestra casa hoy, en este momento, sin importar si está limpio, ordenado. Él vino a buscar y salvar lo que estaba perdido, como muchas veces nos sentimos nosotros», decía también la reflexión.
Un Dios que nos ama
Al finalizar la adoración el arzobispo exhortó a los jóvenes a animarse a preguntarse por su vocación. «Jesús te ama como sos, pero te quiere mejor«, y continuó: «No podemos perder las ganas de conocerlo cada día más. No dudes de que quiere que seas feliz, de que quiere lo mejor para cada uno».
Al referirse al llamado particular de la vocación, aseguró: «Jesús nos llama a todos a la felicidad. Pero a algunos los llama a ser felices como curas, anunciando, estando con la gente. A otros como religiosos felices apostando por vivir al modo de Jesús. Y a otros los llama a ser felices en el matrimonio, a ese amor sin explicación por otra persona, a compartir, a entregarse al otro y a la familia».
Con tres verbos, dio las pistas para el discernimiento: «Detenerse, parar la pelota y mirar con quién hacer la jugada, frenar y preguntarse qué hacer de la vida, rezar. Escuchar, escuchar el corazón donde Jesús vive, porque Él está en lo profundo del corazón, no está afuera; y escuchar a la gente que nos quiere, siempre va a ahber alguien con la palabra justa. Y por último, confiar, en algún momento hay que tirarse a la pileta, pero en la pileta de Dios siempre hay agua y Él es el mejor guardavidas», concluyó el Arzobispo.